Bien pensado, no es la historia lo que escriben los vencedores, sino el futuro; y lo hacen mucho antes de que se convierta en presente…

Sé que semejante afirmación necesita ser demostrada, así que allá voy.

El primer título que pensé para esta sección fue «La construcción del futuro». Luego comprendí que era más apropiado para hablar de sistemas constructivos y arquitectura ecológica que de prospectiva y decidí cambiarlo por «Historias del futuro».

Y no ha sido un mal cambio.

Me gusta la palabra «Historias» por su doble acepción; porque por «historias» entendemos relatos («narración inventada», según la RAE), pero también esa Historia con mayúscula que suele asociarse al pasado y que (en su condición de «hecho») se asume como «real». Sin embargo, la propia RAE, al definir el campo científico que la aborda, dice que es la «disciplina que estudia y narra cronológicamente los acontecimientos del pasado». Y aquí el verbo clave es «narrar».

Todos aquellos que nos dedicamos a escribir sabemos que toda narración supone una construcción, que en todo relato cronológico de acontecimientos (por muy aséptico que intente ser) siempre se filtra la subjetividad. Obviamente, en una novela o una película la subjetividad lo permea todo; está en su forma y en su contenido y, en última instancia, es su razón de ser. Pero en el caso de la Historia (por más riguroso y científico que sea el trabajo) la subjetividad también se filtra. Se filtra la subjetividad de las fuentes y se filtra la subjetividad del investigador, que al priorizar y ordenar la información no es ajeno a sus propias circunstancias.

Para pulir esa subjetividad los historiadores ha creado la historiografía, es decir, el «estudio bibliográfico y crítico de los escritos sobre historia y sus fuentes, y de los autores que han tratado de estas materias». En definitiva, han narrado una historia del estudio de la Historia.

 

La construcción del futuro

Claro que para hacer un contraste historiográfico es necesario que pase mucho tiempo. Lo que nos lleva a una curiosa conclusión: en lo referente a objetividad histórica, parecería que cuanto más cercano en el tiempo es el hecho analizado, mayor es el grado de ficción contenido en su relato…

Dicho esto, conviene aclarar que una cosa es asumir que no se puede ser completamente objetivo y otra muy distinta resignarse al relativismo. Si he subrayado el carácter narrativo de la historia ha sido para mostrar que se trata de una construcción intelectual, por más objetiva, científica y desideologizada que se esfuerce en ser.

Y ahora hablemos de otro relato: el futuro.

La mayor parte del tiempo no lo pensamos, pero el futuro es también un relato; una construcción intelectual a distintos niveles (personal, colectivo, global) que determina, de un modo más o menos consciente, la forma en que actuamos en el presente. Día tras día, nuestros proyectos de futuro (nuestros relatos) coinciden y colisionan con otros. Aquellos que logran imponerse siguen adelante y aquellos que no, son modificados hasta convertirse en nuevos relatos adaptados a la situación.

Este proceso se reproduce en todos los niveles; también a nivel institucional (y conste que no estoy pensando en conspiraciones): a lo largo de la historia, los relatos de futuro a gran escala se han impuesto por la fuerza. Los más poderosos se han convertido en realidad (o, al menos, se han materializado en parte); mientras que el resto han tenido que amoldarse a las nuevas circunstancias.

Es por eso que dije al principio que no es la historia lo que escriben los vencedores, sino el futuro; y que lo hacen mucho antes de que se convierta en presente.

 

Los fantasmas de la modernidad

El problema con los relatos de futuro a gran escala es que las diferencias entre proyecto y construcción suelen ser odiosas. Cualquiera que se haya dedicado a la arquitectura sabe que, entre la perfección de la perspectiva 3D (por más nefasto que sea el proyecto) y la materialidad del edificio construido, media un abismo (lo cual no significa que el resultado sea peor, tan solo que es diferente).

La gran tragedia de la modernidad ha sido que todos sus relatos de futuro a gran escala (relatos utópicos, trascendentales) han terminado materializándose en pesadillas. La posmodernidad, de hecho, parte de la constatación de que los grandes sistemas de pensamiento de la modernidad (léase, relatos de futuro) fracasaron al ser puestos a prueba (es decir, al materializarse en presente; ya sea porque su materialización nos llevó a la barbarie o porque devino en una versión paupérrima del proyecto original).

Sin embargo, que en la actualidad se reniegue de los relatos de futuro no significa que no sigan existiendo, y que no nos afecten en nuestra vida cotidiana… ¿O no se basa en un relato de futuro próspero el pensamiento único de la austeridad económica?

Siendo conscientes de ello, desde principios del siglo XX muchos escritores han usado el Futuro como motivo literario para proyectar los miedos y aspiraciones del presente.

 

Visión prospectiva

Antes de continuar, tengo que hacer un inciso: no soy licenciado en letras; no es mi especialidad ni es mi intención abordar este blog desde esa perspectiva. Sin embargo, debo decir que el enfoque que le daré a mis entradas está claramente influido por el trabajo de dos teóricos españoles: Julián Díez, quien acuñó el término «literatura prospectiva» y fue editor de la página web del mismo título, y (muy especialmente) Fernando Ángel Moreno, que en su libro Teoría de la literatura de ciencia ficción (Sportula, 2013) profundiza (con claro esfuerzo divulgativo) en dicho concepto. Las ideas que voy a desarrollar a continuación (muy simplificadas, por supuesto) parten de allí y todas las citas entre comillas son extractos de su libro.

Toda obra literaria (quizás deba decir toda «obra de ficción», porque también compete al cine y al teatro) parte de un pacto ficcional: una aceptación tácita, por parte del lector/espectador, de que aceptará ciertas reglas de juego y un compromiso, por parte del escritor/realizador, de no salirse de ellas. La definición de dichas reglas de juego determina los distintos géneros.

En la práctica, una obra de género realista requiere el mismo tipo de pacto ficcional que una obra de género fantástico, la única diferencia radica en el grado de imaginación que esta exige, tanto por parte del lector, como del escritor.

Volviendo a lo que dije al final del apartado anterior: existe un tipo de obras cuyo pacto ficcional (Moreno lo denomina «contrato de ficción») radica en diseñar un mundo posible creado desde lo prospectivo. O, dicho en otras palabras: en construir un relato de futuro sobre el que proyectar nuestros miedos presentes (yo añadiría: y nuestros anhelos) para reflexionar «sobre quienes somos a partir de cómo nos concebimos en unas coordenadas diferentes».

A este género literario se lo conoce como literatura prospectiva, y es el tipo de novela que quiero analizar aquí. Todas parten de la misma pregunta:

«¿Qué uso puedo dar a los hallazgos [sociales, económicos, políticos, culturales…] e inventos que van apareciendo para hablar sobre los temores y obsesiones de nuestra sociedad y de sus individuos […] usando “el futuro como motivo literario”?»

Y en el camino de vuelta (en la decodificación del mensaje por parte del lector) generan la «catarsis cognitiva» de la prospección; o, dicho de otra forma: la exploración de posibilidades futuras basada en indicios presentes.

Lo apasionante de extraer esas ideas de las novelas prospectivas es que (cuando logran su objetivo, cuando consiguen trascender su coyuntura) interpelan nuestras certezas sociales, económicas, políticas, artísticas, psicológicas, antropológicas…; en definitiva, nos invitan a reflexionar, a no dar nada por sentado. Y eso es sentido de la maravilla en estado puro.

Así que bienvenido a estas «Historias del Futuro». «Historias» porque partiremos de novelas, pero también porque exploraremos múltiples Historias, múltiples líneas temporales posibles; y «del Futuro» (también en mayúscula) porque lo analizaremos como una construcción intelectual tan plausible y realizable como aquellas que nos explican el pasado.

Espero que disfrutes del viaje.

 

 

NOTA: La imagen que encabeza este artículo ha sido diseñada por starline / Freepik

 

 

2 Replies to “Historias del Futuro

    • Gracias por tu comentario, Helena. Acabas de inaugurarlos. Cada vez estoy más convencido de que el futuro (también) es una construcción. Un abrazo fuerte.

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