Si en el capítulo anterior nos centramos en los inicios del Colapso, en este analizaremos su momento crítico. El punto de inflexión en el que solo un cambio de rumbo radical logró salvarnos del desastre.

Lo curioso es que ese cambio de rumbo transformó, también, a la organización que lo llevó a cabo. La mayoría de los historiadores coinciden en que no podría entenderse el estado actual de la Alianza sin tener en cuenta lo ocurrido durante aquellos años.

 

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12.1_ La Antártida

La primera muestra de que el Colapso había alcanzado un nuevo nivel tuvo lugar entre enero y febrero de 2037. Una vez más, se trató de una vieja tendencia acelerada por el cambio climático.

En comparación con el polo norte —cuyas temperaturas aumentaron más que la media—, el aumento de temperaturas en el polo sur fue relativamente leve. Sin embargo, los bruscos cambios que se registraron entre la Década Oscura y el inicio del Colapso propiciaron el aumento de las «corrientes subterráneas de hielo»: una especie de ríos congelados que, al desplazarse, separaban el manto de hielo de su base continental y lo deslizaban hacia el mar en forma de icebergs.

La posibilidad de que todo el manto de hielo del oeste colapsara de esta forma ya había sido prevista a finales del siglo XX. Sin embargo, incluso las peores predicciones la situaban a doscientos años vista, y los fenómenos climáticos de los últimos meses habían desviado el foco de atención hacia otras partes del planeta.

 

12.2_ La tragedia del Cono Sur

Debido a esto, cuando el corrimiento se produjo (en el verano austral de 2037), nadie estuvo preparado para hacerle frente.

El promedio del nivel del mar aumentó más de tres metros en menos de un año (lo que de por sí ya fue trágico), pero sus efectos más devastadores provinieron de la palabra «promedio». Si la sociedad tardó tanto en asumir que el Colapso era un fenómeno global fue, precisamente, porque ninguna de sus consecuencias tuvo un efecto homogéneo sobre el planeta. Y la subida de las aguas no fue una excepción.

La zona más afectada por la catástrofe fue la costa atlántica de América y, muy especialmente, las ciudades del Cono Sur. No solo Buenos Aires y Montevideo desaparecieron bajo las aguas; el tercio sur de su territorio uruguayo y buena parte de la provincia de Buenos Aires también fueron cubiertos dando origen a lo que hoy conocemos como golfo del Plata.

En menor medida, también fueron anegadas otras ciudades de América del Sur, como Porto Alegre, Río de Janeiro o Bahía, e incluso el golfo de México experimentó un aumento del nivel del mar por encima de la media.

 

12.3_ El principio del fin de Manhattan

Aunque en Nueva York el aumento se mantuvo por debajo de la media, los efectos de la crecida (sumados al incremento de escorrentía del Rio Hudson) generaron serios percances en la red de metro de Manhattan. Sus sistemas de achique no estaban preparados para afrontar ambos problemas al mismo tiempo.

Y si a esto agregamos las (cada vez más activas) temporadas de huracanes, el resultado es previsible: todas las ciudades de la costa atlántica americana tuvieron que ser evacuadas (total o parcialmente) antes de 2045.

 

Los meses del estío 2

 

12.4_ La Gran Migración Climática

En Asia y Europa, las crecidas debidas al manto de hielo de la Antártida no fueron tan importantes, sin embargo, sí que lo fueron las provocadas por el deshielo de Groenlandia. En los años siguientes, también allí fue necesario evacuar decenas de ciudades costeras.

Había comenzado la Gran Migración Climática: un proceso en el que cientos de millones de desplazados (algunos opinan que miles de millones) buscaron refugio en ciudades interiores incapaces de recibirlos. Fue el origen de los campos de refugiados: primero irregulares —y carentes, por tanto, de las infraestructuras mínimas para garantizar su habitabilidad— y luego gestionados por la Alianza; una reorganización global obligatoria, extendida a lo largo de dos décadas.

 

12.5_ Los meses de estío

Pero regresemos a 2037.

Entre julio y setiembre de aquel año el mundo volvió a estar pendiente de las emisiones de metano en Groenlandia; sin embargo, en esta ocasión, las noticias fueron escasas. A finales de octubre —cuando los medios ya exigían a gritos un informe de resultados— se difundió la noticia de que se estaba «sembrando» el permafrost de la isla con un microorganismo de diseño capaz de absorber metano y emitir oxígeno.

Fueron necesarios cinco años para que un trabajo de investigación —uno de los últimos publicados durante el Colapso— explicara lo ocurrido. El libro se tituló Los meses de estío y fue escrito por Pilar Lozano, una periodista española destinada en Groenlandia.

Si el libro no hubiera sido escrito en castellano y su autora no hubiese retornado a España, es probable que Los meses de estío nunca hubiera visto la luz: en 2042, internet ya había caído y eran muy pocos los lugares del mundo donde se seguía publicando en papel. Afortunadamente, Madrid era uno de ellos.

 

12.6_ Lo que no se había dicho

Su crónica expuso la interna de la Alianza a mediados de 2037 y las luchas de poder que desembocaron en el anuncio de octubre… porque, según Lozano, el microorganismo encargado de la captación de metano había sido sintetizado a principios de julio.

Dicho de otra forma, su libro no analiza su proceso de creación, sino los motivos por los que su siembra fue rechazada durante cuatro meses. Lo que terminó por desvelar una lucha de poder (con demasiado dinero en juego) que a punto estuvo de costarnos el planeta.

 

Los meses del estío 3

 

12.7_ Un caso de consciencia

Si hacemos caso a sus fuentes, el diseño del microorganismo por parte de las empresas de bioingeniería no buscaba un rédito económico o político; lo que las empresas querían era limpiar su imagen.

Y aunque dudo mucho que desconocieran su potencial desestabilizador, es verdad que ese pudo haber sido su objetivo principal. En los últimos meses, su imagen pública había quedado seriamente dañada por los «efectos secundarios» de sus procesos industriales: al fin y al cabo, habían sido sus emisiones las que habían disparado el calentamiento global… Unas emisiones que —todo sea dicho— habían logrado reducir en tiempo récord.

Pero ya era tarde: el descrédito que se habían granjeado en la opinión pública redundaba en su influencia dentro de la Alianza. Y por entonces el abanico de rubros que comprendía la Alianza era mucho más amplio que el que hay hoy en día.

 

12.8_ Las empresas extractoras

Llegados a este punto, es importante recordar que, en sus orígenes, la Alianza fue un convenio entre empresas extractoras. Y si bien durante la Década Oscura muchas dieron un giro hacia la bioingeniería, una vez pasada la crisis (y tras el «escándalo de las emisiones») su tendencia fue retornar a sus rubros primarios.

Por otra parte, a la interna de la Alianza se sabía muy bien que, si los bioingenieros sembraban sus microorganismos, la captación de metano se reduciría drásticamente. Por lo tanto, a principios del verano de 2037, la facción vinculada al negocio del metano cortó de raíz cualquier intento de siembra.

 

12.9_ Riesgos «asumibles»

Y no solo eso. El límite de fugas en el proceso de captación se fijó en un generoso diez por ciento: si lograban mantenerse por debajo de ese límite, los perjuicios ambientales serían «asumibles».

Para entender los motivos de semejante temeridad es necesario tener presentes dos factores. En primer lugar: la inversión multimillonaria que se había realizado en la isla aún no había sido amortizada. Y, en segundo término: las empresas dedicadas «en exclusiva» al negocio de la captación eran pocas, la mayor parte del capital había sido aportado por empresas dedicadas a otros rubros, lo que explica que el interés por viabilizar la captación fuera mayoritario dentro de la Alianza.

Todos confiaban (con una fe casi religiosa) en que los números se ajustarían a sus deseos. Por desgracia, la realidad se terminó imponiendo.

 

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12.10_ El inicio del cambio

Las fugas se estimaron en un dieciocho por ciento, muy por encima del diez por ciento admisible. Y aunque estos datos no trascendieron a la opinión pública, fueron vox populi a la interna de la Alianza.

Las empresas de bioingeniería aprovecharon la coyuntura. Durante el verano habían logrado demostrar (en el laboratorio, dado que se les había prohibido hacer estudios in situ) que sus microorganismos eran capaces de procesar entre un noventa y tres y un noventa y ocho por ciento del metano expelido por el permafrost.

En esta ocasión, la propuesta fue escuchada con un poco más de interés que el mes anterior… Y como resultado, las empresas de captación de metano desplegaron una campaña de descrédito.

 

12.11_ La guerra secreta

Compararon la gestión de la crisis actual, por parte de las empresas de bioingeniería, con la que llevaron a cabo durante la hambruna del veinte. Así como entonces (para solucionar un problema acuciante) habían implantado una tecnología sin prever sus consecuencias (lo que a la larga había provocado un problema mayor), ahora (para limpiar su imagen) pretendían implantar otra tecnología sin prever sus consecuencias.

Ellos, por el contrario, sí que lo habían hecho. Admitían que no habían logrado rebajar las emisiones hasta el «deseable» diez por ciento, pero en apenas dos años habían conseguido reducirlas a menos de una quinta parte; si esa tendencia continuaba —y seguro que lo haría—, el año siguiente las emisiones se mantendrían muy por debajo del nivel admitido.

Las empresas de bioingeniería no respondieron: eran conscientes de que cada cual escucharía lo que quisiera escuchar. En su lugar, se limitaron a trasmitir sus datos y a asegurarse de que los informes sobre las emisiones de metano se expandieran por la Alianza.

Según Lozano, también evaluaron la posibilidad de filtrarlos a los medios, pero esa posibilidad fue descartada de inmediato: a esas alturas todas las empresas sabían que los conflictos dentro de la Alianza, debían ser resueltos a la interna de la Alianza.

 

12.12_ Piedra de toque

Curiosamente, hubo un factor que ninguno de los dos bandos tuvo en cuenta y que terminó siendo decisivo en el desarrollo de los hechos: por entonces, muchos de los altos directivos de las empresas de la Alianza vivían en las metrópolis del hemisferio norte —Nueva York, Los Ángeles, Londres, París, Berlín, Moscú— y, por tanto, en mayor o menor medida ya estaban sufriendo los efectos del Colapso. Quienes vivían en Los Ángeles o París padecían sequías y olas de calor; quienes vivían en Nueva York o Londres, crecidas e inundaciones; y Berlín y Moscú estaban siendo asoladas por intensas temporadas de lluvia.

En otras palabras, por primera vez los inversores no pudieron desvincular sus negocios del mundo en el que vivían; tuvieron que aceptar que sus decisiones no solo repercutirían en el aumento o disminución de sus cuentas bancarias, sino también en el estado general del planeta. Y lo que era más importante: que sus cuentas bancarias no les servirían de mucho si no disponían de un lugar donde gastarlas.

 

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12.13_ La cruda realidad

Fue ese miedo el que empezó a inclinar la balanza hacia las empresas de bioingeniería. Una diferencia de un diez por ciento en las emisiones de metano del año siguiente podía significar que gran parte de sus propiedades terminaran bajo las aguas (o en medio del desierto) así que, por primera vez, los directivos estudiaron los informes técnicos con más detenimiento que los económicos.

Las empresas de bioingeniería reconocieron esa inquietud y ajustaron sus herramientas de comunicación para adaptarse a ella. Aunque lo cierto es que no fue necesario ajustarlas demasiado: los datos hablaban por sí solos, lo único que tuvieron que hacer fue exponerlos de un modo didáctico.

De este modo, si bien la política oficial siguió siendo la misma —exigir a las empresas de captación de metano que perfeccionaran sus sistemas—, a lo largo de septiembre, las empresas de bioingeniería empezaron a recabar decenas de apoyos informales.

 

12.14_ La presión de los medios

A finales de ese mes se hizo público un informe sobre la reducción del manto de hielo de Groenlandia. Lo emitió el gobierno de la isla y los medios se encargaron de difundirlo.

A falta de información oficial sobre las emisiones de metano, el deshielo de los glaciares era un buen termómetro de lo que estaba ocurriendo. Climatólogos independientes calcularon las emisiones de gas (extrapolando esos datos) y, al parecer, se aproximaron bastante a la realidad.

De inmediato, los medios comenzaron a exigir que se hicieran públicas las cifras oficiales. El año anterior, el informe final se había presentado en la última semana de septiembre, por lo que, a mediados de octubre, la presión ciudadana se volvió insoportable. En especial en el hemisferio sur —donde la sensación de estar siendo afectados por decisiones de otros se había generalizado—, pero también en el norte.

 

12.15_ Sobre la libertad de prensa

Llegados a este punto, debo hacer otra puntualización.

Aunque los principales accionistas de los medios de comunicación privados —tanto de Europa como de América del Norte— formaban parte de la Alianza, sus medios, como tales, seguían manteniendo cierto grado de independencia.

Y con independencia me refiero al derecho a pedir explicaciones.

Gracias a eso, cuando a mediados de octubre seguía sin haber datos oficiales, los medios de comunicación se hicieron eco de las protestas y pusieron el grito en el cielo.

Que lo hayan hecho no significa que haya servido, pero al menos pudieron hacerlo.

Lozano explica en el prólogo de su libro que fue en ese momento —frustrada de impotencia ante el muro de silencio de las empresas— que decidió investigar el tema.

 

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12.16_ La gota que derramó el vaso

Y sin embargo, incluso en estas circunstancias las cosas no empezaron a cambiar hasta que se produjo otra tragedia.

Entre el dieciséis y el veintiuno de octubre, el azote de un tifón (sumado al reciente aumento del nivel de las aguas) sumergió la zona céntrica de Hong Kong.

El fenómeno se desató a tal velocidad que fue imposible evacuar a sus habitantes. Las imágenes de los sobrevivientes —hacinados en el Victoria Peak o en los rascacielos de la City y Kowloon— recorrieron el mundo; pero a la interna de la Alianza, el impacto del fenómeno de debió a otro motivo. Casi todas sus empresas tenían intereses en esa ciudad: todas perdieron empleados en la tragedia y —lo que les era más importante— todas perdieron negocios billonarios.

Como es lógico, las empresas de bioingeniería no dudaron en volver a echar mano de los datos para demostrar que, debido a los flujos de las corrientes oceánicas, el deshielo de los glaciares de Groenlandia había influido (al menos en parte) en el aumento del nivel del mar en esa zona del planeta.

 

12.17_ Nunca fue un juego

Las especulaciones medioambientales de los últimos meses se revelaron fallidas y, al igual que solían hacer los mercados, el Colapso se había cobrado de inmediato la mala inversión.

De hecho, tras lo ocurrido en Hong Kong, comprendieron que con el clima no se podía especular; que a diferencia de la especulación con capitales —donde una mala inversión se solventaba con otra—, en lo referente al clima toda mala inversión suponía una pérdida irrecuperable.

El miedo volvió a atenazar a la Alianza, pero, esta vez, de un modo distinto; Lozano lo describió como el temor que puede sentir alguien, volando a diez mil metros de altura, al saber que ha muerto el piloto y no hay nadie que sepa pilotar el avión.

En otras palabras: lo que los aterró no fue descubrir que el negocio de la canalización de metano era un avión que no sabían pilotar; lo que los horrorizó fue tomar consciencia de que el avión ya estaba a diez mil metros de altura y que, si no encontraban a alguien que pudiera bajarlo, morirían estrellados.

 

12.18_ El triunfo de la bioingeniería

Por suerte para todos, ese alguien ya estaba allí.

A finales de octubre de 2037 se informó a la opinión pública sobre el inicio de la «siembra» de microorganismos de diseño. La operación tardó dos meses y sus resultados fueron más que aceptables. En marzo de 2038, las emisiones totales de metano ya habían descendido a la cuarta parte; en julio, apenas llegaban a un cinco por ciento.

Más o menos por esa fecha, la mayoría de las empresas dedicadas a la canalización de metano dieron quiebra: la obtención de menos de la vigésima parte del gas que se había previsto no justificaba la infraestructura.

El gobierno de Groenlandia compró las instalaciones a precio de saldo y las mantuvo activas; no por el rédito económico (de hecho, su mantenimiento daba pérdidas), sino para asegurarse de que no se vertiera a la atmósfera el poco gas que los microorganismos no lograban tansformar.

 

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12.19_ Consecuencias

Gracias a esas dos acciones, a mediados de 2038 se puso fin a las emisiones de metano, con lo cual, puede decirse que culminó la etapa desestabilizadora del Colapso. Sus efectos, obviamente, persisten hasta nuestros días, pero a partir de entonces —y con el correr de los años— esos efectos se han ido atenuando.

Estudios recientes sugieren que, en la última década, el clima ha alcanzado un nuevo equilibrio. Un equilibrio distinto al de principios de siglo, pero un equilibrio al fin. Si a finales de 2037 no se hubiesen tomado las medidas que se tomaron, la situación, en estos momentos, sería muy distinta.

Como es lógico, esa no fue la única consecuencia del éxito de los microorganismos: a través del sembrado del permafrost, las empresas de bioingeniería le ganaron el pulso a las de extracción de combustibles, lo que trastocó el equilibrio de poder dentro de la Alianza.

A nivel histórico no es un dato menor. La sociedad en la que vivimos es consecuencia directa tanto del Colapso como de la influencia de la bioingeniería a la interna de la Alianza… y esa influencia comenzó a finales de 2037.

Debido a eso, y visto en perspectiva, Los meses de estío es mucho más que un trabajo periodístico: es una crónica detallada —la única, quizás— de un momento crucial en la historia de la Alianza; un momento cuyas consecuencias nos siguen afectando.

 

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NOTA: Todas las imágenes han sido extraídas de los registros en video del «proyecto DAVID»: el nombre por el que se conoció, a la interna de la Alianza, el desarrollo del microorganismo encargado de la captación de metano.

 

 

 

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