En los capítulos anteriores he intentado exponer los efectos del Colapso como una sucesión de causas y efectos. Lo cual era esencial para entender las decisiones que se tomaron durante sus primeros años.

Sin embargo, tras los acontecimientos descritos en Los meses de estío, esa cronología es menos importante que los efectos sociales a los que dio lugar. Para empezar, porque las catástrofes por sí solas no explican los procesos históricos de la década del cuarenta y, en especial, porque no disponemos de datos fehacientes: una de las primeras consecuencias del Colapso fue el desmantelamiento de los sistemas informativos.

En primer lugar, porque las catástrofes naturales barrieron muchas de las infraestructuras necesarias para mantener al mundo conectado y, en segundo término, porque los Estados tenían demasiados problemas como para invertir sus escasos recursos en recuperarlas. Debido a eso, a principios de la década del cuarenta eran pocos los sitios en los que se tenía noticias de lo que ocurría a nivel global.

 

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13.1_ Héroes anónimos

Si aun así disponemos de información es, en gran medida, gracias a que la profesionalidad no es fácil de erradicar.

A principios de la década del cuarenta, la mayoría de los periodistas eran refugiados climáticos, pero incluso en una situación tan precaria, muchos de ellos se convirtieron en cronistas de lo que estaban viviendo.

En la medida de lo posible, subieron sus informes a los restos de la antigua red. El territorio de lo que hoy denominamos «la Unión» fue uno de los últimos nodos en caer. Y las ciudades siguieron recogiéndolos y catalogándolos hasta su caída.

De hecho, una de las últimas en caer fue Madrid —en 2047— y, para entonces, los campos de refugiados ya se habían asentado lo suficiente como para tomarle el relevo.

 

13.2_ Las generaciones perdidas

Como resultado directo de la Década Oscura y el Colapso, en todo el territorio de la Alianza (y, probablemente, en el resto del mundo) se observa un fenómeno evidente: el porcentaje de población comprendida entre los cuarenta y los sesenta años es muy inferior a la media.

Del mismo modo que en China se produjo una «generación perdida» —debido a la represión de finales de los veinte—, a nivel global también puede hablarse (no ya de una, sino) de dos generaciones perdidas. Las de los nacidos entre mediados de la década del veinte y mediados de los cuarenta.

 

13.3_ El derrumbe demográfico

A este bache en la natalidad hay que sumarle otro dato trascendente. En apenas dos décadas murieron cientos de millones de personas. Los primeros diez años debido a la hambruna y sus secuelas, y los segundos por los efectos del Colapso.

El efecto demográfico fue devastador a nivel global. Sin embargo, como siempre sucede, la mayoría de las muertes se produjeron entre los grupos más débiles —es decir, entre niños y ancianos—; lo cual incrementó los efectos de la bajada de natalidad.

Dado que no existen datos precisos del número total de nacimientos y defunciones durante dicho período, el mejor modo de hacerse una idea de lo ocurrido es comparar dos cifras.

En 2013 la ONU estimó que la población mundial, en el año 2050, alcanzaría los nueve mil seiscientos millones de personas. En la actualidad, los datos más precisos manejados por la Alianza estiman que la población mundial se encuentra en el entorno de los cinco mil trescientos millones.

 

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13.4_ La Gran Migración Climática

A estas dos catástrofes demográficas hay que agregar un tercer factor que, al mismo tiempo, fue causa y consecuencia de los otros.

Desde finales de la década del treinta hasta finales de la del cuarenta los movimientos migratorios globales superaron (en número de personas) a las poblaciones asentadas.

A este fenómeno se lo conoce como la Gran Migración Climática aunque, en la práctica, fueron decenas de movimientos migratorios que se desarrollaron a la vez, superponiéndose, cruzándose y, en muchas ocasiones, entrando en conflicto.

 

13.5_ Los límites de la investigación

Carecemos de datos precisos respecto al volumen y recorrido de dichas migraciones. Las redes de investigación científica se habían visto tan afectadas como los sistemas informativos, por lo que, al momento de producirse las migraciones, no existía la infraestructura necesaria para realizar censos de población —o cualquier otro tipo de estudio a gran escala— de forma independiente.

Los únicos datos fiables de los que se dispuso durante aquellos años (y de los que se sigue disponiendo hoy en día) fueron tomados por distintas empresas de la Alianza. Sin embargo, si bien esos datos fueron esenciales para la planificación de los campos de refugiados al interior su territorio, su relevancia global es más que relativa, dado que las principales masas migratorias se hallaban fuera del mismo.

 

13.6_ El fin de las fronteras

Con todo, de ellos pueden extrapolarse un par de conclusiones generales.

La primera es que, en el hemisferio sur, los movimientos migratorios se desarrollaron desde la costa hacia el centro de los continentes, mientras que en el hemisferio norte tuvieron lugar desde las zonas meridionales a las septentrionales.

Y la segunda es que fue por aquellos años cuando las fronteras entre Estados desaparecieron: fue tal la afluencia migratoria y tan poco el poder de los gobiernos que los contingentes atravesaron sus territorios sin siquiera tomar consciencia de que lo hacían.

Fueron fuerzas naturales, más que políticas, las que terminaron deteniéndolos: ya sea porque el lugar al que se dirigían —o por el que pretendían pasar— estaba devastado; ya porque alguna epidemia diezmaba su población; ya porque encontraban un lugar donde asentarse o porque se cruzaban con otra masa migratoria…, lo que la mayoría de las veces derivaba en un conflicto armado.

Hubo dos claras excepciones a esta libertad de movimiento. (Algunos dicen que tres, pero la tercena es imposible de comprobar).

Veámoslas por separado.

 

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13.7_ Segregación territorial china

A nivel político, China estaba dividida (y sigue estándolo) en provincias; aunque por diversas razones a algunas se las llama Regiones Autónomas, a otras Municipalidades y a otras directamente Provincias. (Incluso había dos: Hong Kong y Macao, a las que se las llamaba Regiones Administrativas Especiales; pero en el momento en el que se llevó a cabo la segregación territorial ya hacía cerca de un lustro que estaban bajo las aguas).

En China el tema no era nuevo: las restricciones migratorias internas venían produciéndose desde principios de siglo y, tras los alzamientos de la década del veinte, el control se había intensificado. Con esos antecedentes es fácil entender cómo el Partido, al detectar las primeras migraciones, logró cerrar las fronteras entre provincias en cuestión de meses.

Su política era que cada región debía hacerse cargo de sus ciudadanos. El gobierno central contribuiría al realojamiento de los refugiados climáticos siempre y cuando éstos no cruzaran las fronteras.

El objetivo del Partido era mantener controlado a su pueblo: temían que un cambio repentino de su distribución demográfica debilitara su poder. Nunca sabremos el coste en vidas de semejante decisión, lo único seguro es que al Partido la estrategia le funcionó: no solo no perdió poder, sino que terminó sirviendo de ejemplo para el resto del mundo. Las restricciones circulatorias de la Alianza, sin ir más lejos, son un calco de la segregación territorial china.

 

13.8_ El origen de la Nueva Disidencia China

Con todo, su política tuvo un efecto secundario que el Partido no previó.

Al obligar a cada región a hacerse cargo de sus ciudadanos reafirmó el poder territorial de sus responsables políticos. Y lo que es más importante: consiguió que sus ciudadanos dejaran de reconocerse como integrantes de la República Popular China para asumirse únicamente como habitantes de su región. ¿Qué los vinculaba a los ciudadanos de unas provincias que jamás pisarían y que les disputaban los escasos recursos distribuidos desde Pekín?

Ese regionalismo propició el surgimiento de un nuevo tipo de organización política; un conjunto de agrupaciones de corte feudal autodenominadas «Nueva Disidencia».

Como vimos en su momento, lo único que vincula a la Nueva Disidencia China con aquella que fue diezmada en la década del veinte es la presencia de algunos de sus antiguos miembros. De hecho, el mejor modo de describirla es como un conjunto de «mafiocracias» locales —muy rentables, por cierto— dispuestas a defender su feudo con todos los medios a su disposición.

Es verdad que se oponen al Partido, pero solo como forma de afianzar su poder. E incluso así, en la actualidad su base social está tan afianzada que, por primera vez en cien años, existe una oposición real capaz de hacerle frente.

 

13.9_ El genocidio del Mediterráneo

La segunda excepción a la libertad de movimiento se produjo en Europa.

Los flujos migratorios a través del Mediterráneo —desde África hacia ésta— fueron relativamente importantes a finales del siglo XX y principios del XXI. La crisis alimentaria de la década del veinte la disparó aún más y, ya a finales de los treinta —dado que la misma sequía que asolaba el sur de Europa estaba devastando el norte de África—, se convirtió en una vertiente más de la Gran Migración Climática.

Frente a eso, los países del sur de la Unión —que en muchos casos ya ni eran «países»— respondieron con una violencia inusitada. Dedicaron parte de los escasísimos recursos de que disponían a decretar un cierre de fronteras marítimas, y dieron aviso de que hundirían cualquier embarcación extranjera que intentase tomar la costa de forma ilegal.

Estas decisiones políticas se debieron, en gran mediad, a la xenofobia y el fanatismo religioso que había estado enquistándose durante los últimos veinte años. Los atentados terroristas primero y las catástrofes climáticas después dispararon una espiritualidad fervorosa que se expandió por Occidente. Surgieron agrupaciones religiosas de base cristiana (católicas, ortodoxas, protestantes, evangélicas…) en casi todas las comunidades migrantes.

Años más tarde, la Alianza lograría unificarlas en una religión oficial (la IUNA: la Iglesia Unificada de la Nueva Alianza), pero en aquel entonces casi lo único que las vinculaba era el reconocimiento de un enemigo común. No es casual que la mayoría de los inmigrantes muertos en aquellos años provinieran del Magreb islámico. Esa masacre de jóvenes —de la que tampoco hay cifras oficiales— y, en particular, su evidente motivación religiosa, propició el odio hacia Occidente que culminaría en la Yihad del 55.

Pero ese tema lo abordaremos en capítulos posteriores.

 

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13.10_ En la frontera de lo demostrable

La tercera excepción a la libertad de movimiento no ha podido ser confirmada. Quienes defienden dicha tesis la ubican en la frontera entre México y Estados Unidos.

Es verdad que a principios de siglo existió un férreo control migratorio por parte de este último —un control que llegó al paroxismo a finales de la década del diez—, pero esos controles se suavizaron (y mucho) a mediados de la década del veinte, cuando la crisis alimentaria obligó a Estados Unidos a importar productos de América Central (que no se vio tan afectada por las bajas temperaturas).

Los acuerdos comerciales de aquellos años incluían la aprobación de leyes migratorias más laxas y es poco probable que esa laxitud se resintiera debido al Colapso. No porque no quisieran recortarla (o porque no perviviera la mentalidad proteccionista), sino porque el suroeste de Estados Unidos se estaba desertizando y el sureste era un hervidero de huracanes; dicho de otra forma, porque logísticamente resultaba inviable.

Los defensores de esta teoría plantean que el gobierno estadounidense no estaba dispuesto a invertir recursos en migrantes extranjeros cuando apenas podía hacer frente a las oleadas de migración interna.

Sin embargo, en la práctica no fue «el gobierno» el que hizo frente a sus oleadas de migración interna. Al igual que en la Unión Europea y la Federación Rusa, fueron las empresas de la Alianza —por medio de la construcción y gestión de los campos de refugiados— las que lograron paliar la crisis.

 

13.11_ La gestión de la tragedia

Lo que nos lleva a la siguiente pregunta: ¿cómo respondieron los Estados a los efectos del Colapso?

Esta cuestión es esencial para entender lo ocurrido durante aquellos años. Y, como es lógico, su respuesta depende de la zona del mundo que queramos analizar. A efectos de este estudio, nos referiremos a los Estados pertenecientes al territorio gestionado por la Alianza.

Y para hacerlo, lo primero que debemos recordar es que eran gobiernos desfinanciados. Estados que acababan de salir de una crisis alimentaria sin precedentes a través de una descomunal inversión en I+D+i y otra descomunal reconversión industrial… que había terminado en manos privadas.

Y todo esto había sucedido antes del Colapso.

Teniendo en cuenta esto, se entiende por qué a finales de la década del treinta los Estados ni siquiera fueron capaces de sustentar su propia infraestructura (y mucho menos de lidiar con grandes masas de desplazados) al ver que gran parte de su territorio se estaba convirtiendo en una «zona catastrófica». Así que no tuvieron más remedio que claudicar y volver a recurrir a las empresas privadas.

 

13.12_ El auge de la bioingeniería

A diferencia de los Estados, las empresas prosperaron a lo largo de aquellos años; en especial, las vinculadas a las bioingenierías.

Fue por entonces cuando la bioingeniería médica, ambiental y militar experimentaron su mayor desarrollo. Un desarrollo cuyo punto culminante fue el diseño de la Tríada: las tecnologías que afianzaron el poder de la Alianza a principios de los 50.

Pero de eso hablaremos en el capítulo siguiente; lo importante ahora es que, a principios de los 40, las cosas ya le estaban yendo bien. Sus intereses económicos se habían centrado, desde sus orígenes, en los territorios septentrionales de América, Asia y Europa, los cuales (paradójicamente) se vieron beneficiados por el cambio climático. Al margen de las perdidas evidentes en una catástrofe global, sus inversiones principales no solo no se perdieron, sino que se convirtieron (con diferencia) en los activos más seguros del mundo.

Ni siquiera a las empresas extractoras de materias primas les estaba yendo mal. Superado el traspié de Groenlandia, habían centrado sus esfuerzos en el Ártico, donde sus proyectos de extracción se estaban desarrollando a gran velocidad.

 

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13.13_ La caída de los Estados

Pero volvamos a los Estados y el modo en que hicieron frente a las migraciones masivas.

Como era de esperar, dadas sus circunstancias, no tuvieron más remedio que recurrir a la ayuda privada. En Europa, América del Norte y gran parte de Asia dependían (aunque sus dirigentes se negaran a admitirlo) de la producción de la Alianza tanto para el abastecimiento de comida como de ayuda humanitaria. El problema (sobra decirlo) es que no podían pagarlos.

Al principio las empresas realizaron generosas donaciones y estipularon planes de financiación para ayudarlos a ponerse al día; sin embargo, incluso así, los Estados no pudieron hacer otra cosa que endeudarse cada vez más.

Conforme los períodos de gobierno de sus líderes se fueron agotando (y dado que era imposible realizar elecciones con la mayor parte de su población desplazada) su legitimidad fue decayendo. Hasta el punto de que las propias empresas dejaron de asumirlos como interlocutores válidos.

Además, a esas alturas cabía preguntarse interlocutores de quiénes porque las masas migratorias que recorrían la Unión, la Federación Rusa o América del Norte, nada tenían que ver con la población inicial de cada territorio.

 

13.14_ Misiones humanitarias

Cuanto más se separaban las empresas de los Estados, más amplias se volvían sus «misiones humanitarias».

Comenzaron a llamarlas así para dar a entender que no exigirían ninguna retribución económica a cambio de su ayuda, aunque su gestión no respondió a ningún control salvo el de las empresas que las realizaban. Ni siquiera la ONU era capaz de auditarlas: aunque en los papeles siguiera existiendo, el mero decaimiento del poder de los Estados la volvía inoperante.

 

13.15_ Traslado del poder efectivo

Ante semejante vacío de poder, la Alianza fue absorbiendo una a una las competencias de los Estados.

A mediados de la década del cuarenta, las empresas de la Alianza comenzaron a militarizarse. Afortunadamente, su junta directiva (formada por representantes de cada una de estas empresas) previó que eso daría lugar a conflictos armados y decretó que el ejército respondería a un mando central de la Alianza ejercido por consenso. Esto dio origen a un estricto protocolo de actuación que, entre otras cosas, prohibía el uso de personal militar en la resolución de disputas internas.

Hoy todos los historiadores coinciden en que ese fue el primer paso en la transformación de la Alianza desde un conglomerado de empresas a un poder territorial.

 

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13.16_ Gobiernos alternativos

Durante aquellos años también se produjeron varios intentos de autogobierno ciudadano (en su mayor parte llevados a cabo por antiguos participantes de las REC), sin embargo, esos intentos nunca se expandieron más allá de pequeñas comunidades y, en el mejor de los casos, apenas duraron unos meses.

Una vez que el poder pasó (de facto) a manos de las empresas, sus misiones humanitarias encauzaron los movimientos migratorios hacia los campos de refugiados que habían implantado previamente. Y salvo en Picos de Europa (donde los representantes civiles de los refugiados siguieron en activo), esos autogobiernos se disolvieron de forma natural en cuanto el contingente llegaba a la égida de las misiones humanitarias.

Sé que lo que acabo de describir podría parecer un eufemismo, una forma de ocultar una política represiva, pero lo cierto es que el proceso, en sí, fue sorprendentemente pacífico. Como expliqué al principio del capítulo, la mayoría de los movimientos migratorios en el hemisferio norte se desplazaban hacia latitudes septentrionales; por lo tanto, lo único que las empresas tuvieron que hacer fue dirigirlos hacia enclaves estratégicos ubicados cerca de sus rutas. Al ver que disponían de un sitio seguro donde asentarse, las columnas de refugiados se mostraron más que dispuestas a retornar al sedentarismo.

 

13.17_ Reasentamiento

Es un hecho bastante constatado que las impulsoras de esta estrategia fueron las empresas rusas de la Alianza. Según se cree, su referencia fue la política del Gulag estalinista: es decir, la política de ubicar forzosamente a núcleos poblacionales en áreas estratégicas para asegurar su desarrollo económico.

Lo irónico es que, los mismos lugares que un siglo atrás presentaban un clima extremo, ahora suponían el objeto de deseo de la población migrante; así que, como cabía esperar, su experimento fue un éxito.

Los refugiados —como se los empezó a llamar a partir de entonces— veían en el sedentarismo un retorno al orden perdido. Si bien a esas alturas las migraciones habían dejado de ser anárquicas, la sensación de inseguridad nunca se había perdido. Saber que al día siguiente estarían en el mismo sitio resultaba reconfortante.

Unos seis meses después de la llegada a los campos —es decir, una vez que los refugiados se hubieron habituado a sus nuevas (y más estables) condiciones de vida— comenzó la segunda fase del plan. El proceso se denominó Sistema de Retribución Civil, y es imprescindible comprenderlo para entender lo ocurrido en los doce años siguientes. El período que medió entre el establecimiento de los campos y el inicio de la Estandarización.

Sin embargo, antes de profundizar en ese tema, dedicaré el siguiente capítulo a repasar los avances de la Alianza a finales de los cuarenta. Al fin y al cabo, el proceso de Estandarización (y el cierre de los campos de refugiados) no podría entenderse sin ellos.

 

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