El capítulo anterior concluyó con un resumen de La construcción de la realidad, el manifiesto que dio origen a las Redes de Empoderamiento Ciudadano. Sin embargo, por muy detallada que fuera su propuesta, su implementación generó matices que es importante señalar.

En este capítulo hablaré de la gestación y ascenso de las REC haciendo hincapié en esos matices. Y para lograrlo me basaré en el libro que, a mi entender, mejor describe lo ocurrido: La primavera del mundo, de Arnaldo Oliveira.

 

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05.1_ Orígenes

Dado que, en un principio, las Redes de Empoderamiento Ciudadano se camuflaron dentro de Ágora, durante aquellos primeros años no llamaron la atención de los medios. En sus orígenes, las REC fueron una actividad más entre los cientos de actividades que se planificaban en el entorno.

Con el tiempo se convirtieron en una actividad multitudinaria —la de mayor participación, según algunas fuentes—, pero incluso entonces los medios no supieron calibrar su influencia en el mundo real.

Fue recién en 2022 cuando las REC se convirtieron en un fenómeno mediático. Y aunque a partir de ese momento surgieron decenas de ensayos que intentaron explicar lo ocurrido, la mayoría fueron un compendio de análisis subjetivos; opiniones que decían más de quienes las escribían que del fenómeno en sí.

En mitad de ese aluvión, La primavera del mundo destacó por ser lo contrario: una crónica periodística de primera mano escrita desde el inicio del proceso.

Como es lógico, se convirtió en uno de los libros más vendidos de la década del veinte.

 

05.2_ Serendipia

Arnaldo Oliveira es el ejemplo típico de la persona que se encuentra en el lugar indicado en el momento oportuno.

En 2011 trabajaba como corresponsal de Jornal do Brasil para la península ibérica, lo que le permitió realizar un seguimiento detallado del mes seminal del Movimiento 15-M.

Se sabe que posteriormente recogió sus notas de prensa y sus vivencias de la acampada en un libro titulado Cuatro semanas de Sol, pero, por desgracia, tras el Colapso no existen copias del mismo, ni físicas ni digitales.

Ese primer contacto con el activismo lo llevó a estar atento a las movilizaciones que lo siguieron —tanto en la calle como en la red—, por lo que la salida de La construcción de la realidad lo puso en alerta.

Gracias a eso, cuando las Redes de Empoderamiento Ciudadano se empezaron a coordinar (incluso antes de que se asentaran sus asambleas) Oliveira ya estaba allí, participando en la REC de su ciudad y atento a lo que ocurría en el resto.

A esto hay que sumarle su marcado esfuerzo por analizar el fenómeno de forma objetiva (aunque por momentos se cuele su efusividad), lo que permite deducir —sin que el autor lo diga de forma explícita— que el primer lustro de la década del veinte fue el período de mayor poder ciudadano de la historia.

¿Qué habría ocurrido si ese poder se hubiese consolidado?

Lamentablemente, nunca lo sabremos.

 

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05.3_ Organización interna de las REC

Pero vayamos por partes.

Antes he dicho que Oliveira había participado en la REC de «su ciudad».

Eso se debió a que, aunque el manifiesto llamara a una revolución global, sus primeros pasos habían sido planificados para desarrollarse en el ámbito local.

La estrategia respondía a dos factores. Por una parte, a las características de Ágora, que en la práctica disgregaba a sus usuarios por ciudades y, por otra, a una intención explicita de empoderamiento escalonado.

Dicho de otro modo: el hecho de que las primeras decisiones se tomaran a nivel local era la mejor forma de afianzar las REC sin llamar la atención.

El manifiesto recomendaba que solo después —cuando se hubiese asegurado el empoderamiento municipal— esas mismas REC locales se conectaran a nivel nacional. Luego, en una tercera etapa, las redes nacionales se conectarían a nivel continental y, por último, las continentales lo harían a nivel global.

Claro que ese proceso llevaría años; lo cual decepcionó a muchos participantes por su falta de grandilocuencia. Aun así, en (casi) todas las versiones de Ágora hubo usuarios motivados dispuestos a ponerlas en marcha.

 

05.4_ REC locales, conectividad global

La pregunta que cabe hacerse a continuación es la siguiente: si Ágora disgregaba a sus usuarios por ciudades, ¿cómo pensaban las REC conectarse a otros niveles?

Y la respuesta es que una cosa era su política empresarial y otra, las posibilidades del entorno.

El diseño de Ágora no solo permitía una conexión global, sino que —al menos en un principio— esa conectividad formaba parte del plan de la empresa.

En sus orígenes, el motivo para perfilar a los usuarios de Ágora en función de su idioma había sido la notoria disparidad entre el avance de los motores gráficos, que hacían correr el entorno, y el de los sistemas de interpretación automática, que se hallaban en sus primeras fases.

La opinión generalizada entre los historiadores es que su intención original había sido conectar, en una primera etapa, las versiones de Ágora que compartieran el mismo idioma, para luego conectar otras zonas en función de los avances de la interpretación automática. Sin embargo, al ver el éxito de Ágora y a la facilidad de adaptación de sus usuarios, decidieron cambiar su política por una claramente local.

 

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05.6_ Dudas razonables

Llegado a este punto, es preciso señalar dos dudas razonables:

La primera tiene que ver con la empresa responsable de Ágora.

Resulta curioso que una empresa que fundó su prestigio en la consolidación de una red global, tuviera tantos pruritos a la hora de permitir que sus usuarios se comunicaran libremente en el idioma que quisieran. Hay que recordar que, por entonces, muchos usuarios eran multilingües; una capacidad que se ha ido perdiendo debido a la implementación de los idiomas estándar y el sistema de interpretación automática.

La segunda tiene que ver con los autores de La construcción de la realidad.

La coincidencia del cronograma de las REC con el previsto por los diseñadores de Ágora —así como su conocimiento de que el entorno era capaz de enlazarse globalmente— ha llevado a muchos historiadores a suponer que alguno de los autores del manifiesto pudo haber participado en su programación. Lo cual no sería de extrañar, teniendo en cuenta la «cultura hacker» que practicaban muchos de ellos.

Más difícil es pretender identificar a personas concretas, como han intentado algunas investigaciones; o defender que el manifiesto fue una estrategia de marketing, por parte de la empresa, para atraer usuarios al entorno.

 

05.7_ Coordinación

Volviendo a las REC, un error muy común, a la hora de abordar su historia, es suponer que todos sus integrantes habían leído el manifiesto antes de participar en los grupos de trabajo. En la práctica, según parece, ocurrió lo contrario.

Oliveira explica que, en el momento en que empezaron a coordinarse las REC, eran pocos los usuarios que habían leído el manifiesto al completo, por lo que muy pocos sabían que su inicio local respondía a una estrategia. Para la mayoría, la situación era mucho más simple: cada cual participaba en su REC local porque Ágora, de facto, era un entorno local.

Tampoco es correcto hablar de «las REC» como si fuesen una entidad única. Las REC eran la suma de sus usuarios. La «mano invisible» que había entregado el manifiesto desapareció sin dejar rastro y cada REC quedó al arbitrio de sus intereses y disputas.

Según Oliveira, las REC tardaron un año —de media— en poner en marcha sus asambleas.

Y es importante recalcar que estamos hablando de cientos de ágoras diferentes con ritmos y problemas distintos…; por más que, en aquellos primeros años, el principal problema con el que todas tuvieron que lidiar fuera el mismo.

 

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05.8_ Las REC y las redes sociales

Aunque parezca mentira, los mayores ataques que recibieron las REC en sus inicios provinieron de las redes sociales.

Como expliqué en el capítulo anterior, en La construcción de la realidad se criticaba el modo de interactuar en las antiguas redes sociales. Y aunque el manifiesto también elogiaba las pautas de Ágora, esa crítica bastó para que una horda de fanáticos las convirtiera en su objetivo.

Para entender la magnitud de este fenómeno hay que decir que en 2019 solo la red social más importante del momento contaba con mil quinientos millones de usuarios. Bastaba con que una ínfima parte de esos usuarios se sumara a los ataques para que, en conjunto, dispusieran de una fuerza demoledora.

Las calumnias y mentiras difundidas en las redes sociales (denominadas técnicamente «posverdad») habían llegado, en aquellos años, a un nivel de sofisticación asombroso. Sin ir más lejos, los actuales sistemas de desinformación están basados en metodologías desarrolladas entonces. Conceptos como «circularidad informativa» o «cálculo de tiempo de retorno» no podrían entenderse sin aquellos ejercicios de «posverdad».

Dicho esto, también es necesario aclarar que, para poder definir los ataques a las REC como un ejemplo de posverdad habría que asumir que dichos ataques fueron coordinados… y eso es algo que, a día de hoy, nadie ha podido comprobar. Lo que es indiscutible es que esos ataques convirtieron a las REC en un movimiento minoritario hasta principios de 2021, cuando al fin se estructuraron sus asambleas.

 

05.9_ Las peculiaridades de Ágora

Si las REC sobrevivieron a aquellas invectivas fue gracias a la fidelidad de sus bases y, sobre todo, gracias a las peculiaridades de Ágora. Dado que muy pocos usuarios se atrevieron a poner en riesgo su reputación virtual esparciendo información incontrastable, la mayoría de los ataques a las REC migraron hacia otras redes sociales. Lo cual les permitió continuar.

Luego, pasada la novelería, la virulencia de los ataques se difuminó. Y cuando las asambleas empezaron a funcionar —y se crearon nuevos grupos de trabajo para hablar de proyectos concretos— el número de avatares que se sumó a las REC creció rápidamente.

 

 

05.10_ Primeras asambleas

Como es lógico, muchos lo hicieron por curiosidad: participaron en dos o tres reuniones y luego desaparecieron.

Ese continuo goteo de nuevos usuarios forzó a los grupos de trabajo a explicar, una y otra vez, el punto en el que se hallaba la discusión, e incluso a retroceder para incluir las iniciativas de los recién llegados, lo cual enlenteció muchísimo la toma de decisiones. Sin embargo, dado que en el año anterior se habían definido metodologías precisas para organizar el debate y que todas las REC contaban con usuarios dotados para moderar asambleas, las reuniones de los primeros meses fueron bastante fluidas.

De hecho, cuando realmente surgieron las luchas de poder (la contraposición de objetivos) fue cuando sus mecanismos internos lograron asentarse. El siguiente pasaje de La primavera del mundo expresa muy bien la atmósfera que se vivía por entonces… y la extenuación que el propio Oliveira llegó a sentir.

«”¿Por qué tienes que dirigir la asamblea siempre tú?” “Mi grupo de trabajo también tiene derecho a exponer sus propuestas”. “Somos todos iguales, ¿no?” “Aquí nadie es más que nadie”. Las mismas frases se suceden días tras día; y las mismas discusiones acaloradas; y la misma intransigencia disfrazada de tolerancia; y las mismas asambleas alargadas hasta la extenuación… Lo confieso: ha habido momentos en los que la discusión me ha resultado tan estéril, tan agotadora, que me he alejado del grupo [de trabajo] decidido a no volver. Pero siempre he vuelto. Todos volvemos».

 

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05.11_ Consolidación

Al parecer, en todo el mundo se vivieron procesos similares. No hubo ágora en la que no surgiesen conflictos de poder u opiniones irreconciliables. Sin embargo, conforme se iban limando asperezas y puliendo los métodos de coordinación, también empezaron a surgir las primeras propuestas.

Otro fenómeno común a (casi) todas las REC fue que en sus primeros dos años de vida asamblearia —es decir, entre 2021 y 2022— el interés de sus usuarios por la política y la economía se antepuso a sus luchas de poder.

Los motivos de ese cambio siguen siendo materia de debate entre los historiadores. En mi opinión, lo que ocurrió fue que para entonces esas luchas de poder ya se habían dilucidado y la ideología que impulsaba a cada REC ya era bastante homogénea.

Al igual que había ocurrido en 2011 a la interna de los movimientos 15-M y Ocuppy, lo primero que acordaron las REC fueron las cosas a las que se oponían; sin embargo, a diferencia de estos movimientos (que también se oponían a participar en política), una de las primeras medidas que acordaron las REC fue que, tarde o temprano, deberían presentarse a las elecciones.

Lo cual a esas alturas ya no era novedoso, pero sí excepcional. Porque lo interesante de lo ocurrido entre 2021 y 2022 es que la decisión de instaurar partidos políticos se produjo, en casi todas las REC, aproximadamente al mismo tiempo.

 

 

05.12_ Simultaneidad y evolución

No es debido a su simultaneidad que el proceso resulta «interesante»: por entonces casi todos los participantes en las REC disponían de cuentas en otras redes sociales, además de Ágora, por lo que no es extraño que las decisiones tomadas por una REC influyeran sobre las otras.

Lo que resulta interesante es observar cómo los procesos sociales también evolucionan.

A principios de 2022, las REC ya habían establecido los criterios internos para la elección de sus candidatos, las reglas para su control y, fundamentalmente, los vínculos entre esos representantes políticos y las decisiones de sus bases.

Una vez más, las metodologías terminaron siendo muy similares en casi todas ellas: desarrollaron un sistema de gobierno asambleario, localizado en la red, que encajaba en el sistema preexistente a través de sus representantes políticos. Unos representantes cuya primera misión era aprobar una serie de decretos, en sus respectivos ayuntamientos, que los convertían en simples correas de trasmisión de su REC local (so pena de ser destituidos).

 

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05.13_ Celeridad e innovación

Aunque también resulte llamativo que haya podido lograrse todo eso en cuestión de un año, lo cierto es que existían precedentes: en 2015 (seis años antes de que las asambleas de las REC empezaran a funcionar) una agrupación política surgida de un movimiento ciudadano ganó en menos tiempo la alcaldía de Madrid. Y lo hizo sin disponer de un entorno como Ágora ni de la posibilidad de interactuar con otros grupos.

Todo esto no desvirtúa a las REC, sino que pone el foco sobre principal innovación: su sistema de democracia directa.

Aquella fue la primera vez en la historia que se creaba una herramienta, concreta y manejable, de empoderamiento ciudadano. Y una vez que fue definida, resulto bastante sencillo trasladarla de Ágora a las plazas públicas en aquellas ciudades en las que el uso de sistemas de realidad virtual no era tan accesible como en Europa o América.

Además, el mero desarrollo de la herramienta produjo un cambio radical de la concepción política de quienes la estaban desarrollando. Claro que la herramienta, por sí sola, no hubiese servido de nada si cada REC no hubiera contado, al mismo tiempo, con un proyecto político.

 

05.14_ Proyectos de futuro

A lo largo de 2021, las asambleas de las REC empezaron a definir sus programas de gobierno.

Eran proyectos de futuro como los expuestos en La construcción de la realidad; los primeros proyectos de futuro surgidos íntegramente de la sociedad civil.

A finales de aquel año, los ciudadanos de medio mundo ya estaban listos para llevar al poder a sus representantes directos. Obviamente, el momento en que eso se produjera dependería de la situación política de cada país y de sus correspondientes períodos electorales, pero las encuestas los favorecían.

No fue fácil, por supuesto: cuando los poderes tradicionales comprendieron lo que se avecinaba, las amenazas de los mercados y las campañas del miedo fueron atroces, No hubo país en el que no se ejerciera algún tipo de coerción. Sin embargo, los ataques terminaron reforzando la indignación de la ciudadanía y, conforme los resultados electorales empezaron a avalar las previsiones, las REC fueron ganando confianza.

Doce años después de la Revolución Islandesa, el resto del mundo había empezado a imitarla.

 

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05.15_ Claroscuros

Que el primer lustro de la década del veinte fuera el período de mayor poder ciudadano de la historia no significa que, por añadidura, haya sido mejor que otros período previos.

A efectos históricos, resulta imprescindible separar el sistema de gobierno, del tipo de gobierno que este sistema sustenta. En otras palabras: la democracia directa supone (tan solo) la expresión directa de los deseos e ideologías de la mayoría de los ciudadanos. Lo cual no implica, necesariamente, el mejor de los gobiernos. No, al menos, a nivel local.

Un poco más arriba dije que, hacia finales de 2022, la ideología de cada REC había pasado a ser bastante homogénea. Sin embargo, en muchos casos, esa homogeneidad no era progresista, sino más bien lo contrario.

Los coletazos de la Gran Recesión, sumados a una serie de atentados terroristas y a la terrible crisis de refugiados de la década del diez fueron el caldo de cultivo para el aumento de la extrema derecha tanto en Europa como en el norte de América. Lo cual, como es lógico, tuvo su reflejo en las REC y en los gobiernos municipales que éstas obtuvieron.

Además, en las REC marcadamente progresistas existió el riesgo añadido de lidiar con infiltrados.

 

05.16_ Infiltrados

En su momento, la crítica más atinada que se le hizo a las REC fue la que las acusaba de definirse como un método de expansión de la democracia cuando, en la práctica, eran profundamente elitistas: para participar en una REC había que disponer, o de un móvil con acceso a datos, o de unas gafas de realidad virtual conectadas a un ordenador o una consola, o de un plano de datos; lo cual suponía un desembolso de dinero que no todo el mundo podía asumir. Y aunque es verdad que en algunas ciudades las REC se trasladaron a las plazas públicas, en la mayoría no fue así.

Por lo tanto, una vez que los partidos políticos, los bancos, las empresas y demás poderes tradicionales descubrieron el potencial de las REC, no les resultó difícil encontrar ciudadanos que, a cambio de que les pagasen los insumos, defendieran sus intereses en las asambleas.

Los periódicos de la época recogen decenas de historias de infiltrados. Las hay de todo tipo: desde casos en los que fueron descubiertos, pasando por otros en los que influyeron en las decisiones asamblearias, hasta casos en los que consiguieron desarticular la REC en la que participaban.

Pero la fortaleza de las REC radicaba en su disgregación. Al ser tantos los nodos y tal su independencia, resultaba imposible ejecutar una acción conjunta sobre todas ellas; y sus participantes estaban convencidos de que, cuando llegara el momento de coordinarse, las injerencias puntuales, por muy potentes que fueran, terminarían siendo equilibradas por la tendencia general.

Y lo mismo ocurría con las diferencias ideológicas. Cada REC, ya fuera progresista, de centro, de derecha o de ultraderecha, estaba convencida de que la ideología contraria sería neutralizada al iniciarse la coordinación.

Afortunadamente, en ese sentido, los números jugaban en contra de los radicales. Si bien es verdad que existieron REC con tendencias xenófobas, o ultranacionalistas, o que buscaban restringir el estado de derecho, o recuperar estructuras soviéticas…, fueron minoritarias en el contexto general.

La revolución sugerida en La construcción de la realidad se basaba en la idea de que, al margen de nuestra situación concreta, los seres humanos, como especie, compartimos un conjunto de valores mucho más solidarios y avanzados que los del sistema que nos gobernaba, y que cuando llegásemos a la última etapa del proceso (es decir, a la coordinación global las REC) esos valores prevalecerían.

Puede que fuera una idea naíf, o puede que no.

Lo cierto es que no tuvimos tiempo de averiguarlo.

Lo que sí sabemos es que la única acción global llevada a cabo por las REC generó un cambio político y económico de vital trascendencia.

Sin embargo, de ese triunfo hablaremos en el capítulo siguiente.

 

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