En el capítulo anterior dije que las grandes transformaciones que ha sufrido nuestro mundo en las últimas décadas se derivan —en su mayor parte— de tres procesos independientes que tuvieron lugar en el primer cuarto de siglo: el deshielo del Ártico, el ciberactivismo y la «Gran Recesión».

Y si aquel estuvo dedicado a analizar el primero, este capítulo y los que le siguen se centrarán en los otros dos: el ciberactivismo y la «Gran Recesión».

Estos dos factores están íntimamente relacionados, pero para mostrar por qué, primero debo explicar a qué se refiere cada uno de ellos.

 

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Fotografía realizada por GoaShape y publicada en Unsplash.

 

02.1_ Nivelando el terreno

Aunque internet, como fenómeno global, surgió en 1995 y la principal red social anterior al Colapso fue fundada en 2003, hubo que esperar hasta finales de aquella década para que los usuarios tomaran conciencia de su valor político.

Hasta entonces, la red había sido usada por los movimientos activistas como un medio barato de promoción o, a lo sumo, como una herramienta para coordinar sus acciones en el mundo real. Algunas ONG la utilizaron también como plataforma, para denunciar violaciones de derechos humanos o abusos de poder por parte de ciertos Estados, pero ninguno de estos colectivos pensó en la red como su ámbito de acción.

Cuando el ciberactivismo al fin cuajó, no fue debido una acción premeditada; o, mejor dicho, no se debió a una decisión estratégica, sino a un proceso de apropiación natural. Las redes sociales no fueron diseñadas originalmente con fines políticos. Eran herramientas de interacción entre grupos de afinidad (como lo son hoy en día), pero como cualquier herramienta de comunicación (a menos que sea censurada) terminó albergando intercambios sobre opiniones políticas.

 

02.2_ Redes sociales y política

La primera prueba fehaciente de su poder se produjo en las elecciones primarias y presidenciales de Estados Unidos (de 2007 y 2008) en las que un más que improbable candidato Demócrata le ganó las primarias a la que, en un principio, todos daban por segura triunfadora. Y lo más interesante fue que, acto seguido, también ganó las presidenciales.

Decenas de artículos analizaron el fenómeno y casi todos coincidieron en señalar dos factores como sus principales detonantes: el mensaje del candidato, que resultaba particularmente inspirador y entusiasta, y su brillante manejo de internet y las redes sociales.

A partir de entonces, la red dejó de ser un escaparate de propaganda política para convertirse en un medio activo de participación ciudadana.

Claro que seguimos hablando de política convencional: es decir, de una democracia representativa en la que el ciudadano elige a un candidato para que decida por él; sin embargo, en los años siguientes, el ciberactivismo (lo que después fue llamado «ciberactivismo») dio un paso más: los ciudadanos empezaron a utilizar las redes sociales para organizarse políticamente, al margen de partidos, sindicatos u otro tipo de instituciones.

 

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Fotografía realizada por Anna Dziubinska y publicada en Unsplash.

 

02.3_ La Revolución Verde

Para sorpresa de muchos, los primeros conatos de ciberactivismo no tuvieron lugar en países occidentales. La primera materialización importante de este fenómeno se produjo en Irán, en 2009. Tras las elecciones presidenciales de junio de ese año — ganadas por amplia mayoría por el candidato oficialista—, el candidato opositor expuso abiertamente sus sospechas de fraude, lo que lanzó a la calle a gran parte de la juventud iraní.

Las protestas que se produjeron en los días siguientes, tanto en Teherán como en decenas de ciudades en el resto del mundo, fueron conocidas como la Revolución Verde; sin embargo, muchos analistas las llamaron la «Revolución Facebook/Twitter», por los nombres de las dos redes sociales más importantes de la época.

Lo cierto es que la contundencia y velocidad con que fue convocada hubiera sido imposible sin las redes sociales. Prueba de ello es que, desde el primer día, el gobierno las bloqueó en todo su territorio.

Llegado a este punto, conviene hacer un breve inciso para diferenciar el «ciberactivismo» (del que venimos hablando hasta ahora) del «hackivismo» (el otro tipo de activismo digital). Mientras que el ciberactivismo emplea la red como herramienta de organización y debate, el hacktivismo la emplean para atacar a sus adversarios. Vale aclarar también que ambos términos fueron acuñados con posterioridad a la Revolución Verde. Sin embargo, el tipo de actividad que definen surgió, precisamente, en ese momento.

Existen pruebas más que fundadas de que en la revuelta no solo participaron ciberactivistas. Al tiempo que lo jóvenes se manifestaban en Teherán, hacktivistas extranjeros realizaron ataques DDOS contra los proveedores de servicios web de Irán.

El ataque DDOS era una técnica de hackeo anterior a los ordenadores cuánticos.  Consistía en saturar el ancho de banda de un servicio para que este le denegara el acceso a sus usuarios habituales.

En el caso de los ataques a los proveedores de Irán, la intención de los hacktivistas fue impedir que el gobierno accediera a internet. Sin embargo, a quienes terminó perjudicando fue a los propios manifestantes, que seguían intentándose coordinar a través de la red.

Debido a estos factores, la revuelta iraní de 2009 no fructificó, pero incluso así, fue el prólogo de la revolución que incendió el norte de África un año y medio después.

 

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Fotografía realizada por José Martín Ramírez C y publicada en Unsplash.

 

02.4_ La Primavera Árabe

Los historiadores suelen fechar el inicio de la Primavera Árabe el 17 de diciembre de 2010, el día en el que un joven tunecino se incendió a lo bonzo frente a las dependencias gubernamentales de su ciudad. Protestaba por la expropiación de su puesto de frutas; ¿quién podría haber imaginado aquel día que un detonante tan específico iba encender la revolución?

Tres semanas después —cuando el joven murió a consecuencia de las quemaduras—, la población de Túnez ya había salido a las calles. Y no solo a protestar por lo ocurrido, sino contra el resto de injusticias del régimen de Ben Ali, el dictador que gobernaba el país desde hacía veinticuatro años.

Protestaban por el aumento de precio de los alimentos, por la corrupción del Estado, por la ausencia de democracia y, muy especialmente, por la falta de perspectivas para los jóvenes…, que fueron quienes en mayor medida secundaron las protestas.

En las primeras jornadas, sus manifestaciones pacíficas fueron reprimidas con ferocidad. Sin embargo, conforme pasaban los días, las imágenes de las cargas policiales adquirieron tal notoriedad que, a mediados de enero de 2011, Ben Ali no tuvo más remedio que escapar de Túnez y exiliarse en Arabia Saudí.

Pero si he hablado de estas revueltas es porque internet y las redes sociales jugaron un papel fundamental como herramienta de convocatoria y coordinación. La espontaneidad de su origen, su rápida escalada o la ausencia de un liderazgo visible son características típicas del ciberactivismo, y en el caso de la revolución tunecina, los tres fenómenos fueron evidentes.

Una vez más, al tiempo que ocurría todo esto, hacktivistas extranjeros atacaron las paginas oficiales el gobierno de Ben Ali en la llamada «Operación Túnez».

 

02.5_ Ciberactivistas locales, hacktivistas extranjeros

Si bien es verdad que en todas las revueltas de la Primavera Árabe los ataques hacktivistas se efectuaron desde el extranjero, también es cierto que los ciberactivistas locales tuvieron que emplear algunos de sus métodos en defensa propia. En ese sentido, el caso de Egipto es paradigmático.

Como efecto contagio de lo ocurrido en Túnez, a finales de enero de 2011 comenzaron a producirse manifestaciones pacíficas y multitudinarias por todo aquel país. Las movilizaciones llegaron a ser tan masivas que el gobierno —consciente de que las nuevas tecnologías estaban siendo utilizadas para organizarse en su contra— cortó de forma abrupta el acceso a internet y a la telefonía móvil.

Lo interesante fue que, en lugar de amedrentarse, los egipcios recurrieron a métodos hacker y a tecnologías más antiguas para seguir protestando (al tiempo que hacktivistas del resto del mundo hacían lo posible por romper el bloqueo).

Al final, los intentos del régimen provocaron un efecto rebote que culminó a mediados de febrero con la dimisión de Mubarak: un dictador al que, durante décadas, los europeos habíamos llamado «presidente». Por desgracia, en los años que siguieron a aquella movilización, la integridad democrática de los sucesivos gobernantes continuó dejando mucho que desear…

 

02.6_ Primavera con una esquina rota

Las revueltas se expandieron por los países de la zona con mayor o menor fuerza y de forma más o menos pacífica. Y en al menos dos ocasiones desembocaron en conflictos armados.

El primero tuvo lugar en Libia. El régimen de Muammar Gaddafi cayó en octubre de ese año tras una cruenta guerra civil tutelada por fuerzas de la OTAN. Sin embargo, en los años posteriores, el país debió enfrentarse paralelamente al riesgo de fragmentación interna, a la amenaza yihadista y a la posibilidad de volver a caer en una dictadura. Lo que derivó en una década de conflictos armados, con bandos que mutaban mientras la violencia se mantenía constante.

Con todo, el mayor fracaso de esa tendencia democratizadora tuvo lugar en Siria. La falta de apoyo occidental a las revueltas civiles contra el régimen de Bashar al-Asad derivó en una crisis humanitaria y un vacío político del que se aprovechó DAESH, una organización integrista proveniente de Irak, para hacerse con amplias zonas de su territorio. Atrapados entre los ataques de las fuerzas del régimen y las de DAESH, millones de personas huyeron hacia Europa, generando la mayor crisis de refugiados del continente desde la Segunda Guerra Mundial.

La forma en que la Unión Europea gestionó el problema fue nefasta…, pero ya hablaremos de eso más adelante. Lo que nos interesa ahora es la evolución del ciberactivismo. Y para entender sus pasos siguientes, es necesario que explique primero del contexto en el que tuvo lugar.

Lo que nos lleva al tercer elemento clave de principios de siglo.

 

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Fotografía realizada por mauro mora y publicada en Unsplash.

 

02.7_ La Gran Recesión

A mediados de 2007 —debido a la ingente especulación financiera y la escasa regulación de los mercados—, estalló una crisis económica de la que no se logró salir hasta finales de la década siguiente.

Durante esos años, en la mayoría de los países occidentales se produjo un fuerte recorte de lo que entonces se denominaba «Estado de bienestar» y que, en la práctica, era el conjunto de derechos sociales conquistados en el siglo anterior.

 

02.8_ La Revolución Islandesa

Uno de los primeros países en sufrir los efectos de esa crisis fue Islandia. En 2008, su sistema económico colapsó, lo que dio lugar a una durísima recesión. Pero entonces sucedió algo extraordinario. La indignación de los islandeses ante sus gobernantes y banqueros, derivó en un movimiento de organización civil conocido como la «Revolución Islandesa». A través de una serie de movilizaciones y actos de resistencia pacífica, los ciudadanos islandeses no solo consiguieron adelantar sus elecciones parlamentarias, sino que llevaron a juicio a su anterior Primer Ministro y hasta lograron constituir un parlamento popular que, entre 2010 y 2011, desarrolló el borrador de una reforma constitucional.

Los ciudadanos estaban asumiendo el control del gobierno en un país que, a finales de la primera década del siglo, estaba tercero en la lista de los más desarrollados.

 

02.9_ Cuando lo cuantitativo pasa a ser cualitativo

Cabría preguntarse por qué el ejemplo islandés no fue exportado (al menos) a otros países occidentales. Y la respuesta debemos buscarla en su número da habitantes.

En 2008, el número total de habitantes de Islandia era de trecientos treinta mil, mientras que la población de España —el país al que pertenecía Madrid antes de formar parte de la Alianza— superaba los cuarenta y cinco millones.

Ante semejante diferencia demográfica, la trasposición de los métodos islandeses dejaba de ser un problema cuantitativo para convertirse en cualitativo. Debía hallarse un método distinto para arribar a los mismos resultados. Y fue allí donde entró en juego el ciberactivismo.

A principios de la década del 10, las redes sociales ya habían transformado radicalmente las formas de relacionarse. Y la presión de la crisis, que se cebó especialmente con los jóvenes, ayudó a generar el ambiente propicio para que surgiera la indignación. La misma indignación que había sublevado a los islandeses, o a los países del Magreb.

No es casual que su primera expresión se diera en España, un país que, por entonces, padecía una tasa de desempleo juvenil que rondaba el cincuenta por ciento. La falta de perspectivas de los jóvenes fue el denominador común entre los movimientos de resistencia pacífica en Europa y Estados Unidos, y las revueltas de la Primavera Árabe.

 

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Fotografía realizada por Vlad Tchompalov y publicada en Unsplash.

 

02.10_ 15-M

Al margen de su imprecisión (de su condición de tanteo), podría decirse que el movimiento 15-M fue el primer intento deliberado de desarrollar una democracia directa basada en las redes sociales y ejercida por la sociedad civil.

Y aunque entre mediados de mayo y mediados de junio de 2011, centenares de personas acamparon en la Puerta del Sol y en las plazas de otras decenas de ciudades, sus principales avances se produjeron después.

En los años siguientes, la coordinación de recogidas de firmas, protestas y movilizaciones a través de las redes sociales se volvió tan habitual que dejó de sorprender, pero lo cierto es que se estaba gestando una revolución silenciosa. Por primera vez era la sociedad civil, sin necesidad de intermediarios, la que se estaba organizando para defender sus derechos.

Entre 2014 y 2015, muchos de esos movimientos se institucionalizaron en  un partido político. Un partido que en las siguientes dos elecciones obtuvo una representación importante. Sin embargo, su estructura seguía basándose en la democracia representativa y no en la directa —que es la esencia del ciberactivismo— por lo que, poco después, los movimientos civiles empezaron se distanciarse.

 

02.11_ Movilización global

Es importante aclarar que el movimiento asambleario no se limitó a España. De hecho, en 2011 logró extenderse por Europa con el movimiento «Indignados» y por Estados Unidos con las acampadas «Occupy», cuyo principal exponente fue Occupy Wall Street.

Con todo, la muestra más notoria de las potencialidades de la nueva democracia no fueron esas protestas locales, sino una marcha global que rápidamente cayó en el olvido: el 15 de octubre de 2011 se coordinaron movilizaciones masivas en novecientas quince ciudades de todo el mundo, desde América a Asia, desde África a Europa. Y todas centradas el mismo objetivo: unir a la sociedad civil en una protesta pacífica, a escala global, para exigir una democracia directa.

Fue la primera vez que se expusieron, explícitamente y a nivel planetario, los objetivos que guiarían la «Red de Empoderamiento Ciudadano», surgida a finales de la década del 10, pero materializada a principios de la siguiente.

La Red de Empoderamiento Ciudadano (o simplemente REC) fue la herramienta más poderosa del ciberactivismo. La que nos permitió rozar, por unos años, la democracia directa.

Pero del modo en que llegamos a ella hablaremos en el siguiente capítulo.

 

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Fotografía realizada por Mike Wilson y publicada en Unsplash.

 

 

NOTA: La foto de cabecera pertenece a Jerry Kiesewetter y ha sido publicada en Unsplash.

 

 

 

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