Al mismo tiempo que se acometía una profunda reconversión industrial en casi todo el mundo, estaba teniendo lugar otro fenómeno global mucho menos evidente.

A finales de 2031, los informes de los climatólogos indicaron que las temperaturas medias mundiales se habían posicionado 0,5 grados por debajo de las de 2023. Esos resultados no se esperaban hasta 2034, pero fueron interpretados como un buen augurio, dado que significaban que las partículas de hollín en la estratósfera se estaban decantando a mayor velocidad de la prevista.

Y eso entre aquellos que lo leyeron porque, en la práctica, el informe pasó relativamente desapercibido. Dado que los inviernos septentrionales de 2030 y 2031 no habían sido tan crueles como los primeros de la Década Oscura; que la nubosidad perpetua parecía menos compacta; y que la continuidad del Invierno Nuclear ya no era una cuestión de vida o muerte para la mayoría de los habitantes del planeta, se extendió la sensación de haber alcanzado un nuevo «equilibrio», una nueva «normalidad».

 

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10.1_ Indicios

A mediados de 2033 se publicó un nuevo informe climático y esta vez sí, sus conclusiones no pasaron desapercibidas. El estudio situaba la temperatura media del planeta solo dos décimas de grado por debajo de la de 2023. Un dato que calificaba de «preocupante».

Lo curioso es que lo que llamó la atención del público no fue el aumento de temperatura, sino la palabra que se empleó para definirlo. ¿Qué tenía de «preocupante» la normalización de las temperaturas?

Como vimos en el capítulo anterior, a finales de dicho año comenzó la expansión comercial China. Y una de sus herramientas de marketing consistió en llevar a observadores internacionales a recorrer sus industrias.

El video de una de esas visitas, sumada a los datos del informe, fue el detonante de un ensayo publicado a mediados del año siguiente. Un ensayo que en su momento no tuvo demasiada repercusión, pero que, a mi entender, resulta imprescindible para comprender las dinámicas que nos condujeron al Colapso.

 

10.2_ Los límites de la previsión

El libro al que me refiero se titula Los límites de la previsión, de Alessandro Malcuori.

Fue escrito originalmente en italiano y publicado por Mondadori en julio de 2034. Y aunque no he podido averiguar a cuántos idiomas llegó a traducirse, sé que al menos fue publicado en inglés, español y francés antes de 2035; es decir, antes de que empezaran a sentirse los efectos del Colapso.

Gracias a esa difusión, el libro ha llegado hasta nuestros días; lo que nos permite analizar en retrospectiva su carácter visionario.

 

10.3_ El detonante

Como explicaba un poco más arriba, en el capítulo introductorio Malcuori trascribe un reportaje a una industria de bioingeniería china: relata los formidables avances que mostrados en el video y detalla las preguntas de la periodista…

Admite haberlo seguido atentamente hasta que el camarógrafo alzó la cámara y mostró un primer plano de los cientos de ductos que vertían gases a la atmósfera.

Entonces se dio cuenta de que ninguna pregunta de la periodista había versado sobre las medidas para el control de emisiones contaminantes. Tema en el que tampoco los chinos parecían interesarse. Lo cual lo llevó a pensar en el informe climatológico publicado hacía unos meses y en el revuelo que había causado.

Tras hacer un breve resumen del mismo, Malcuori explica que, debido a su formación en psicología, la reacción del público frente a los datos —y el motivo de dicha reacción— lo había llevado a la reflexión. Gracias a eso, al ver el reportaje sobe la planta industrial le resultó bastante sencillo hacer una serie de asociaciones.

 

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10.4_ Conexiones sutiles

A primera vista, las imágenes de una planta industrial china y el informe de 2033 no parecerían estar relacionados. Así que para demostrar que sí lo están, Malcuori analiza dos conceptos (supuestamente) antagónicos: el oscurecimiento global y el calentamiento global.

Comienza por definir «oscurecimiento global», un término no demasiado conocido.

Explica que consiste en la reducción de la luz solar que llega a la superficie del planeta debido a la absorción lumínica de las partículas de hollín suspendidas en la atmósfera.

Entendido de esa forma, el Invierno Nuclear no era más que un «gran oscurecimiento global». Sin embargo, el fenómeno no era nuevo: ya había pruebas de su existencia en la segunda mitad del siglo XX.

Al parecer, la misma contaminación que había provocado el calentamiento global había sido responsable de un oscurecimiento global moderado. Y ese oscurecimiento había propiciado, a su vez, una leve bajada de temperaturas que, probablemente, había encubierto los efectos reales del calentamiento global.

 

10.5_ Una pregunta incómoda

En 2024, se realizaron simulaciones informáticas de la decantación de las partículas de hollín que predijeron que se necesitaría una década para que las temperaturas medias quedasen 0,5 grados por debajo de las de 2023. Sin embargo, cuando a finales de 2031 se informó de que ese año ya se había alcanzado esa cifra, la opinión pública asumió que las partículas en suspensión «simplemente» se habían decantado más rápido.

Nadie se preguntó si algún evento acaecido entre 2024 y 2031 puedo haber generado tal desviación… Algo realmente curioso, teniendo en cuanta que en dicho período se había producido una reconversión industrial planetaria que, por razones obvias, había priorizado la rapidez frente a cualquier otra variable.

¿Acaso el volumen de partículas contaminantes emitidas en los últimos años era de tal magnitud que el calentamiento global estaba subvirtiendo los efectos del oscurecimiento global?

Y de ser así, ¿porqué nadie había formulado antes esa pregunta?

 

10.6_ El Informe Stern

Existen sobrados ejemplos de nuestra tendencia a priorizar lo urgente frente a lo importante.

De entre todos ellos, Malcuori elige el que podría considerarse su antecedente directo. Otro informe visionario al que apenas se le prestó atención.

En 2005, el gobierno británico solicitó a un asesor independiente un análisis sobre las consecuencias económicas del cambio climático. Ese trabajo, conocido como «el Informe Stern», sostenía que llevar a cabo las políticas necesarias para la contención del cambio climático costaría un uno por ciento del PIB mundial, mientras que hacer frente a sus efectos podría llegar a costar hasta un veinte por ciento.

En el momento de su publicación, el informe despertó cierto interés, sin embargo, cuando en 2008 comenzó la crisis financiera, el problema climático pasó a un segundo plano. Lo importante le cedió el turno a lo urgente… Y eso que aquella (en comparación con la de finales de los veinte) no fue más que una brisa.

«Una vez más [continúa Malcuori], hemos dejado de lado el problema del calentamiento global para hacer frente a nuestras preocupaciones inmediatas. Pero, aunque no queramos verlo, el problema sigue pendiendo sobre nuestras cabezas sujeto por una crin de caballo… como la pesada espada de Damocles».

Solo por plantear hasta qué punto la reconversión industrial había acelerado dicho problema, el libro podría considerarse visionario. Sin embargo, su aporte más importante es el que viene a continuación.

 

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10.7_ Un enfoque psicológico

En el capítulo siguiente, Malcuori admite no ser un experto en política ambiental. Y agrega que, precisamente por eso, le sorprende ser el primero en denunciar la situación. Si él, siendo un lego, lo había deducido, ¿cómo era posible que no lo hubieran hecho los expertos? Parecía como si la sociedad en su conjunto no se estuviera percatado (o no quisiera percatarse) del problema.

Esa intuición lo devolvió a su área de trabajo —la psicología— y lo llevó a plantearse una serie de cuestiones que, hasta entonces, nadie había afrontado.

Unas cuestiones a las que dedica el resto del libro.

 

10.8_ Antecedentes

En la segunda parte del libro, Malcuori recupera una serie de trabajos de mediados de la década del diez en los que había demostrado que nuestros cerebros están adaptados para planificar y resolver problemas a corto plazo. Cuanto más corto es el plazo al que debe hacer frente, más expeditivo es nuestro cerebro. Por el contrario, cuanto más largo es dicho plazo, más disperso e ineficiente se vuelve.

En principio, podría parecer una perogrullada, sin embargo, la forma en que se desarrolla dicho proceso y las derivaciones prácticas que supone no son tan obvias como podrían parecer.

Malcuori y su equipo estudiaron el comportamiento de personas embarcadas en proyectos individuales de largo aliento —tesis doctorales, novelas, proyectos de fin de carrera de arquitectura o ingeniería— y llegaron a la conclusión de que lo más complicado en ese tipo de procesos es, en primer lugar, la planificación abstracta del marco de referencia y, en segundo, la elección de tareas en función de ese marco.

La tendencia natural del cerebro es centrarse en áreas concretas del trabajo —«problemas» a resolver a corto plazo— y desarrollarlas en detalle; y dado que el marco de referencia general es una construcción artificial —es decir, un proceso al que debemos «forzarnos»— lo habitual es que —por mucho que planifiquemos— en el desarrollo del trabajo concreto las incongruencias se multipliquen: básicamente porque el marco general no puede tener en cuenta los detalles de cada una de sus partes.

Son esas incongruencias las que, por una parte, vuelven el resultado más complejo y creativo y, por otra, producen grandes pérdidas de tiempo.

Esta incongruencia llegaba a su máxima expresión en el caso de los novelistas que, en la mayoría de los casos, no desarrollaba un marco general —un argumento—, sino que se centraba en los detalles y dejaba que fueran éstos los que «contaran» la historia.

Obviamente, estos estudios se realizaron con individuos que trabajaban de forma independiente, no con grupos.

Malcuori no discute la capacidad del ser humano para coordinarse y llevar a cabo proyectos a largo plazo. De hecho, coincide con quienes afirman que lo que nos caracteriza como «humanos» es nuestra capacidad de coordinarnos multitudinariamente de manera flexible. Sin embargo, al trabajar con personas y no con grupos: lo que detectó fue la tendencia de nuestro cerebro a priorizar ciertos modos de actuación respecto a otros, y el enorme esfuerzo racional que requiere superarlos.

 

10.9_ Trasposición de resultados

Una vez explicadas, Malcuori extrae las conclusiones de aquellos estudios y las emplea para responder la pregunta que se había formulado previamente: ¿por qué a nadie parecían importarles los alarmantes datos climáticos que se habían publicado en 2033?

Y la conclusión a la que llega es la siguiente: dado que a los humanos nos resulta muy difícil tener presente, en el día a día, la visión global de un trabajo planificado a largo plazo, terminamos generando, en torno a su culminación, una «sensación» de irrealidad que transferimos a sus objetivos. Como si fuesen una consecución ajena, más que el resultado concreto de nuestro trabajo.

Eso explica, entre otras cosas, por qué somos mucho más laxos en el reclamo de los compromisos asumidos a largo plazo que en el de aquellos de inmediato cumplimiento.

Según Malcuori, la misma regla podría aplicarse a las previsiones: dado que nuestro cerebro se ha adaptado a reconocer como ciertos los datos de la realidad cotidiana, la proyección en el tiempo que supone toda previsión nos genera una «sensación» de irrealidad que la convierte en posibilidad lejana, más que en el resultado concreto de un estudio plausible. Y agrega que cuanto más lejana sea esa previsión, mayor será la sensación de irrealidad que genere.

Antes de 2024, por ejemplo, todo el mundo estaba pendiente de las previsiones meteorológicas para el día siguiente, pero nadie parecía darles importancia a las previsiones climáticas para dentro de veinte o treinta años, por muy documentadas que estuvieran.

 

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10.10_ Cuestiones adaptativas

A continuación, Malcuori explica las razones de dicho sesgo.

«Durante la mayor parte de nuestra vida como especie hemos estado a merced del entorno. El lugar que habitábamos podía destruirnos, tanto de forma violenta como privándonos de sus recursos básicos. Durante milenios, el ser humano ha tenido que urdir planes de supervivencia diaria; ha tenido que resolver los problemas del aquí y el ahora para asegurarse un mañana.

Con el avance de la civilización, sus estrategias de supervivencia se fueron ido dilatando: en una sociedad agraria ya no era necesario planificar el día a día para sobrevivir.

Sin embargo, incluso a principios de nuestro siglo —y en sociedades que hacía cientos de años que había dejado de ser agrarias—  la mayor parte de nuestros planes (al menos, a nivel personal) involucraban unas pocas semanas…, a lo sumo unos pocos meses.

Si un proyecto exigía más tiempo —como la consecución de una carrera universitaria, o la construcción de un edificio, o un desarrollo de ingeniería— no se lo asumía como una meta unitaria: se lo dividía en tareas a corto plazo, que resultaran manejables».

 

10.11_ Cambio de paradigma

Esto no habría aparejado problema alguno, continúa Malcuori, si hace unos trescientos años la posición del ser humano en el planeta no hubiese cambiado. En aquel momento adquirimos la capacidad técnica para transformar la realidad física a gran escala. A partir de entonces, fue el entorno el que estuvo a nuestra merced; como especie, podíamos destruir el lugar que habitábamos o agotar sus recursos básicos.

Eso no implicaba que quisiéramos hacerlo, sin embargo, dado que disponíamos del poder para hacerlo y que toda modificación debería producirse a gran escala, ejercerlo nos obligaba a planificar a largo plazo y a crear herramientas para prever sus consecuencias.

«A lo largo de nuestra historia hemos sido capaces de adaptarnos a miles de cosas, así que dimos por hecho que también seríamos capaces de adaptarnos a eso. Pero trescientos años no es tiempo suficiente para modificar una herramienta adaptativa que llevamos empleando desde hacía milenios».

En 2034 (es decir: un año antes de que los efectos del Colapso se hicieran evidentes), Malcuori comprendió que, si hasta entonces no se habían tomado medidas serias para hacer frente al cambio climático había sido, en gran medida, porque los proyectos que priorizábamos como sociedad seguían siendo aquellos que aseguraban resultados a corto plazo. En otras palabras: que no lo hacíamos por egoísmo, sino por incapacidad: nuestros cerebros no estaban adaptados para pensar de otro modo.

 

10.12_ Conclusiones

Leídos en 2084, los párrafos finales de Los límites de la previsión parecerían escritos la Casandra mitológica. Una advertencia preclara y visionaria castigada con la maldición de la indiferencia.

«Tenemos un grave problema: nuestra mente ha sido moldeada durante milenios para hacer frente a un tipo de situaciones de naturaleza distinta a la que nos toca enfrentar hoy en día. Esa desadaptación es la causa de una tendencia suicida: aunque sepamos perfectamente lo que debemos hacer —asumir las previsiones de futuro como una posibilidad real, planificar un marco de acción a largo plazo que haga frente a esas previsiones y determinar un orden de tareas acorde a ese marco—, tendemos a priorizar proyectos cortoplacistas.

Ahora bien, que no lo estemos haciendo no significa que no podamos hacerlo y, lo que es más importante, que no debamos hacerlo.

Las neurociencias han demostrado que nuestro cerebro goza de gran plasticidad: la educación y la interacción social moldean nuestra conducta a corto plazo en la misma medida en que, a largo plazo, lo hace nuestra capacidad adaptativa; por lo tanto, como sociedad, estamos más que preparados para realizar este nuevo esfuerzo. Un esfuerzo que parte de priorizar nuestra supervivencia a largo plazo a nuestro beneficio inmediato. Un esfuerzo en el que nos jugamos el futuro.

Aún estamos a tiempo.»

 

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10.13_ Los límites de la previsión y el manifiesto de las REC

A primera vista, la tesis de Malcuori —que plantea que nuestro cerebro no está adaptado para planificar a largo plazo— parece contradecir la de La construcción de la realidad, que sugiere que el futuro, en sí mismo, es una construcción.

Y dado que el éxito de las REC es una prueba fehaciente de dicho argumento; el de Malcuori —que a primera vista lo contradice— no podría ser válido.

Sin embargo, tras profundizar en la lectura de ambos textos, la conclusión a la que se llega es precisamente la contraria: sus argumentos no solo no se contradicen, sino que se refuerzan.

 

10.14_ Global versus local

Si bien es cierto que La construcción de la realidad plantea que somos «nosotros» los que construimos el futuro —entendiendo ese «nosotros» como un todo global, inclusivo—, a la hora de llevarlo a la práctica, el proceso de empoderamiento que propone parte de lo local. Y al hablar de dicho nivel, el manifiesto dice explícitamente que «el primer cometido que debe afrontar toda REC es la resolución de los problemas cotidianos de sus usuarios».

Esta idea no contradice en nada los planteos de Malcuori, quien propone que la mayor parte de nuestros planes personales se proyectan hacia el futuro unas pocas semanas, o a lo sumo unos pocos meses.

Como expliqué en el capítulo en el que hablamos del manifiesto, el hecho de que el proceso de empoderamiento haya sido escalonado no fue casual, ni se debió únicamente a las características de Ágora.

La construcción de la realidad era muy clara respecto al motivo por el que las REC debían empezar por coordinarse localmente: su objetivo era que sus usuarios adquirieran confianza, gestionando decisiones a ese nivel, antes de pasar a los siguientes.

Por confianza uno puede entender empoderamiento, coordinación, aprendizaje de las metodologías asamblearias; pero también puede pensar en las conclusiones Malcuori, cuando dice que la educación y la interacción social moldean nuestra conducta a corto plazo en la misma medida en que lo hace, a largo plazo, nuestra capacidad adaptativa.

Vistas desde esta perspectiva, podría decirse que las REC fueron «ámbitos de educación e interacción social» donde sus usuarios aprendieron a diseñar proyectos de futuro a (cada vez más) largo plazo.

 

10.15_ Individual versus colectivo

Por otra parte, debemos recordar que el propio Malcuori aclara que su estudio se centra en individuos, no en colectivos, y que en ningún momento niega la capacidad del ser humano para coordinarse y ejecutar proyectos a largo plazo…, que es precisamente donde pone el acento el manifiesto de las REC.

De hecho, lo que plantea el manifiesto es que, a lo largo de la historia, esos relatos de futuro han sido construidos por los poderes imperantes y que el único rol de los ciudadanos en el proceso ha sido el de intervenir en su construcción.

Nada de eso contradice a Malcuori. Por el contrario: el hecho de referirse al futuro como a un relato es muy coherente con la crítica del italiano a nuestra incapacidad de asumir las previsiones como algo real.

 

10.16_ Ciencia versus ideología

Para muchos investigadores, la principal discrepancia entre La construcción de la realidad y Los límites de la previsión es que, mientras el manifiesto plantea que toda aproximación a la realidad es un relato, el libro de Malcuori basa su argumentación en datos científicos.

Sin embargo, la ciencia siempre se ha desarrollado dentro de un contexto ideológico (sea del tipo que sea) porque son esas narraciones colectivas las que aglutinan y hacen viables las sociedades humanas.

De hecho, lejos de oponerse a las narraciones colectivas, el manifiesto exponía las herramientas necesarias para la creación de una nueva ideología (un nuevo relato abarcador) surgido de una amplia mayoría de seres humanos, en lugar de sus élites.

¿Y dónde queda el rol de la ciencia en todo esto?

Toda construcción de la realidad se sustenta en realidades fácticas (en hechos materiales). Y aunque la ciencia no puede demostrar la falsedad o veracidad del relato aglutinador, sí que puede demostrar la falsedad o veracidad de las realidades fáctica en las que se sustenta.

En ese sentido (y teniendo en cuenta que el límite entre ciencia e ideología a veces es difuso), cabe recordar que La construcción de la realidad advierte de que no debe dársele el mismo valor a herramientas de análisis tan precisas como las matemáticas, o los modelos computacionales atmosféricos, que a otras más propensas a la interpretación como las teorías económicas.

 

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10.17_ Sinergia

Teniendo en cuenta estos argumentos, es válido decir que ambos textos abordan los mismos problemas desde perspectivas complementarias. Mientras que La construcción de la realidad se centra en la construcción colectiva del futuro (es decir, en la construcción de un nuevo relato aglutinador), Los límites de la previsión analiza nuestra mayor debilidad individual a la hora de llevarlo a la práctica.

 

10.18_ La maldición de Casandra

Antes de cerrar este capítulo, es necesario que planteemos una última pregunta: ¿cómo es posible que Los límites de la previsión haya pasado desapercibido?

Responder a esta cuestión no es sencillo.

Por una parte, es probable que el título no haya ayudado: Los límites de la previsión no es una frase muy sugerente. Por otra, es verdad que las pocas críticas que recibió fueron muy duras: básicamente, por su «falta de optimismo». Sin embargo, me atrevería a decir que lo que más lo perjudicó fue el momento en que fue publicado.

Para poder explicarlo, permítanme que, durante unas líneas, les hable de mi experiencia personal.

Recuerdo muy bien el año de su publicación. Acababa de cumplir los veintitrés cuando ocurrió el Incidente, así que la mayor parte de mi juventud la viví durante la Década Oscura. Recuerdo la alegría que sentí cuando me enteré de que las temperaturas se estaban «normalizando». Porque ese fue el dato con el que me quedé… El dato con el que nos quedamos todos.

Aunque ahora nos parezca absurdo, el informe climático de 2033 despertó cierto optimismo. Fue el primer motivo de optimismo en ocho años tras la peor tragedia humanitaria vivida hasta entonces. En semejante situación, es lógico que cualquier voz discrepante nos molestara.

Si en algo se equivocó Malcuori fue en suponer que no existían trabajos de «expertos» que alertasen sobre la subida de temperaturas. De hecho, el informe climático de mediados de 2033 se había basado en decenas de trabajos técnicos…, el problema era que ni los medios ni la opinión pública les prestaba atención.

Solo a finales de 2034, cuando un nuevo informe climático posicionó las temperaturas medias cuatro décimas de grado por encima de las de 2023, las advertencias de los expertos comenzaron a ser escuchadas.

Claro que para entonces ya era demasiado tarde.

A mediados de 2035, empezamos a sufrir los efectos del Colapso… Pero de ese tema comenzaremos a hablar en el siguiente capítulo.

 

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NOTA: Todas las imágenes de esta entrada pertenecen al «Hydroponic YouTube Project»: una investigación realizada por historiadores de la Alianza entre los años 2065 y 2069. El objetivo del proyecto fue rescatar y catalogar información gráfica de la Década Oscura (centrándose, como su nombre indica, en la industrialización de cultivos en espacios cerrados) de los restos de internet (es decir, de la red anterior al Colapso).

 

 

 

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