Como decía en la entrada anterior, a veces, ver una película se convierte en una experiencia vital. Y si con La llegada la experiencia fue la película en sí, en el caso del que voy a hablar hoy, la experiencia está ligada a las circunstancias.

Todavía recuerdo la primera vez que vi Hijos de los hombres (Children of Men, Alfonso Cuarón, 2006): fue una de las primeras películas que vi en España con mi esposa. La película la elegí yo (digamos que en eso ella es muy transigente) tras el hermoso ritual (hoy desaparecido) de recorrer el videoclub eligiendo y descartando cajas.

Y allí estábamos, tendidos en el sofá de nuestro estudio (sí, estudio, no piso) con la única expectativa de pasar el rato.

 

La maldición de Casandra

Pero entonces llegaron sus planos secuencia, y su estética sórdida, y sus tonos azul-grisáceos, y sus guiños a Pink Floyd… Y su historia. Y cuando acabó la película no podíamos creer lo que acabábamos de ver. ¿Cómo era posible que semejante película hubiese pasado desapercibida?

La respuesta, mirada en perspectiva, resulta bastante sencilla: se había adelantado a su tiempo. Hijos de los hombres es una película de 2017 (o, quién sabe, quizás un documental de 2027) estrenado en 2006.

Es lo que tienen las grandes obras prospectivas: incluso cuando tienen éxito, suelen padecer la maldición de Casandra.

Detalle de la portada de Animals de Pink Floyd
Detalle de la portada de Animals de Pink Floyd

Homenaje a Animals de Pink Floyd

 

Obra de culto

Afortunadamente, también suele ocurrir que el tiempo las pone en su sitio. Hoy por hoy, la mayoría de los blog y revistas especializados la consideran (si no la mejor), al menos, una de las mejores películas de ciencia ficción de lo que va de siglo… Yo diría una de las mejores películas de lo que va de siglo (a secas), pero este artículo no pretende ser una crítica de cine, sino un análisis de los motivos que la han convertido en obra de culto.

En ese sentido, el más evidente es, sin duda, que su análisis prospectivo se ha demostrado certero. De hecho, ese iba a ser el tema de este artículo: detallar las razones por las que Hijos de los hombres es hoy más vigente que hace diez años.

El problema (como habrás visto si has pulsado el enlace de arriba) es que se me han adelantado…, y no es cuestión de repetir contenido (que eso a Don Google no le gusta).

 

No hay mal que por bien…

Descubrir que lo que pensaba escribir ya estaba escrito (y muy bien escrito, por cierto) me obligó a dar un paso más; a preguntarme: ¿por qué Hijos de los hombres ha acertado en su análisis prospectivo?

Llegados a este punto, debo volver a aclarar algo que he dicho otras veces: el objetivo de una obra prospectiva no es enseñar cuál va a ser el futuro, sino hacernos reflexionar sobre cuál podría ser. Sin embargo, cuando su diagnóstico resulta tan acertado vale la pena preguntarse por qué. Y si bien los tres factores que voy a destacar a continuación no tienen por qué ser los únicos, sí creo que son imprescindibles para el éxito de cualquier análisis prospectivo.

Atentado en Londres fotograma Hijos de los hombres

 

Visión estática

Si has navegado por el blog, sabrás que el subtítulo de su galería fotográfica es «Porque para proyectar el futuro es necesario contemplar el presente». Esa frase no es una excusa para colgar imágenes actuales en un blog que se centra en el futuro; es una convicción que, hasta cierto punto, esta película me ha ayudado a ratificar.

Aquella noche de 2007 en que vi la película por primera vez, mi esposa y yo nos quedamos tan sorprendidos por lo que habíamos visto que empezamos a explorar los extras del DVD. Y lo que descubrimos nos asombró tanto como la película.

La posibilidad de esperanza (The Possibility of Hope, Alfonso Cuarón, 2007) es un documental hecho a raíz de la cinta en el que pensadores de la talla de Naomi Klein (escritora y activista antiglobalización), Saskia Sassen (socióloga especializada en migración humana y sociología urbana) o Slavoj Žižek (filósofo y crítico cultural), exponen las bases conceptuales en las que se había basado Hijos de los hombres. Porque para proyectar el futuro, el primer paso es contemplar el presente con ojo crítico y agudeza intelectual; destejer la maraña de información contradictoria en la que se ha convertido la realidad hasta dar con sus tendencias esenciales, esas que con más fuerza están construyendo el futuro.

 

Visión prospectiva

Resulta estremecedor volver a ver ese documental diez años después. Mucho de lo que entonces eran proyecciones hoy son realidades consumadas. Para captar en su justa medida la cualidad visionaria de algunas de sus frases es necesario recordar que fueron dichas a principios de 2007 (el documental fue estrenado en marzo de ese año), antes de que estallara la Gran Recesión, antes de la «Primavera Árabe», antes de la guerra de Siria y la «crisis de los refugiados», antes de los muros de Trump, antes del Daesh…

 

Sobre economía

Refiriéndose al capitalismo, Naomi Kein dice lo siguiente:

«No tiene la capacidad de pensar racionalmente, este modelo económico. Piensa como un drogadicto. “¿Dónde puedo obtener mi siguiente dosis?” No aprende de forma sensata, ¿sabes? Cualquier medida de sentido común, sería: cometes un error, lo corriges la próxima vez. Pero un drogadicto se siente terrible y dice: “Quiero más”. Y desafortunadamente tenemos un sistema económico que piensa como un adicto al Crack».

¿Qué mejor explicación de los motivos que nos llevaron a la crisis? Una crisis que recién estallaría a finales de ese año.

 

Sobre la pertenencia política

También resulta visionaria la opinión de Saskia Sassen respecto a las políticas de integración.

(Antes de transcribir esta cita debo aclarar que está tomada de dos momentos distintos del documental, así que —por una cuestión de prolijidad— he separado ambos momentos con puntos suspensivos entre paréntesis).

«No estoy muy preocupada por el tema de la identidad. Estoy mucho más preocupada por el tema de la “pertenencia”: la noción de que perteneces a alguna comunidad política. Cuando se trata de migrantes, solicitantes de asilo, refugiados…, si eres miserable, eres, de hecho, “robado”: tu identidad no se traduce. Te vuelves invisible, te vuelves un número, te vuelves un problema. (…) Y eso nos va a volver a demandar pensamiento e innovación en términos de albergar esta noción legal de “pertenencia política” (a qué comunidad perteneces), porque hay una enorme reticencia a acoger solicitantes de asilo, a acoger refugiados».

Tras la «crisis de refugiados» de 2015-16 y la (pésima) gestión que Europa ha hecho de la misma, estas palabras resultan más vigentes que nunca. Y más aún cuando esa falta de «pertenencia política» a la que Sassen hace referencia es uno de los factores de los que se aprovechan los extremistas para captar seguidores. ¿O acaso no es un sentido de «pertenencia» lo que ofrecen estos grupos?

 

Sobre los muros

Con todo, la más impactante de las prospectivas expuestas es, a mi gusto, la desarrollada por Slavoj Žižek respecto a la globalización:

«El problema es lo que está pasando con la democracia en nuestro tiempo. Ya no es más esa vieja democracia focalizada en la justicia, la igualdad, la participación incondicional de todos en la vida pública. Nuestra democracia es segregación, comunidades cerradas… La ética práctica de la globalización es que nuevos muros aparezcan por todas partes: Estados Unidos construyendo muros en la frontera con México, etc. Esa es la realidad de la globalización».

Creo que no es necesario añadir nada más.

Guernica en Hijos de los hombres

 

El buen retrato

Hasta aquí hemos hablado del primer factor: el análisis crítico del presente para reconocer aquellas tendencias que están construyendo el futuro. Pero esto es tan válido para una prospectiva científica como para una artística. Los dos factores que analizaré a continuación son exclusivos del arte.

El primero me gusta especialmente porque es una buena excusa para meterme volver a referirme a los lectores de género (de género realista, claro). Una vez más, partiré de una cita de Slavoj Žižek:

«Para mí, Hijos de los hombres es una película realista, pero ¿en qué sentido? Hegel, en su Estética, dice en algún sitio que un buen retrato se parece más a la persona que retrata que la persona en sí misma; como si un buen retrato fuera más tú de lo que tú mismo eres. Y creo que eso es lo que hace la película con nuestra realidad. Los cambios que introduce no apuntan a una realidad alternativa, simplemente hacen de la realidad más de lo que ya es».

No puedo estar más de acuerdo con sus palabras. Del mismo modo que en Cuchillo de Agua se emplea de forma literaria el «movimiento lateral» para recalcar tendencias del presente que el realismo no podría exponer (o, al menos, no podría sin caer en el efectismo); en Hijos de los hombres, esos movimientos laterales propios de la prospectiva (ese «hacer de la realidad más de lo que ya es») son traducidos al lenguaje cinematográfico.

 

La obra de dos maestros

La calidad de la película se debe tanto a la dirección de Cuarón, como a la soberbia dirección fotográfica de Emmanuel Lubezki, quizás el mejor trabajo de su década.

Así la incertidumbre (la deriva psicológica, si se quiere) de una sociedad conmocionada por los atentados terroristas (al tiempo que impertérrita ante el sufrimiento de unos refugiados que ni siquiera ve) es reflejada en planos secuencia que se alejan y acercan de los personajes, como si se tratase de sus pensamientos, de su consciencia, de su voluntad.

Y la presencia constante, cíclica, trascendente, de una naturaleza que (aun deteriorada) sobrevivirá al ser humano, se expresa en el aprovechamiento de la luz natural en escenas tan simbólicas como la de la escuela abandonada… O en la forma en que la vegetación se ha apropiado del edificio.

Quizás su elemento expresivo más poderoso sea el etalonaje digital (la igualación del color, la luminosidad y el contraste de sus diferentes planos) hacia tonos azul-grisáceos, lo cual recalca el desasosiego, la falta de esperanza, los estertores de la sociedad que describe.

No son colores realistas. El Gernica (que, por cierto, es una referencia explícita) tampoco emplea colores reales y, sin embargo, destila la angustia de una tragedia que de otra forma sería inabarcable. Del mismo modo, el etalonaje de Hijos de los hombres destila la esencia de una realidad que muy pocas fotografías son capaces de trasmitir.

Como prueba vaya un ejemplo.

campo de refugiados presente
Foto tomada en la frontera de Hungría.
Campo de refugiados futuro
Fotograma de Hijos de los hombres

 

El leitmotiv como metáfora

(Antes de empezar este apartado, debo aclarar que a partir de aquí va a haber spoilers de la película, por lo que, si aún no la has visto, yo que tú lo haría cuanto antes… que obras maestras no se ven todos los días).

En una obra prospectiva (cuando es buena) el leitmotiv (el motivo central de la trama) es una metáfora de la tendencia que se busca exacerbar.

Por poner un ejemplo tópico: el leitmotiv de 1984 es el dominio absoluto de la mente del ciudadano por parte de estado. Una metáfora del totalitarismo que George Orwell ya advertía en el régimen estalinista allá por 1948 (que fue cuando la escribió).

Por lo tanto, elegir correctamente ese leitmotiv puede convertir una obra prospectiva en una obra visionaria.

En el caso de Hijos de los hombres, el leitmotiv es claro: la infertilidad. Hace un par de décadas que no nacen niños y, por lo tanto, la humanidad está condenada a extinguirse junto a la última generación de quienes habitan el planeta en ese momento.

¿Y qué tiene que ver con nosotros, me preguntarás, si en tu último artículo hablaste de superpoblación?

Tiene mucho que ver, siempre que analicemos el leitmotiv como una metáfora.

La escuela abandonada

 

La infertilidad de nuestro tiempo

Dado que no hay dos sin tres, vuelvo a citar a Slavoj Žižek:

«(…) Hoy en día, la principal vía de la política es el miedo; el móvil, lo que moviliza a las personas es el miedo. Los grupos políticos de hoy son bandas de gente que tienen miedo, que están movilizadas por el miedo: miedo a los inmigrantes (incluso en la izquierda), miedo a un Estado demasiado fuerte, miedo a los impuestos… Esta es la definición de “infertilidad”: cuando tu principio movilizador es solo el placer y el miedo».

¿A que esto nos resulta más familiar?

Para que lo sea aún más, es necesario aclarar que al hablar de «placer», Žižek se refiere a la obtención de satisfacción inmediata, a la consecución del deseo en el tiempo presente.

En estas últimas semanas, esa «infertilidad» de nuestro tiempo (esa incapacidad política de proyectarse hacia el futuro) se ha hecho más explícita que nunca; incluso dio una rueda de prensa, en una tarde soleada.

 

La salida el acuerdo de París

«He cumplido una tras otra mis promesas. La economía ha crecido y esto solo ha empezado. No vamos a perder empleos. Por la gente de este país salimos del acuerdo. Estoy dispuesto a renegociar otro favorable para Estados Unidos, pero que sea justo para sus trabajadores, contribuyentes y empresas. Es hora de poner a Youngstown, Detroit y Pittsburgh por delante de París».

Estas fueron las palabras de Trump al anunciar la salida de Estados Unidos de un acuerdo que supone (tan solo) el primer paso en el intento de hacer frente al cambio climático. Si te fijas en su discurso, verás que Trump se ha centrado en la dimensión espacial («Estados Unidos», «Youngstown», «Detroit», «Pittsburgh»), olvidándose por completo de la dimensión temporal. O, mejor dicho, centrando su alocución en el presente, el único tiempo que parece importarle.

Obama lo hizo explícito en su crítica:

«Las naciones que permanezcan en el acuerdo de París serán las naciones que cosechen los beneficios en trabajos e industrias creados. (…) Incluso en ausencia de un liderazgo estadounidense; incluso si esta administración se une al pequeño puñado de naciones que rechaza el futuro; estoy seguro de que nuestros estados, ciudades y empresas darán un paso adelante y harán incluso más por liderar el camino y ayudar a proteger, para futuras generaciones, el planeta que hemos recibido».

A la deriva

 

La posibilidad de esperanza

La metáfora de Hijos de los hombres es tan acertada (tan visionaria) que incluso guarda una respuesta a la situación en que estamos. No es una respuesta sencilla (ninguna respuesta veraz puede serlo), pero es una respuesta posible.

La misión de Theo (el protagonista de la historia y un trasunto de nuestra sociedad desnortada) es poner en contacto a una mujer joven, negra e inmigrante (es decir, a un ser que sufre una cuádruple discriminación) con un grupo rebelde.

La mujer se llama Kee: palabra homófona (en inglés) a la palabra «key». Y en efecto es la llave del futuro dado que es la primera gestante en dieciocho años. Por su parte, el grupo rebelde con el que debe contactarla se llama «Proyecto Humano». En definitiva, debe lograr que lo nuevo, lo que se está gestando, forme parte del proyecto humano; no solo el presente, no solo el miedo.

Para hacerlo, Theo deberá escapar de su zona de confort, deberá huir de una dictadura del presente que solo le vende miedo y placer, deberá atravesar la tragedia de los campos de refugiados y sumergirse en la incertidumbre de un mar neblinoso.

Él solo llega hasta allí. Muere en la incertidumbre, a la deriva. Pero algo lo ha arrastrado hacia adelante, algo lo ha llevado hasta ese punto.

Y ese algo es la esperanza.

En un último acto de esperanza (que no de fe) se deja morir, animando a Kee (que ya ha dado a luz a una niña) a continuar por su cuenta… Y un instante después, de entre la bruma de la incertidumbre emerge el «futuro», el barco en el que navega «Proyecto Humano».

Así, en estos tiempos estériles de presente constante, esta asombrosa película de 2006 parece gritarnos más fuerte que nunca que el futuro también se construye, y que es en ese proyecto colectivo donde habita la posibilidad de esperanza.

El proyecto humano vive

 

 

 

4 Replies to “Hijos de los hombres: tres razones por las que su prospectiva ha acertado

  1. Mut buen análisis. Me encantó la película, creo que está basada en una novela que me gustaría leer. Lo que no sabía era la existencia del documental. ¿Sabes dónde podría verlo? Desde luego que Hijos de los hombres es apabullantemente real, tiene poco de ciencia ficción desgraciadamente. En esta línea, aunque no son obras maestras como esta película, te recomiendo la serie inglesa Utopia y la norteamericana Mr.Robot. Saludos.

    • Gracias por tu comentario. He visto ambas series y estoy de acuerdo contigo. El documental, por lo que sé, puede verse en youtube y en cuanto a la novela, te diré que es bastante distinta a la película. De todas formas, está traducida al español como «Hijos de Hombres», de P.D.James y publicada por Grupo Z. Un abrazo.

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