Cuando las criaturas mitológicas tomaron la superficie de Helenia tras el incidente de 2051, los gestores del entorno lograron evacuar a la mayoría de los turistas en cuestión de horas. Y si bien muchos avatares fueron destruidos en el proceso, el porcentaje de usuarios que sufrió secuelas psicológicas puede considerarse irrelevante. De hecho, según los registros, no se constató un solo ataque cardíaco o conmoción durante el proceso; lo cual —teniendo en cuenta que los avatares «destruidos», fueron en realidad «devorados por bestias»— es todo un logro.

El problema vino después. Cuando empezaron a cancelarse las vacaciones de los siguientes trabajadores, en casi todos los campos de refugiados se produjeron protestas espontáneas; no para reclamar mejoras en las condiciones laborales, sino para revindicar el derecho a las vacaciones virtuales.

 

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17.1_ Medidas paliativas

Consciente de la gravedad del problema, la Alianza destinó a varios de sus mejores equipos de programación a diseñar un nuevo entorno vacacional, y se aseguró de que la noticia llegara a todos los campos. Claro que, después de estar oyendo durante años que los iban a trasladar a ciudades y no ver indicio alguno de que la promesa fuese a cumplirse, el rumor sobre el nuevo centro vacacional no logró calmar los ánimos.

Así que la Alianza tuvo que desarrollar una demo y difundirla entre los trabajadores. También les prometió que el entorno estaría listo en menos de seis meses y que aquellos que hubiesen perdido su estadía en Helenia podrían recuperarla entonces. De este modo, pasadas unas semanas, los ánimos se aquietaron sin que la protesta derivara, en ningún momento, hacia la exigencia de mejoras en sus condiciones laborales.

 

17.2_ Las generaciones perdidas

Para entender los motivos de esa templanza (o resignación, dependiendo de cómo se interprete) es necesario recordar una característica demográfica de la que hablamos hace unos capítulos: el porcentaje de población nacida entre mediados de la década del veinte y mediados de la del cuarenta es muy inferior a la media.

Por este motivo, en los campos de refugiados de principios de los cincuenta apenas había jóvenes; la mayoría de la población tenía menos de cinco o más de treinta años. Esa característica demográfica, por sí sola, aseguraba una estabilidad social que la Alianza supo manejar.

Sin embargo, tras el incidente de 2051, los sectores más desconformes con el régimen constataron dos hechos importantes: que la población estaba dispuesta a movilizarse si se sentía vulnerada en sus derechos (el «problema», curiosamente, era que no se sentía «vulnerada» por sus condiciones laborales) y que, para la Alianza, los campos eran mucho más valiosos de lo que daba a entender.

 

17.3_ El profesor de Dresde

Uno de los refugiados que llegó a estas conclusiones había sido, antes del Colapso, catedrático de Historia. Vivía en un campo cercano a Dresde y, desde que se había implantado el Sistema de Retribución Civil, le hablaba a quien quisiera escucharlo de las similitudes entre las condiciones de trabajo a las que estaban siendo sometidos y las que se vivían en Europa y Estados Unidos a finales del siglo XIX.

Durante las movilizaciones por Helenia, su grupo de adeptos aumentó significativamente, pero una vez finalizadas, la gente volvió a sus rutinas; lo que equivale a decir que volvió a conectarse a sus VRD. Sin embargo, para entonces el historiador ya había descubierto que su mensaje era escuchado, así que creó un avatar en Antares y continuó sus discursos desde allí.

Al parecer, en el campo no contaba con libros, por lo que es difícil determinar cuánto de lo que expuso salió de su memoria y cuánto de su imaginación. Lo que sí es seguro es que era un orador excelente. Dominaba el alemán, el francés y el inglés, y solía dar sus charlas en los tres idiomas…, cosa importante en un tiempo en que los traductores automáticos aún no existían.

Y dado que su NIC en Antares era «Profesor», con el tiempo se lo empezó a conocer como el profesor de Dresde.

 

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17.4_ Ágora improvisada

Poco a poco, se fue corriendo la voz de que las clases del profesor eran interesantes y empezó a congregarse una suerte de asamblea en el parque central de Antares.

Al personal de seguridad le llevó bastante tiempo entender qué sucedía; básicamente porque no habían previsto que los refugiados pudieran organizarse dentro de Antares. (Como historiador me resulta extraño que hubiesen olvidado lo ocurrido con Ágora, pero lo cierto es que la Década Oscura y el Colapso habían convertido a las REC en una anécdota remota). Ahora bien, en cuanto descubrieron lo que estaba sucediendo, dieron parte a la dirección para que tomase medidas.

 

17.5_ Misiones Humanitarias

Por lo general, en los campos de refugiados apenas había personal permanente de las empresas patrocinadoras. Sus Misiones Humanitarias —el equipo de gestión que confirmaba la llegada de materias primas, inspeccionaba el trabajo en las fábricas y recogía los productos terminados— no contaban con más de veinte personas. El resto del personal que vivía en los campos —y que se encargaba de su funcionamiento y seguridad— pertenecía a empresas centralizadas, dependientes del círculo interno de la Alianza.

Esas empresas actuaban de acuerdo a un código de conducta que, entre otras cosas, prohibía la participación de sus empleados en las redes sociales de inmersión. El objetivo de esa norma era impedir que se generaran «vínculos afectivos» entre custodios y custodiados, pero en la práctica hizo que el control sobre Antares tuviera que ejercerse de forma virtual, por medio de «cámaras» esparcidas por el entorno que podían ser manejadas desde el exterior.

Esto explica también por qué los agentes demoraron tanto en descubrir las asambleas. Y por qué, cuando se conocieron, la Misión Humanitaria les ordenó entrar en Antares y hacer un informe de la situación.

 

17.6_ La gota que derramó el vaso

Se infiltraron diez agentes. No les resultó difícil dar con las clases del profesor; de hecho, era el tema del que más se hablaba en la RSI. La primera conferencia en la que participaron versaba sobre la Revuelta de Haymarket, un suceso acontecido en Chicago a finales del siglo XIX.

Al principio no les pareció más que una clase de historia, pero ciertos comentarios del profesor respecto a las movilizaciones sindicales, la exigencia de jornadas de ocho horas y la represión policial empezaron a ponerlos nerviosos.

Luego, el profesor describió la carga ejercida contra los manifestantes (un ataque brutal que culminó con la detonación de un artefacto explosivo y la muerte de un policía) y los agentes captaron la tensión que envaraba a los refugiados.

Con todo, la gota que derramó el vaso fue la descripción del juicio a los supuestos responsables.

El profesor «demostró» —recitando de memoria testimonios de la época— cómo tres personas fueron condenadas a prisión y cinco a la horca no por participar directamente en la muerte del policía, sino por impulsar las movilizaciones sindicales…  E hizo hincapié en que cuatro de los cinco condenados a muerte eran alemanes, nacionalidad a la que pertenecían la mayoría de los integrantes el campo.

En ese momento, uno de los agentes interrumpió la conferencia y exigió a la multitud que se dispersase.

Sus colegas tardaron unos segundos en apoyarlo (se les había ordenado observar la asamblea y redactar un informe; nadie les había dicho que intervinieran), pero pasado ese tiempo empezaron a moverse entre la multitud, recordando a voz de cuello que Antares era propiedad de la Alianza y que la Alianza no había autorizado aquella reunión.

Entonces sucedió algo extraño: el profesor retomó el momento de su charla en el que los policías habían cargado contra los trabajadores por negarse a disolver la manifestación y los refugiados, al escucharlo, permanecieron en su sitio, rodeando a los agentes de seguridad con un muro de avatares inmóviles.

Los guardias no habían contado con aquella reacción. Esa pequeña desobediencia bastó para mostrarles que eran apenas diez en una asamblea de cientos —incluso miles— de personas. Empujaron a los que tenían delante que parecieron dispuestos a enfrentarlos. Pero el profesor les habló del día previo a la Revuelta de Haymarket —de cómo una pelea había sido la excusa para que la policía abriera fuego contra los manifestantes— y partir de ese momento la gente se limitó a dejarse empujar y volver a su sitio.

Y sin poder hacer más, los guardias se abrieron paso hacia la salida del parque.

 

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17.7_ Contraataque

Mientras los refugiados celebraban su pequeña victoria, los agentes de seguridad estaban solicitando refuerzos.

Veinte minutos después, un centenar de agentes ya se había conectado y rodeaba la asamblea del parque central. Volvieron a exigirles que se dispersaran y, en respuesta, el profesor volvió a relatar la carga de Haymarket. La gente se quedó en su sitio.

A los agentes les tomó más de dos horas disolver la asamblea.

Al día siguiente, la Misión Humanitaria decretó que Antares permaneciera desconectada durante una semana. Lo que sucedió a continuación, visto en perspectiva, fue bastante previsible; tanto que es válido preguntarse cómo es posible que no lo hubieran pensado.

Dados los antecedentes, la respuesta más factible es que subestimaron la pasividad de los refugiados; que pensaron que el miedo a perder su estabilidad y su adicción a las RSI los mantendría en su sitio. Es importante recordar que, por entonces, Antares era solo una las diez RSI a las que los refugiados tenían acceso: cerrar Antares una semana no suponía dejarlos sin acceso a la realidad virtual; era solo una forma de mostrarles a pertenecían los entornos.

 

17.8_ De Antares a las calles

La misma mañana en que la dirección decretó el cierre del entorno, los refugiados abandonaron las fábricas y comenzaron a realizar manifestaciones en torno a ellas.

Las marchas se prolongaron durante cuatro días sin que los agentes de seguridad del campo supieran cómo reprimirlas.

Al fin, el cuarto día, las fuerzas cargaron contra los manifestantes con una brutalidad inusitada. Se desconoce el número de muertos o heridos durante la represión, incluso se desconoce si murió o fue herido algún agente de seguridad. Lo que se sabe es que aquel fue el final de las revueltas de Dresde y que no existen registros posteriores de la actividad del profesor.

 

17.9_ Efecto contagio

Lo extraño —desde la perspectiva del análisis histórico— es que la mecha que prendió en Dresde terminó extendiéndose por toda la Unión. Y digo «extraño» porque a principios de los cincuenta no existía comunicación alguna entre los campos de refugiados. Se han desarrollado infinidad de teorías para justificar ese contagio, pero ninguna dispone de pruebas que merezcan ser expuestas aquí.

Fuera como fuese, es un hecho que las revueltas de Dresde fueron las primeras de muchas.

La Alianza las reprimió con violencia y reforzó cuanto pudo los mecanismos de control, pero eso no impidió que se siguieran produciendo.

La mayoría de los historiadores coinciden en que la revuelta más sangrienta (o, al menos, la que dejó un saldo de víctimas y pérdidas materiales más elevado) tuvo lugar en un campo cercano a Mánchester, en agosto de 2053.

La llamada Revuelta de Mánchester culminó en una batalla campal con miles de muertos, las fábricas de la Alianza destrozadas y centenares de presos y desaparecidos. Como expliqué al hablar de la historia de los ordenadores neuronales: es un hecho probado que William Smithson, la primera persona a la que se le implantó con éxito un ordenador neuronal, fue uno de esos detenidos.

 

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17.10_ Revueltas en otras zonas de la Alianza

Debido a la marcada zonificación que caracteriza el territorio de la Alianza, es difícil saber (incluso hoy en día) qué ocurrió en la zona rusa y en América del Norte.  Los historiadores de la Unión no disponemos de acceso a los documentos de esas zonas, por lo que todo lo que pudiese registrar aquí sobre dichas revueltas partiría de rumores…, y los rumores disminuyen exponencialmente al alejarse de su fuente.

No puedo negar que, a lo largo de los años, me han llegado también «noticias» fragmentadas, tanto de Rusia como de América del Norte, sin embargo, su contenido informativo es demasiado escaso y poco contrastado como para componer una idea general de lo que «realmente» ocurrió.

Lo que me lleva a hacer un breve inciso, y a explicar el modo en que trabajamos los historiadores, a la hora de recabar datos de las últimas décadas.

 

17.11_ Documentación histórica a partir de la década del cincuenta

A mediados de los cuarenta, el territorio de la Alianza volvió a disponer de medios de comunicación (desaparecidos a comienzos del Colapso). Y si bien en un primer momento su rol no distaba mucho de una portavocía empresarial, con el paso del tiempo se fueron emancipando.

Para un historiador, resulta imposible sacar nada en limpio de un único artículo de prensa de principios de los cincuenta. Sin embargo, es posible extraer «datos objetivos» de la contraposición de varias decenas de artículos referentes a un mismo tema.

En eso consiste, básicamente, el trabajo de los investigadores de la historia contemporánea. Es de ese tipo de análisis de donde extraeré la información para los siguientes capítulos. Y como prueba de sus posibilidades, expondré las conclusiones de una investigación que realicé algunos años; un resultado que —incluso pareciendo evidente— no se encuentra disponible en ningún documento de acceso público.

Las revueltas mejor organizadas en el territorio de la Unión se produjeron en campos de refugiados con importante presencia de ex integrantes de las REC, mientras que en aquellos en los que imperaban los grupos de Exégesis Profética los alzamientos no existían o eran reprimidos con facilidad.

Esto explica mucho mejor que los informes de la época por qué, a principios de los cincuenta, los medios de comunicación empezaron a definir a los «milenaristas» (a las REC) de radicales; al tiempo que la Alianza iba absorbiendo a las distintas iglesias surgidas tras el Colapso y las iba convirtiendo en su religión oficial. (Lo que hoy conocemos como la IUNA).

De hecho, eso explica también por qué se eligió el campo de Picos de Europa como punto de partida para la estandarización de los ordenadores neuronales.

Pero antes de hablar de la Estandarización en sí (y de todo lo que ella supuso), es necesario hacer referencia a la Yihad del 55.

Y ese, precisamente, es el tema que abordaremos en el siguiente capítulo.

 

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