Estamos tan habituados a los sistemas de producción actuales que uno de los errores más frecuentes, a la hora de analizar el Sistema de Retribución Civil, consiste en preguntarse, ¿de qué le servía a la Alianza disponer de trabajadores no cualificados (por muy baratos que fueran) si estos no eran capaces de mantener y reparar los robots de producción?

Y lo es porque al hacerla olvidamos un detalle: en la década del cuarenta, los robots de producción no existían. De hecho, la robótica como disciplina no se retomó hasta la década del cincuenta.

Cuesta recordar que la realidad en la que se vivía en la década del cuarenta era muy distinta a la actual; incluso era muy distinta a la de principios de la década del sesenta. En aquellos años aún no existían los ordenadores cuánticos, ni los paneles solares ultraeficientes, ni el FNA, ni mucho menos los ordenadores neuronales.

En aquella época —previa a la Tríada— la Alianza se dedicaba a la bioingeniería básica; lo que significaba que competía en igualdad de condiciones con China, la India y los Estados Asociados de Brasil. Y dado que esas tres potencias siempre habían contado con mano de obra barata, sus precios aventajaban en mucho a los nuestros.

 

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16.1_ Los restos del naufragio

Otro dato esencial que no suele tenerse en cuenta es que, incluso en las etapas más críticas del Colapso, el mercado siguió existiendo en ciertas zonas del planeta. Los alimentos, los trajes de exopiel, los VRD; todo dispuso de un mercado.

Y aunque la mayor parte de la producción de trajes de exopiel y VRD estaba destinada a los refugiados, no solo se producían para los refugiados… y lo que es más importante: la Alianza no solo producía esos productos.

A esto es a lo que hacía referencia en el capítulo anterior cuando dije que la Alianza había reinstaurado las estructuras de desigualdad anteriores al Colapso. Por entonces, los científicos, los administrativos, el personal de seguridad, los efectivos militares…; en definitiva, todo el personal de la Alianza tenía una excelente calidad de vida. Y no es necesario aclarar cómo vivían los funcionarios internos de la Alianza, o los altos ejecutivos de sus empresas miembro.

Este aumento de la desigualdad no se produjo solo en la Alianza: lo mismo ocurrió en las empresas chinas, indias y brasileñas. En total, no era más de un dos o tres por ciento de la población mundial, pero su nivel de consumo se hallaba muy por encima de la media. Incluso de la media anterior al Colapso.

 

16.2_ El rol de los campos de refugiados

Como es lógico, una vez resueltas las necesidades básicas de la población, las élites quisieron recuperar los bienes de consumo de principios de siglo. Sin embargo, dado que el Colapso se había llevado consigo la mayor parte de la producción anterior y, en muchos casos, habían echado a perder las materias primas en las que se basaban, fue necesario sustituir los antiguos productos por productos nuevos, con sistemas de producción derivados de la bioingeniería. Estos sistemas solían requerir mucha mano de obra y eso explica, más que cualquier otra cosa, la importancia de los campos de refugiados para la competitividad de la Alianza.

 

16.3_ El valor del mercado

Las preguntas que surgen a continuación son las siguientes: ¿qué necesidad tenía la Alianza de competir con empresas externas? ¿No podría haber comprado aquello que no producía y abastecerse del resto por sí misma?

Una vez más, estas preguntas parten de un error: suponer que, por entonces, la competencia era solo externa; cuando lo cierto es que en su mayor parte la competencia era interna, entre las empresas de la Alianza. De hecho, si a principios de los cuarenta su presupuesto para I+D+i pasó a manos de un consejo central fue, básicamente, por la ferocidad de esa competencia, y el derroche de recursos que estaba suponiendo.

Con todo, el principal motivo para que no se emplearan políticas proteccionistas fue otro; quizás más abstracto, pero no menos real: en aquella época era imprescindible mantener activo el comercio de bienes. La caída internet —debida al Colapso— no solo había vedado el intercambio de información; también había echado por tierra el mercado de capitales.

La informática cuántica y los superconductores simplificarían su recuperación, pero, de todos modos, serían necesarios otros diez años antes de que la red volviese a operar globalmente. Mientras tanto, si se quería asegurar la supervivencia del sistema, debía mantenerse activo el intercambio de bienes.

 

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16.4_ Cuestiones de competencia

Ahora bien, esa lógica de mercado (a la que no podía renunciar) había ubicado a la Alianza en una situación muy delicada.

Durante la Década Oscura y los primeros años del Colapso, China y la India habían desarrollado sus propias industrias de bioingeniería y, hasta mediados de la década del cuarenta, sus productos fueron mucho más competitivos que los de la Alianza.

El motivo, obviamente, era que disponían de mano de obra barata: gracias a las restricciones de desplazamiento y a un sistema industrial totalitario, China fue, durante más de quince años, la principal productora de bienes a nivel global. La siguió de cerca la India, que había transformado su sistema de castas en una jerarquía industrial tan férrea como la china.

Frente a semejantes sistemas, la Alianza no tenía nada que hacer. Durante los primeros años del Colapso, su único objetivo fue alejar a los grupos migratorios de sus áreas de producción para evitar que destruyeran sus instalaciones. Las políticas de gestión centralizada y diversificación productiva del I+D+i —desarrolladas por el lobby de las bioingenierías— le dieron un poco de aire, pero hasta que los rusos no implantaron con éxito sus nuevos «gulag» (y estos devinieron en los «campos de refugiados) el riesgo de ser barridos por la competencia estuvo más que presente.

Gracias a los campos, la Alianza dispuso de una mano de obra (casi) tan barata como la de China o la India y, para colmo, con una excusa humanitaria acorde al gusto occidental. La Alianza podría al fin ser competitiva… siempre que desarrollase un sistema productivo que sus trabajadores pudieran aceptar.

Eso fue el Sistema de Retribución Civil. Y ese es el motivo por el cual —en el capítulo anterior— dije que la intención de la Alianza era mantener los campos de refugiados el mayor tiempo posible.

 

16.5_ Estabilidad y revueltas

Otro de los errores habituales, al analizar este período, es asumir como evidente que, tarde o temprano, los refugiados se revelarían. Los datos demuestran que, en la mayoría de los campos, no se produjeron revueltas.

Para empezar, es importante tener presente que venían de soportar una situación aún más precaria: los campos supusieron una mejora notoria en sus condiciones de vida.

Por otra parte, no hay que menospreciar la importancia de los VRD como herramienta de estabilización social. La mayor parte de los trabajadores se conectaban ni bien regresaban a sus viviendas y solo se desconectaban para comer y dormir. (De hecho, hasta se dieron casos de personas que «dormían» en las RSI).

Era tan habitual que los refugiados perdieran la noción del tiempo que, en el 46, la habilitación del acceso pasó a ser diaria: a la salida de la fábrica, los trabajadores recibían un código con el que podían acceder durante las siguientes quince horas. Una vez pasado ese tiempo, para volver a conectarse, debían volver a la trabajar.

No es casual que los primeros refugiados en mostrarse descontentos fueran aquellos que no solían conectarse; como tampoco es casual que, ni bien empezaron a escucharse sus planteamientos, empezasen a correr rumores de que se estaban restaurando las ciudades. En última instancia, lo que sugerían era que valía la pena soportar las penurias presentes con tal de acceder a un mañana mejor… y que podían perder lo poco que tenían en caso de no hacerlo.

 

16.6_ Exégesis Profética

Para aquellos a los que estas cosas los traían sin cuidado existió una tercera vía: la religión.

La Exégesis Profética (el análisis de antiguas profecías en busca de «pruebas teológicas» de que el Colapso fue, en realidad, el Apocalipsis) se originó en los campos de refugiados. Y si bien nada hace suponer que se trató una idea de la Alianza, es indudable que esta propició (y mucho) su difusión interna. En los campos del sur de la Unión, el centro de América del Norte y buena parte de la Federación Rusa, la Exégesis Profética fue un bálsamo que igualó (e incluso llegó a superar) el poder apaciguador de las redes sociales de inmersión.

 

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16.7_ Catalizadores del conflicto

Incluso así, cuando se produjeron las primeras revueltas —a finales de 2051— nadie pareció sorprenderse. Para empezar, porque aquel año había convergido varios factores que aceleraron notoriamente el conflicto.

El más evidente es que 2051 fue el año en el que la Alianza desarrolló el FNA. En otras palabras, fue el año en que comprendió que disponía de una nueva matriz energética y que eso, sumado al desarrollo de los ordenadores cuánticos, podía convertirla en la potencia hegemónica.

Claro que, para lograrlo, debía realizar cambios sustanciales en su organización interna, y esa transformación —que a la larga la ha convertido en el poder que hoy conocemos— la obligó a bajar la guardia durante un tiempo.

Además, por supuesto, ese fue el año del incidente en Helenia.

 

16.8_ La estrategia Antares

Incluso en la actualidad, Antares es la red social de inmersión más popular de la Alianza. Pero lo que hoy es solo un entorno de muchos, en la década del cuarenta fue un fenómeno social.

Antares es el nombre de una estación espacial que orbita el planeta Helenia; aunque cualquiera que haya entrado en el entorno sabe que lo de «estación espacial» es una mera excusa para superponer espacios de ocio y encuentro en un escenario «exótico».

Existen registros de que en la década del cuarenta se diseñaron —al menos— diez redes sociales de inmersión, pero Antares fue, con mucho, la más popular y es la única de todas ellas que ha llegado hasta nuestros días.

Al principio, el entorno Antares se limitaba a la estación. Helenia —el planeta en torno al cual orbita— no era más que una esfera, un atrezo para ser visto desde «la terraza»: el nivel superior del complejo. Pero en 2046 se decidió modelar su superficie.

Inspirados por el nombre que ellos mismos le habían dado, la cubrieron de versiones futuristas de las polis griegas, repletas de edificios neoclásicos que escalonaban cerros o se arracimaban junto a las playas. Y ya puestos a hacer referencias, a alguien se le ocurrió darle vida al bestiario mitológico: quimeras, glifos, basiliscos, mantícoras, medusas, hidras, cíclopes…; todos convertidos en atracciones turísticas. Se diseñaron reservas, para contemplarlos sin riesgo, y zonas vírgenes, para arriesgarse a cazarlos.

Suele decirse que lo que impulsó a los diseñadores a modelar su superficie fue la saturación de usuarios en la estación espacial, sin embargo, lo cierto es que cabían perfectamente. Antes de la Estandarización, los únicos avatares con los que un usuario podía interactuar eran aquellos que compartían el mismo servidor lo que, en el caso de lo refugiados, equivalía a decir que eran aquellos que se conectaban desde el mismo campo.

La verdadera razón por la cual se diseñó Helenia fue que era la forma más barata de otorgar vacaciones. Un informe interno de la Alianza de enero de 2046 proponía —como herramienta adicional de contención— «diseñar un entorno virtual paradisíaco al que los trabajadores pudiesen viajar diez días al año». Y dado que Antares era la RSI más visitada, se decidió «construir» en Helenia.

 

16.9_ El incidente de 2051

La idea fue un éxito. Obviamente, fue necesario instalar centros de viajes en todos los campos (por entonces se los denominaba «clínicas de conexión»), pero los refugiados pudieron convertirse en «turistas» diez días al año: nadar en aguas tropicales, pasear por pueblos neoclásicos, fotografiar animales mitológicos en las reservas del planeta…, y los niveles de conflictividad decrecieron enormemente.

Entonces, en julio de 2051, se produjo un fallo informático; un hecho que ha generado infinidad de teorías y que hoy se conoce como «el incidente de 2051».

El 15 de julio, a las 12:38 (hora de Antares), el marco de delimitación territorial de todos los seres mitológicos fue eliminado y, en cuestión de semanas, las bestias colonizaron el planeta. Muchos usuarios perdieron a sus avatares en el proceso de evacuación (absolutamente improvisado, debido a lo impensable de la circunstancia) y desde entonces no se ha vuelto a bajar a su superficie.

 

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16.10_ La teoría del sabotaje

A día de hoy, la hipótesis más aceptada por los informáticos es que el incidente de 2051 no pudo haber sido un fallo. Dado que para eliminar del marco de delimitación territorial es necesario sustituir (no modificar o borrar) una cadena de código específica, resulta casi imposible que una acción semejante pueda deberse al azar. Sin embargo, todos los informáticos a los que he entrevistado han expresado claramente lo que «no pudo haber sido», pero se han cuidado de especular sobre lo que pudo ser. El motivo es que la profusa investigación realizada tras el incidente no logró arrojar pruebas concretas que incriminaran a terceros.

De todos modos (y asumiendo que es una mera especulación) considero pertinente abordar la teoría del sabotaje.

La primera pregunta que debemos hacernos (al ingresar en este terreno resbaladizo) es, ¿un sabotaje de quién? Y la respuesta más plausible es que se trató de un cibercomando chino o indio, o de un ataque coordinado por los dos. ¿La razón? Que ambas potencias, a esas alturas, ya eran conscientes de lo que estaba ocurriendo en la Alianza y que un sabotaje era la única herramienta de la que disponían para intentar frenarlo.

Dada la gravedad de estas acusaciones, conviene desarrollar estos argumentos con calma.

Hace un par de capítulos planteé que la base del poder político de la Alianza reside en los ordenadores cuánticos y, para demostrarlo, expuse sus vínculos con el resto del I+D+i de la Tríada. Sin embargo, a un nivel operativo, el motivo es mucho más pragmático: en cuanto se desarrolló el primer ordenador cuántico a gran escala, el siguiente paso fue dotar a todas las empresas de la Alianza de un sistema de seguridad informática basado en la trasmisión de fotones polarizados: una protección inviolable, incluso para un ordenador cuántico que carezca del protocolo de verificación.

Ese sistema estuvo instalado y funcionando en 2048, es decir, un año antes de que se desarrollaran los U-Panel. Sin ese sistema, la Alianza no habría podido poner en práctica su política de producto cerrado porque, hasta entonces, el espionaje industrial era moneda corriente entre las distintas potencias.

Por lo tanto, a mediados de 2048, los cibercomandos de los otros bloques se encontraron con que la Alianza se había atrincherado tras un muro infranqueable al tiempo que emprendía un salto radical en sus desarrollos tecnológicos.

Si tenemos en cuenta que, hasta entonces, tanto China como la India eran las principales potencias mundiales, resulta fácil imaginar su grado de frustración. De ahí que no me parezca una deducción descabellada suponer que hayan decidido sabotear Helenia: tanto los chinos como los indios conocían el poder estabilizador de las RSI en los campos de refugiados y —a diferencia de las nuevas tecnologías— los códigos de programación de Antares no estaban protegidos con criptografía cuántica. (Básicamente, porque su diseño era anterior a los QC).

Estas son las razones que me inducen a pensar que la hipótesis más factible respecto al incidente de 2051 es que se trató de un sabotaje. Una acción externa cuyo objetivo era desestabilizar la producción de la Alianza. Vuelvo a aclarar que no existen «pruebas concluyentes» que avalen esta tesis, pero, de ser cierta, hay que reconocer que la acción consiguió su objetivo.

En los años posteriores a la caída de Helenia tuvieron lugar decenas de levantamientos en los campos de refugiados. A analizar estas revueltas y sus consecuencias directas estará dedicado el siguiente capítulo.

 

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