De la infinidad de entrevistas concedidas por los desarrolladores de los ordenadores cuánticos podría extraerse una idea común: todos los que trabajaron en el proyecto original estaban convencidos de que los ordenadores cuánticos reconstruirían el mundo. La mayoría tenían una imagen idealizada de lo que había sido el planeta antes de la Década Oscura y el Colapso y creían firmemente en que podrían recuperarla.

Y en cierta medida lo hicieron. Gracias a los ordenadores cuánticos (en particular) y al resto de Tríada (en general), la Alianza recuperó (y exacerbó) las tendencias globales de la década del diez y principios del veinte.

Pero ¿qué tiene que ver todo esto con los campos de refugiados y los ordenadores neuronales?

Aunque esta introducción no parezca abordar el tema, mi objetivo es que, una vez que hablemos de ellos y del proceso de Estandarización, queden claros sus vínculos. A eso dedicaré este capítulo y los capítulos siguientes.

 

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15.1_ El desarrollo de las neurociencias

Las neurociencias, tal como las conocemos hoy en día, surgieron a finales del siglo pasado, pero lo hicieron con tanta fuerza que ya en la primera década de nuestro siglo había autores que se basaban en sus postulados para cuestionar nuestro libre albedrío o para plantear una Ética con bases neuronales.

Su auge se debió al manejo de imágenes cerebrales gracias al desarrollo de la resonancia magnética funcional (que nada tiene que ver con las tabletas de diagnóstico que usamos hoy en día). Los antiguos escáneres pesaban cientos de kilos y empleaban campos magnéticos veinte mil veces superiores a los de la Tierra.

Aun así, la posibilidad de analizar la actividad de un cerebro vivo y descubrir qué áreas se activaban o desactivaban en función de la tarea brindó acceso a un conocimiento totalmente novedoso. Y más si esos datos eran tomados en medio de pruebas psicológicas del tipo de las desarrolladas por Malcuori.

Así pudieron confirmarse hipótesis que venían barajándose desde hacía tiempo: como que cierto tipo de razonamiento, vinculado a las relaciones personales y a la inhibición de la conducta antisocial, se localiza en el área prefrontal del cerebro; o que existen un tipo de neuronas — llamadas neuronas espejo— que están directamente asociadas a las capacidades sociales del individuo (en especial a la empatía); o que la memoria no se aloja en una parte específica del cerebro sino que está compuesta de interconexiones neuronales que se fijan, en gran medida, gracias a las emociones. Y eso solo por citar algunos ejemplos.

Sin embargo, por muy vertiginoso que haya sido su avance a principios de siglo, fue recién en las décadas del cuarenta y cincuenta cuando sus conclusiones pudieron llevarse a la práctica.

En 2040, las empresas de bioingeniería médica lanzaron las tabletas de diagnóstico (que por entonces solo eran equipos portátiles de resonancia magnética) y, gracias a ellas, pudo determinarse con total precisión qué áreas del cerebro recibían y procesaban los estímulos sensoriales; lo que a su vez habilitó la inducción estímulos artificiales a través del empleo de dispositivos externos. Ese fue el punto de partida para el desarrollo de los VRD en 2042.

 

15.2_ VRD vs. ordenador neuronal

A diferencia de lo que muchos creen, los dispositivos de realidad virtual (o VRD) no predicen conductas, ni transcriben pensamientos, ni guardan recuerdos. Eso solo pueden hacerlo los ordenadores neuronales, cuyo prototipo es de mediados de la década del cincuenta. Tanto la memoria como la conducta surgen de conexiones neuronales complejas, por lo que solo pueden ser estudiadas a través del «mapeo cerebral» —un nombre demasiado esquemático para definir un proceso múltiple a distintas escalas—, y esa técnica solo pudo abarcar la totalidad del cerebro gracias al empleo de ordenadores cuánticos (que, recordemos, se desarrollaron cuatro años después que los VRD).

Como apunte histórico, es importante señalar que ya en la década del diez el Human Brain Project (financiado por la Unión Europea y con sede en Suiza) tenía por objetivo trazar ese «mapa» de la actividad de las neuronas del cerebro humano. Pero el primer modelo informático de un cerebro humano fue presentado recién en 2050, en el Simposio de Neurociencias de Tromsø. De hecho, esa fue la razón por la que el congreso despertó interés y no la teoría de los paquetes de información que, a decir verdad, durante el congreso pasó desapercibida.

 

15.3_ La teoría de los paquetes de información

Incuso a día de hoy, esta teoría es motivo de controversia entre los expertos, que no han tomado una postura unánime respecto a la misma. Sus discrepancias se derivan de sus implicaciones filosóficas.

La teoría analiza la realidad como «paquetes de información» —en lugar de como materia y energía— y plantea que habitamos una «multiplicidad» —un gigantesco experimento del gato de Schrödinger— en la que nuestro cerebro, a escala subatómica, «elige» en cada momento qué datos da por reales. En otras palabras: la realidad no es más que una selección restringida de la información que nos rodea.

Pero al margen del tipo de «realidad» que la teoría sugiera, nadie discute que su base matemática es impecable (varios equipos la revisaron al detalle y no le encontraron fisuras) y que el desarrollo de los ordenadores neuronales no podría entenderse sin ella; así que es evidente que la teoría funciona… O, dicho de otra forma: hasta ahora la teoría no ha podido refutarse de forma empírica (que es el modo en que ha operado la ciencia en el último siglo).

También hay que decir que el Simposio de Tromsø de 2050 (en el que fue presentada) no fue tan memorable como se intenta hacer creer. Su buque insignia —el modelo informático del cerebro— terminó siendo un prototipo; un simulador mucho menos preciso de lo que se había prometido. Y por entonces la teoría de los paquetes de información no era más que una de tantas teorías que intentaban explicar el modo en que nuestro cerebro procesa la información.

 

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15.4_ La intuición de Lawrence Crawford

Y es probable que no hubiera pasado de allí si Lawrence Crawford —un bioingeniero inglés que hasta entonces había trabajado en temas militares— no le hubiera vislumbrado un uso práctico. Según ha explicado muchas veces, la inspiración le vino al asociar la teoría que se estaba exponiendo a dos conocidas investigaciones anteriores.

En primer lugar, a la de los VRD. Como expliqué en el capítulo anterior, los sensores que envían los estímulos al cerebro son de origen biológico: de hecho, fueron desarrollados artificialmente a partir de las células musculares del pez torpedo y, en 2050, su eficacia como sustitutos de la actividad neuronal estaba más que demostrada.

Y en segundo término, la asoció a otro experimento bastante conocido que tuvo lugar a principios de siglo. A un hombre parapléjico se le implantó un electrodo de cristal en el cerebro y ese electrodo, al ser conectado a un ordenador, fue capaz de «leer» las señales emitidas por este. De esta forma, el hombre fue capaz de mover un cursor con solo pensarlo.

Uniendo la teoría a esos dos experimentos concluyó que, si era cierto que la realidad podía definirse como paquetes de información, ya poseíamos la tecnología necesaria para hacer llegar esos paquetes directamente al cerebro.

 

15.5_ El proyecto inglés

El paso siguiente, por tanto, fue desarrollar un biordenador que se injertase en nuestro cerebro y nos permitiera interactuar —a la vez— con la realidad física, la realidad aumentada y la realidad virtual. O, como solía decir Crawford: «que nos permita romper las fronteras de la realidad física para adentrarnos en el universo de la información».

Ese fue el origen de los ordenadores neuronales. Lo que vino después fueron cuatro años de intenso trabajo.

A diferencia del resto de avances científicos registrados en esas décadas, la investigación que dio lugar a los ordenadores neuronales se desarrolló en un único territorio —que solía llamarse Inglaterra— y en una única empresa —Uróboros— creada ex profeso por la Alianza.

La investigación se llevó a cabo en el más absoluto secreto. Aun así (o, quizá, precisamente por eso) al resto de científicos e ingenieros que trabajaban para la Alianza les llegaron constantes rumores sobre los avances del «proyecto inglés», como se lo llamaba en los corrillos. Los rumores abarcaban desde las noticias más grotescas hasta las proyecciones más halagüeñas.

Entre tanta habladuría y secretismo —los datos de la investigación siguen siendo información clasificada— resulta difícil sacar conclusiones sobre lo que realmente ocurrió. Sin embargo, al menos existen dos hechos ampliamente constatados.

 

15.6_ Datos y especulaciones

El primero es que tan importante como el hardware biológico fue el desarrollo de su sistema operativo —el SOON—, del que incluso hoy en día apenas se sabe nada.

Y el segundo es que el proceso no fue, ni de lejos, tan aséptico como se ha querido hacer creer a la opinión pública. Muchos historiadores (entre los que me cuento) creemos que Willam Smithson no fue la primera, sino la decimosexta persona a la que se le implantó un ordenador neuronal, solo que el resto de implantes no resultaron «viables». Pero si he dicho «creemos» es porque de los quince experimentos anteriores no han quedado registros en video, solo existen referencias indirectas en documentos desclasificados.

También es discutible la opinión, ampliamente extendida, de que William Smithson se presentó voluntario para el experimento. Es un hecho probado que Smithson fue uno de los detenidos en la revuelta del campo de refugiados de Manchester, y que seguía recluido en el momento en que se le realizó el implante. Eso no significa que no se haya presentado voluntario, pero resulta curioso que alguien que con tanta vehemencia se acababa de oponer a la Alianza, participara voluntariamente en un experimento de la Alianza en el que, para colmo, se estaba jugando la vida.

 

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15.7_ El arribo de los ordenadores neuronales

Fuera como fuera, el 4 de abril de 2054 Smithson fue presentado a los medios con tal alharaca que su nombre quedó asociado para siempre a los ordenadores neuronales. Smithson ha pasado a la historia como un pionero: el primer hombre en pisar «el universo de la información».

Entre los investigadores de la Alianza, muchos se preguntaron porqué se le estaba dando tanta cobertura al «proyecto inglés» cuando apenas se había hablado de los ordenadores cuánticos en el momento de su presentación. Algunos piensan que fue una respuesta a la falta de difusión de esa primera tecnología y otros, que a la Alianza le interesaba promocionar los ordenadores neuronales para predisponer a los refugiados a favor de la Estandarización.

Mi opinión es que fue una mezcla de ambas cosas, pero para entender el porqué, es necesario que retrocedamos diez años, hasta mediados de la década del cuarenta, y hablemos de los campos de refugiados.

 

15.8_ Sistema de Retribución Civil

Como vimos hace un par de capítulos, una vez que los Estados cayeron y el poder pasó (de facto) a manos de las empresas, estas implantaron campos de refugiados en puntos estratégicos y encauzaron hacia allí los movimientos migratorios.

Los refugiados —como se llamó a partir de entonces a los migrantes climáticos— vieron en el sedentarismo un retorno al orden perdido. (Saber que al día siguiente estarían en el mismo sitio era tranquilizador).

Seis meses después de su llegada comenzó la segunda fase del plan. El proceso se denominó Sistema de Retribución Civil, y es imprescindible analizarlo para entender lo ocurrido en los doce años siguientes. El período que media entre el establecimiento de los campos y el inicio de la Estandarización.

En un principio, el SRC fue un motivo de esperanza incluso entre los sectores más críticos dentro de la Alianza. Se promocionó como un modo de recuperar las prácticas sociales anteriores al Colapso. Los expertos aseguraban que la vuelta al trabajo de la mayor parte de los refugiados reforzaría su autoestima colectiva. Algo imprescindible en vistas a encarar la futura reconstrucción.

En su momento llegó a parecer incluso una obra social, pero con la perspectiva que da el tiempo (y los documentos desclasificados) es posible exponer sus claroscuros.

 

15.9_ Puesta en práctica del SRC

Para empezar, la denominación «Sistema de Retribución Civil» no es baladí. Es verdad que ante los refugiados se lo presentó como una forma de recuperar las prácticas laborales anteriores al Colapso, pero el trabajo no fue planteado como una antesala a la reconstrucción futura, sino como una «retribución» por los esfuerzos financieros que las empresas les estaban destinando.

Según los informes de la época, la mayoría lo vio con buenos ojos; al menos durante un tiempo. Fueron necesarios unos cuantos meses para que se hiciese evidente que las condiciones de trabajo a las que estaban siendo sometidos eran mucho más estrictas que aquellas que pretendían recuperar.

En la mayoría de los Campos el sistema fue el siguiente: se denominó Grupo Familiar al conjunto de personas que vivían bajo un mismo techo y se decretó que debían trabajar todos los miembros del Grupo comprendidos entre los dieciséis y los setenta años en jornadas laborales de nueve horas. A cambio se les brindaba alimentación, vestimenta y vivienda, tanto a los integrantes que estuvieran trabajando como a los que no.

Obviamente, la vivienda y la comida eran tan precarias como los campos. Salvo en aquellos asentados sobre ciudades a medio construir (o sobre los restos de ciudades abandonadas), las únicas construcciones sólidas eran sus recintos industriales.

Los que sí eran muy buenos eran los trajes de exopiel, que habían sido diseñados a finales de los treinta, pero que, ya por entonces, eran tan eficientes como ahora en lo que respecta a la regulación térmica.

 

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15.10_ Estabilizadores sociales

Y, por supuesto, también se le entregó a cada trabajador un dispositivo de realidad virtual con acceso a las redes sociales de Inmersión.

Hoy en día, resulta inevitable plantarse cómo fue posible mantener controlado a semejante número de personas empleando «tan solo» VRDs, pero, a mi entender, es un error pensar que en esos primeros tiempos fue necesario «mantenerlos controlados» teniendo en cuenta las condiciones que acababan de dejar.

De todos modos, soy de los que opina que, si las primeras revueltas en los campos de refugiados no se produjeron hasta principios de los cincuenta fue, en gran medida, debido a la distribución de VRDs y a otro importante estabilizador social: el rumor de que las ciudades se estaban reconstruyendo.

Digo «rumor» porque, aunque a finales de los cuarenta la noticia se esparció rápidamente, durante las revueltas de principios de los cincuenta nadie habló de las ciudades. Y por nadie no me refiero a los refugiados, sino a la dirección de la Alianza. Basta echar un vistazo a los documentos de la época para constatar que no hay registro alguno de los supuestos proyectos de reconstrucción y, sin embargo, una vez pasada la Estandarización, todas las ciudades estuvieron listas en menos de un lustro.

¿Significa eso que la reconstrucción de las ciudades solo existe en realidad aumentada?

Con los datos de los que se dispone en la actualidad ningún historiador se atrevería a afirmarlo. En lo que sí coincidimos la mayoría es en que ninguna ciudad empezó a restaurarse en la década del cuarenta. De hecho, la hipótesis más aceptada (y a la que me adscribo) es que las empresas de la Alianza pretendían mantener los campos de refugiados todo el tiempo que les fuera posible, y que el rumor sobre la restauración de las ciudades —así como el reparto de VRDs— fue una herramienta de estabilización social.

Dicho esto, hay que aclarar que el rumor de finales de los cuarenta no solo se extendió por los campos de refugiados. Los investigadores y mandos medios de la Alianza estaban convencidos de que las empresas intentaban fidelizar a los refugiados para asegurarse su futura mano de obra.

Fue necesario que pasara mucho tiempo para que captaran que los refugiados ya eran su mano de obra.

El proceso se produjo en paralelo a las revuelas de principios de los cincuenta. Pero de la estrategia económica de la Alianza y los disturbios en los campos de refugiados hablaremos en el siguiente capítulo.

 

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