Este artículo abre una nueva sección, un proyecto en el que estoy embarcado desde hace mucho tiempo (años, diría) y que creo que ha llegado el momento de compartir.

En «Historias del Futuro» comenté que el mañana es también un relato; una construcción intelectual a distintos niveles (personal, colectivo, global) que determina, de un modo más o menos consciente, la forma en que actuamos en el presente. Recuerdo haber comenzado el artículo con una frase efectista (lo admito), pero en la que sigo creyendo:

«Bien pensado, no es la historia lo que escriben los vencedores, sino el futuro; y lo hacen mucho antes de que se convierta en presente».

Pensar en el futuro como un relato imaginario, un proyecto (más o menos detallado) en el que basarse para construir la realidad, me ha llevado a preguntarme sobre las posibilidades del ensayo histórico como herramienta de ficción.

Obviamente, la «Historia» que relataría ese ensayo sería una Historia del futuro.

Sé que no soy el primero en explorar esa idea, pero el enfoque desde el que me interesa abordarla (el enfoque que le daré a esta serie de artículos) no será novelado. No hay una historia tras esta Historia del siglo XXI… O, mejor dicho, hay infinidad de historias personales tras ella; del mismo modo que hay infinidad de historias personales (relatadas en novelas, cuentos, películas, series…) detrás de la Historia del siglo XX.

 

Arcanos 1

 

Las cartas sobre la mesa

No voy a engañarte: una de esas «historias personales» (o grupales, en mi caso) está contada en una trilogía que aún no ha sido publicada. Sin embargo (y esto es lo que me interesa recalcar), lo que voy a compartir contigo no será el worldbuilding de mi trilogía, sino una Historia posible del siglo XXI.

¿Y cuál es la diferencia?, me preguntarás.

La diferencia es que en esta Historia no hay referencia alguna a los personajes o eventos de la trilogía. (Del mismo modo que en la Historia —así, con mayúsculas— no suele haber referencias a los personajes ficticios que pueblan las novelas).

¿Y entonces, por qué la escribiste?

La escribí porque, como dije al principio, me interesan (y mucho) las posibilidades del ensayo histórico como herramienta de ficción.

Estoy convencido de que el futuro parte de un relato y creo que, por primera vez en la historia, los ciudadanos disponemos de las herramientas necesarias para construir un relato colectivo sin necesidad de liderazgos individuales ni partiendo de ideas ajenas… Solo nos falta aprender a escribirlo.

 

A ras del suelo

Claro que mi objetivo es mucho menos ambicioso. Lo que he pretendido es investigar los engarces que vuelven «verosímil» el relato histórico. Suele decirse que la realidad no tiene por qué darse el lujo de ser verosímil; que en la vida ocurren coincidencias y tragedias que un relato no se puede permitir. Sin embargo, los relatos históricos son en esencia «verosímiles». Quizás porque el historiador se ha esforzado en justificar los hechos. Quizás porque los tenemos tan asumidos que ni siquiera nos paramos a analizarlos… O quizás porque cuanto más colectiva sea una acción, más se reduce el impacto de las coincidencias sobre los hechos.

Sea como sea, la Historia que voy a presentarte contiene infinidad de historias e interrelaciones porque lo que me interesaba investigar (al escribirla) eran las concatenaciones de eventos, los procesos que, de forma azarosa o calculada, conducen a cambios globales. Y los imprevistos: los «cisnes negros» y los «Mulos» que pueden trastocarlo todo.

 

Arcanos 2

 

Contra la posverdad

Si te adentras en esta serie de artículos, encontrarás una historia que comienza a principios de siglo y culmina en 2084, lo que hace que sus primeras partes se asienten sobre un terreno pantanoso.

En los últimos meses ha calado el eufemismo «posverdad». Una palabra aberrante que ha conseguido darle una pátina trendy, intelectualizada, a la mentira, la patraña, el embuste, la estafa, la calumnia, la desinformación…

Como ves, solo en nuestro idioma hay decenas de palabras más honestas para referirse a lo mismo.

Los teóricos de la posverdad flirtean con la idea de que, dado que toda aproximación a la realidad es un relato, la verdad y la mentira son relativas, dependen del punto de vista del observador. Amparándose en esa excusa, venden sus versiones como verdades.

Y tú me diras: pero ¿no es eso precisamente lo que hace la literatura?

Sí y no. Coincido con Vargas Llosa en que el objetivo de la literatura es llegar a la verdad (a una verdad profunda, velada) a través de la ficción; del relato de hechos ficticios (da igual que se trate de una Space Opera o una «autoficción») tamizados por la subjetividad de su autor. Pero nadie engaña a nadie: esas son sus reglas del juego, el pacto ficcional entre escritor y lector.

Existe otro tipo de relatos cuyo objetivo es anclarse a los hechos, exponer solo aquello que se pueda probar, reducir al mínimo la subjetividad de quien escribe para que sea el lector quien los interprete. Me estoy refiriendo al relato periodístico y el ensayo histórico. Por tanto, vender como tales lo que en realidad son ficciones (da igual que sean medias verdades) es un método rastrero de manipulación.

La «posverdad», de forma intencionada, le hace creer a su interlocutor que se atiene a unas reglas que luego no cumple.

 

Pero ¿entonces…?

¿… por qué estoy empleando el discurso del ensayo histórico como herramienta literaria? ¿No es esa, precisamente, la estrategia de la posverdad?

Una vez más, sí y no. Es cierto que es una estrategia de desinformación, pero existen dos diferencias fundamentales entre ese tipo de relato y lo que pretendo hacer.

La primera (y más importante) es que quien lea estos artículos sabrá desde antes de hacerlo que son un ejercicio de ficción: el simple hecho de que esta Historia del siglo XXI continúe hasta 2084 ya es una buena pista.

Pero, además, todos los datos sobre los hechos acontecidos desde principios de siglo hasta el presente (es decir, hasta finales de 2017) han sido extraídos de artículos periodísticos o libros de investigación… Habrá quien diga que en estos tiempos de posverdad eso no es garantía de nada, pero prefiero creer que sigue habiendo fuentes fiables.

Solo hay un hecho ficcional incluido en esta parte de la historia: el agravamiento de un conflicto enquistado en el Océano Ártico que llevará, a mediados de 2018, a la firma de un tratado internacional. Respecto a eso, debo decir que el conflicto existe, lo que no es verdad (o, al menos, a mí no me consta) es que se haya agravado en los últimos meses.

 

Arcanos 3

 

Lo que vendrá

Si sigues conmigo en las próximas entregas, conocerás el ascenso y caída del primer experimento a gran escala de democracia real; los motivos que condujeron al Incidente de 2024; qué ocurrió, exactamente, en el período que lo historiadores denominaron «Década Oscura» y cómo sobrevivió la humanidad al Colapso climático que vino después. Sabrás de los movimientos migratorios que reconfiguraron el planeta y del modo en que las sociedades se reorganizaron después del Colapso…

 

Obra abierta

Quiero finalizar esta introducción expresando un deseo: me encantaría que esta serie de «ensayos» conformaran una obra abierta.

Es probable que discrepes con algunos de los derroteros que tomará esta Historia del siglo XXI. Y lo cierto es que el análisis de esas posibles discrepancias es otro de los motivos que me han llevado a publicar esta sección. Generar un debate respecto a los posibles futuros que se exponen es el mejor modo de seguir indagando en los procesos que, de forma azarosa o calculada, conducen a cambios globales. Analizar su verosimilitud, su viabilidad, o incluso la incapacidad de predecirlos.

Porque reflexionar sobre un futuro concreto y la concatenación de eventos que nos podrían conducir hasta él (con la mente abierta a perspectivas distintas) es un excelente ejercicio de empoderamiento; da igual que se desarrolle desde la ficción.

Así que te invito a que participes, como lector y como analista… Seguro que tienes algo que decir.

La historia comienza el próximo martes.

 

Viñeta de Tom Gauld

 

 

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