Al final del capítulo anterior dije que a continuación hablaría de la Red de Empoderamiento Ciudadano (más conocida en nuestro territorio como REC, o «Movimiento Milenarista»). Sin embargo, para explicar su origen es necesario hablar primero del contexto en que se produjo. O, dicho de otra forma: es necesario hablar primero de la «Gran Recesión» y del cambio de paradigma económico que tuvo lugar durante la misma.

Y si bien la «Gran Recesión» fue definida como tal al tiempo que se producía (lo que permitió que se la documentara), el cambio de paradigma económico solo fue reconocible tras el Colapso. Por lo tanto, para explicar su interrelación, en este capítulo me centraré en ambos fenómenos, y dejaré para el siguiente su crucial influencia en los orígenes de la REC.

 

burbujas 2
Fotografía realizada por Marc Sendra Martorell y publicada en Unsplash.

 

03.1_ Ciclos económicos

Desde su origen, el capitalismo ha estado marcado por ciclos económicos descritos, generalmente, como ondas sinusoidales: a toda cresta (es decir, a todo período de crecimiento) le sigue un valle (es decir, un período de recesión).

Es importante subrayar que el símil no es inocente: vincular la economía a un proceso físico le brinda un aire de inevitabilidad que, a efectos de su análisis histórico, es cuando menos tendencioso.

Hecha esa salvedad, digamos que, en teoría, los «ciclos» dependen de la divergencia entre el valor real de cierto producto y su valor de mercado. Dado que el mercado se autorregula, cuando la diferencia entre uno y otro es desmesurada, el mercado se encarga de ponerlo en su sitio…

Claro que cabría preguntarse, ¿cómo admite «el mercado» (si supuestamente se autorregula) que se llegue a esa diferencia «desmesurada»?

En teoría esa desmesura se debe a la «subjetividad». Pero no a la subjetividad de una persona, sino a la de toda una sociedad.

En teoría las sociedades tienden a olvidarse de los ciclos económicos y a creer que el valor de ciertos bienes puede crecer eternamente… En la práctica (por lo general) los mismos que poseen los bienes a valorar, poseen las herramientas para determinar su valor.

 

03.2_ Burbujas

Antes del Colapso, a ese crecimiento desmesurado se lo denominaba «burbuja»; esta vez sí, un símil muy preciso. Al pensar en una burbuja uno comprende que, bajo una fina capa de materia (el valor real), se esconde una inmensa masa de aire (o de «humo», como solía decirse entonces). Obviamente, cuanto mayor es una burbuja, más posibilidades tiene de explotar. Y la burbuja de principios de siglo era enorme.

El hecho de que un producto (incluso un sector entero) estuviese sobrevalorado, no hubiese supuesto un grave problema si toda la economía de esa sociedad no se hubiese sustentado en él. Pero mientras las burbujas crecían (y la gente creía que eran sólidas) las sociedades que las generaban tendían a usarlas de motor para el resto de su economía.

Esa interdependencia fue la que convirtió los «períodos de recesión» teóricos en crisis estructurales.

 

burbujas 3
Fotografía realizada por Markus Spiske y publicada en Unsplash.

 

03.3_ Factores diferenciales de la Gran Recesión

La Gran Recesión —cuyo inicio suele ubicarse en 2008— se diferencia de las anteriores en dos aspectos esenciales.

En primer lugar, los mismos estamentos que provocaron la crisis la aprovecharon para gestionar cambios estructurales acordes a sus intereses.

Este factor, por sí solo, no debería sorprendernos: es habitual que el poder económico le marque la senda del poder político. Lo extraño es que le haya resultado tan simple convertir su receta en pensamiento único. (Recordemos que, en la década del diez, la información independiente seguía existiendo).

Podría decirse que aquellas medidas fueron la primera muestra del poder fáctico de los mercados; años antes de que se hiciera explícito en el Foro de Davos de 2018.

 

03.4_ Los «mercados»

Antes de seguir, conviene detenerse un segundo para precisar dicho término.

Soy consciente de que utilizar la palabra «mercados» para referirse al poder económico suele asociarse a las teorías de la conspiración. Ya entonces se decía que señalar a los «mercados» como responsables de lo ocurrido —sin dar nombres ni datos concretos— era una simplificación infantil. Y hasta cierto punto lo era porque, a principios de siglo, los intereses económicos todavía no se habían organizado en una entidad semejante a la Alianza.

En aquel entonces, los mercados eran una multiplicidad; una aglomeración de intereses expresada en multitud de organizaciones y rostros. Lo cual no significa que algunos de esos intereses no fueran comunes. Grupos de presión, comités de expertos, consejos asesores, think tanks no eran más que herramientas para alcanzar un mismo objetivo: que las políticas de los Estados en los que actuaban les fueran beneficiosas.

Hoy no cabe duda de que fueron esos lobbies, junto a las agencias de calificación de riesgo y los teóricos de la Escuela de Chicago, los que arrastraron al mundo a la Gran Recesión; sin embargo, lejos de ser penalizados, siguieron siendo ellos quienes marcaron las políticas durante la crisis. Y no me refiero a políticas menores, me refiero a un gran cambio estructural.

En su momento, mientras se estaba produciendo, lo único que se pudo constatar fueron sus efectos. Los ciudadanos vivieron cada recorte de derechos como algo coyuntural, independiente. Solo la perspectiva de los años nos ha permitido comprender que, en conjunto, esas políticas puntuales respondían a un interés mayor.

Lo que voy a explicar a continuación es el motivo de ese cambio, un motivo que nada tiene que ver los que se esgrimieron entonces.

 

burbujas 4
Fotografía realizada por Joshua Reddekopp y publicada en Unsplash.

 

03.5_ Mercados y cambio climático

Por mucho que hayan subsidiado a decenas de lobbies y grupos negacionistas para obstruir cualquier endurecimiento de las políticas medioambientales; por mucho que la Organización Mundial del Comercio haya frenado todo intento de relocalización productiva; lo cierto es que a principios de la década del diez los mercados ya eran conscientes de la escasez de recursos naturales y de los estragos que podían derivarse, a medio plazo, del cambio climático. El tiempo del crecimiento ilimitado había concluido, así que aprovecharon la crisis para modificar, en su propio beneficio, las reglas de distribución.

Dicho de otro modo. De cara a la opinión pública, los mercados menospreciaban el cambio climático. La mayor parte de sus políticas anteponían (y seguirían anteponiendo durante años) el interés económico a la conservación ambiental.

En la década del diez se celebraron más de veinte conferencias y foros internacionales relacionados con el cambio climático. Sin embargo, lo más lejos que se llegó fue al Acuerdo de París, de diciembre de 2015, en el que, si bien se reconocía la necesidad de mantener el aumento de la temperatura media del planeta por debajo de los dos grados centígrados, no se estipuló ninguna exigencia concreta para llevarlo a cabo.

Visto desde 2084, el Acuerdo de París parece una broma de mal gusto. Sin embargo, en su momento fue un avance. Fue la primera vez que, en una Cumbre Internacional, los líderes políticos admitían la existencia del problema…

Claro que también debo decir que no pasó ni un año y medio antes de que Estados Unidos (uno de los dos países más contaminantes de entonces) saliera del acuerdo.

Como expliqué en el primer capítulo, el único asunto relacionado con el clima que se resolvió de forma inmediata fue el conflicto limítrofe que dio origen a la Alianza, y no precisamente por urgencias medioambientales…

Ahora bien (y esto es lo que me interesa recalcar), una cosa es que los mercados le restaran importancia al cambio climático y otra muy distinta que no los tuvieran en cuenta.

 

03.6_ Factor de consumo

Para explicar las razones de dicha preocupación es necesario introducir un concepto que se venía barajando desde principios de siglo.

El «factor de consumo» es una relación que parte de medir la diferencia entre el consumo de materias primas de los países más ricos y los más pobres. Si el consumo de los más pobres correspondía a uno, en aquel entonces el de los más ricos correspondía a treinta y dos. Eso quería decir, básicamente, que un ciudadano promedio de los países ricos consumía treinta y dos veces más materias primas que uno de los países pobres.

Ahora bien, hay un dato interesante relacionado con esto: solo un quince por ciento de la población mundial poseía un factor de consumo de treinta y dos: si el cien por ciento hubiese llegado a esa cifra, el planeta no habría dado abasto para satisfacer sus necesidades.

Esa era la situación a principios de siglo; antes de la Década Oscura y el Colapso. Y para colmo el desarrollo mundial estaba creando una ingente clase media; la misma clase media que, desde mediados del siglo anterior, había dinamizado la economía a través del consumo.

 

burbujas 5
Fotografía realizada por Markus Spiske y publicada en Unsplash.

 

03.7_ Cambio de paradigma

Debido a lo expuesto en el apartado anterior, a principios de siglo los mercados comprendieron que, si la clase media seguía consumiendo al mismo nivel que hasta entonces, los recursos naturales no serían suficientes para satisfacer sus necesidades (es decir, las necesidades de las clases dirigentes).

Por entonces el dos por ciento de la población mundial poseía la mitad de la riqueza del planeta. Y por «poseer» me refiero a que era suya. ¿Cómo podría asegurar sus privilegios en un planeta con recursos menguantes? ¿Cuánto debería aumentar ese porcentaje para mantener la misma riqueza?

Y no digamos ya para aumentarla.

Para asegurarse su propio consumo debían empezar a regular el consumo de los otros (es decir, el de la cada vez más amplia clase media) porque, desde su perspectiva, lo realmente insostenible era el sistema social desarrollado en Europa: aquello que los historiadores denominan «Estado de bienestar».

Una estructura social como esa (de la que, en sus mejores años, gozó entre un diez y un doce por ciento de la población mundial) era intransferible al cien por ciento de la población. De hecho, ya era insostenible tal como estaba si el dos por ciento más rico quería mantener sus privilegios intactos.

Por lo tanto, en un mundo globalizado donde todos tomaban nota de todos, la única estandarización posible era hacia abajo.

Y eso fue lo que hicieron.

 

03.8_ La estrategia de la rana escaldada

Aprovechando la crisis, a los ciudadanos que habían gozado del Estado de bienestar se les dijo que habían vivido por encima de sus posibilidades, que aquello no era más que un espejismo. En definitiva, se les dijo que el Estado de bienestar no era un derecho adquirido, sino la causa esencial de la crisis. Y aunque parezca mentira, funcionó; o, mejor dicho: estuvo a punto de funcionar.

Vista en perspectiva, la estrategia empleada por los mercados fue brillante. Se la conoce como «estrategia de la rana escaldada» y, en líneas generales, consiste en lo siguiente:

Si pones a una rana en agua hirviendo, la rana, obviamente, escapará de inmediato. Pero si la pones en agua fría y calientas el agua poco a poco, la rana no percibirá el aumento de temperatura y morirá escaldada.

(Como historiador resulta triste tener que explicar este concepto. Antes del Colapso no hubiera sido necesario, pero las únicas ranas de las que tienen noticia las nuevas generaciones las han visto en 3D educativas… y dudo mucho que sus dobles virtuales actúen de esa forma).

Aunque no disponga de pruebas, me aventuro a pensar que algún equipo consultor midió el efecto «rana escaldada» sobre la sociedad civil a principios de siglo. Solo así puede explicarse el escalonamiento estratégico de recortes que tuvo lugar entre 2009 y principios de la década del veinte. Gracias a ese proceso, se consiguió eliminar derechos conquistados durante décadas sin que estallaran revueltas sociales.

Esa eliminación gradual, lo suficientemente pausada como para que la gente percibiera cada recorte como una leve merma (como una medida independiente) sin que en ningún momento tuviese una idea global de lo que estaba ocurriendo, fue la clave del éxito de la estrategia.

Gracias a eso, las protestas siempre fueron manejables; o, al menos, lo suficientemente manejables como para que no afectaran al poder de los mercados que, en última instancia, eran los que imponían los recortes.

 

burbujas 5
Fotografía realizada por Sebastian Pichler y publicada en Unsplash.

 

03.9_ La virtualización de los productos de consumo

Claro que no todo fueron recortes. Al mismo tiempo que se descomponía el Estado de bienestar, el acceso a los bienes de ocio se multiplicó gracias a la virtualización de los productos de consumo.

Desde una perspectiva económica fue un paso lógico: a mediados de 2011, el dinero generado por la producción de bienes y servicios era menos del diez por ciento del que circulaba en el mercado; el resto era dinero virtual, así que es lógico que se haya intentado trasladar el deseo de los consumidores de objetos físicos a objetos virtuales.

De hecho, si lo virtual se hubiese convertido en «producto», se habría podido dinamizar la economía reduciendo al mínimo el gasto de recursos.

Ya lo había predicho Guy Debord (un teórico francés) cuarenta y cinco años antes en un ensayo titulado La sociedad del espectáculo. En su libro advertía de que el consumidor real se estaba convirtiendo en un consumidor de ilusiones. Lo único con lo que Debord no contó (ni contaron los mercados) fue con el hecho de que, entre las clases medias, el valor del producto estaba ligado a su materialidad.

La ciudadanía, en su mayor parte, no estuvo dispuesta a pagar por algo intangible, por más que pudiese verlo, leerlo o experimentarlo, así que tampoco consideró robo al hecho de apropiarse de ellos sin pagar.

Su coartada era que la cultura debía ser libre; confundiendo premeditadamente libertad con gratuidad. Al darse cuenta de eso, los mercados hicieron lo posible por censurar esas conductas; sin embargo, modificar patrones enraizados durante siglos lleva demasiado tiempo y cierto grado de represión y, en aquellos momentos, la reestructura que realmente les interesaba era el desmantelamiento del Estado de bienestar…

No fuera a ser que, sin buscarlo, escaldaran a la rana.

 

03.10_ La virtualización de la realidad

A la larga, lo que terminaron reestructurando fue su modelo de negocio; asumieron la gratuidad de esos «servicios» (ya no «productos») y los reorientaron hacia sus propios fines. Ahora bien, que la virtualización de los productos de consumo no haya tenido los efectos esperados no significa que el proceso de virtualización no haya seguido adelante. En la segunda mitad de la década del diez se dio el paso más importante: la virtualización de la realidad…

Pero de eso (y del origen de las REC), hablaremos en el capítulo siguiente.

 

burbujas 7
Fotografía realizada por Marc Sendra Martorell y publicada en Unsplash.

 

 

NOTA: La foto de cabecera pertenece a Sebastien Gabriel y ha sido publicada en Unsplash.

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *