Hacía tiempo que estaba por leer Pórtico, de Frederik Pohl (Gateway, St. Mantin´s Press, 1977): uno de esos «clásicos indiscutibles» de la ciencia ficción que tarde o temprano hay que catar. (En mi caso, debo admitir, más tarde que temprano). Al final fue la reseña de Daniel para «Boy With Letters» la que me decidió a hacerlo. Y la verdad es que ha valido la pena.

Mientras la estaba leyendo tenía bastante claro el artículo que quería escribir. Dado que Pórtico es, entre otras cosas, el diario de terapia de lo que los psicólogos denominan (empleando la jerga técnica) un “paciente jodido”; decidí aprovechar el prólogo de Miquel Barceló (que expone las referencias psicoanalíticas de la novela) y el hecho de que mi esposa sea psicóloga, para analizarla (nunca mejor dicho) desde una perspectiva freudiana.

El problema es que, para hacerlo, ella también tenía que leerla, y en estos momentos ya la exploto bastante forzándola a leer mis artículos (que no son tan largos como una novela, pero andan cerca).

 

NASA 2

 

Cambio de perspectiva

Además, quería escribir sobre Pórtico lo antes posible. Es una obra tan sutil, tan plagada de detalles que, si esperaba a que mi esposa la leyera para escribir sobre ella, lo más probable es que tuviera que releerla.

Y entonces volvió a ocurrir.

Ya me habían advertido que suele pasar, que basta con que estés receptivo a un tema específico para que surjan, de forma natural, asociaciones imprevistas con otras lecturas, con otros temas. Y, sin embargo, la sucesión de serendipias que he experimentado en los últimos meses no deja de maravillarme.

En este caso, la serendipia de haber leído casi al mismo tiempo un par de artículos de otros blogs.

 

«La ciencia ficción que se avergüenza de la ciencia ficción»

Ese es el título de un artículo de José Pérez Quintero para «Fecha estelar»; y lo cierto es que pocas veces el contraste entre un título y su contenido me ha resultado tan desconcertante.

Lo más probable es que se deba a mis prejuicios. Tras el artículo que escribí sobre La carretera, comprenderás que haya supuesto que iría sobre lo mismo. En pocas palabras: sobre el modo en que las editoriales camuflan las novelas de ciencia ficción de escritores «literarios» bajo categorías tan poco acertadas como la de «fábula».

Sin embargo, al leerlo encontré justo lo contrario: el artículo critica la nueva versión de Battlestar Galactica por considerar que, hasta cierto punto, se avergüenza de ser ciencia ficción.

«El problema es que en la ciencia ficción actual se está dejando de lado ese marco fantástico, alejado de lo realista, que ayudaba como punto de partida, y cada vez más nos encontramos con ciencia ficción cuyo universo tan solo sirve de envoltorio bonito, pero que no afecta a los personajes.

Pongo un ejemplo: imagina un mundo futurista donde los coches vuelan, los ordenadores razonan contigo y se puede viajar a Marte. Y en este entorno, te cuentan la historia de un tipo que se despierta en una habitación por la mañana y discute con su pareja. (…)

A eso es a lo que me refiero con Battlestar Galáctica, que en ciertos momentos olvida que se trata de una historia de ciencia ficción y se convierte en una historia de esas dos personas encerradas en un cuarto discutiendo porque son incompatibles».

 

NASA 3

 

La ciencia ficción como medio de transporte

Esa postura no es exclusiva de Pérez Quintero.

Pocos días antes (gracias a Bandinnelli, que me lo hizo llegar), leí un artículo de Adam Roberts titulado «Cómo defino yo la “ciencia ficción”», en el que plantea que:

«El worldbuilding es parte del sistema de un texto de ciencia ficción, pero el objetivo de la ciencia ficción no es su sistema. El objetivo es que nos transporte: que nos lleve a algún sitio nuevo, que nos ponga en contacto con algo maravilloso, que nos pille por sorpresa, que nos deje sin aliento, que nos desconcierte o nos dé valor, que nos haga pensar en el mundo de un modo distinto. (…)

Ahora bien, si digo que el objetivo de la ciencia ficción es transportar y tú inmediatamente piensas en una red bien integrada de trenes y autobuses, puede que estés más influenciado por la visión de la ciencia ficción como un worldbuilding coherente y racionalmente extrapolado. Pero si digo que el objetivo de la ciencia ficción es transportar y tú piensas en “arrobamiento”, bien, es posible que estés más cerca de ver al género de la manera en que yo lo hago».

 

Cambio de género

Mi intención en este artículo no es polemizar con Pérez Montero o Adam Roberts. Si los he citado es porque, gracias a ellos, se me ha ocurrido un ejercicio interesante.

Tras haber ganado el premio Hugo, el premio Nebula, el Locus y el John W. Campbell Memorial, nadie pone en duda que Pórtico es una obra de referencia de la ciencia ficción. Así que, ¿qué tal si intentamos cambiarla de género? ¿Volverla un poco más… realista? ¿Sería posible?

Hagamos el intento.

 

lejano oeste 1

 

Pórtico: versión alternativa

A menos que fueras un terrateniente, nacer en Gales a finales del siglo diecinueve era difícil (si no me crees, pregúntale a los personajes de Ken Follet), y Robinette Broadhed no era precisamente un privilegiado. Sin embargo, al inicio de la novela lo encontramos hablando con un psicoterapeuta (una novedad bastante exclusiva por aquel entonces) y convertido en la encarnación misma del sueño americano. ¿Cómo llegó hasta allí? ¿Qué precio tuvo que pagar por alcanzar el éxito? Esas son algunas de las preguntas que Pórtico («un viaje realista y descarnado a lo más hondo de la condición humana», ahí dejo la frase para los de marketing) intenta responder.

 

Los orígenes

Rob es hijo de un minero y, como tal, su destino es trabajar en la mina. Pohl, por medio del empleo de la primera persona, nos trasmite la crudeza de su situación.

«Ignoro si ustedes han trabajado en las minas de alimentos, pero al menos habrán oído hablar de ellas. No es un lugar muy alegre. Empecé a los doce años a media jornada y mitad de salario. Cuando cumplí los dieciséis alcancé el puesto de mi padre: taladrador, buena paga, trabajo duro.

Pero ¿qué se puede hacer con la paga? No es suficiente para el Certificado Médico Completo. Ni siquiera es suficiente para sacarte de las minas, sólo llega para hacer de ti una especie de éxito local. Trabajas dos turnos de seis y diez horas. Ocho horas de sueño y otra vez a empezar».

La novela retrata las tragedias cotidianas de una vida de privaciones (unas tragedias de las que no voy a hablar para no hacer spoilers), hasta que un golpe de suerte cambia el rumbo de las cosas.

 

lejano oeste 2

 

La música del azar

Como la mayoría de sus colegas, Rob juega habitualmente a la lotería. Y en una ocasión (poco después de cumplir los veintiséis años) consigue ganar una modesta fortuna. El premio no resuelve su vida, pero al menos le brinda cierta libertad.

«El premio fue de doscientas cincuenta [libras]. Lo suficiente para vivir como un rey durante un año. Lo suficiente para casarse y mantener a una familia, siempre que los dos trabajaran y no fuesen derrochadores. O lo suficiente para un billete de ida a Pórtico. Llevé el billete de lotería [al puerto] y lo intercambié por un pasaje».

 

La última frontera

Pórtico es el acceso a lo inexplorado. Es el pueblo de frontera desde el que parten caravanas hacia rutas desconocidas. Porque en la joven Norteamérica quedan lugares por descubrir; oportunidades para un muchacho valiente (o sin nada que perder, que es otra forma de valentía) dispuesto a jugarse la vida en el intento. Quien parte de Pórtico lo hace sin saber qué encontrará en su destino, si la fortuna o la muerte… Lo que lo convierte en el escenario perfecto para explorar la condición humana.

 

lejano oeste 3

 

Realismo, antes que aventura

Pohl lo sabe, y evita la tentación de convertir su relato en una historia de aventuras. En una novela de acción, protagonizada por un héroe impoluto que salva todos los escollos hasta alcanzar su meta.

Por el contrario, de lo que habla es de un hombre común enfrentado a una situación límite y del modo imperfecto, traumático, en que consigue sobrellevarla. La mayor parte de la historia se desarrolla en el pueblo de frontera (en Pórtico) y ninguna de las tres expediciones en las que participa Rob resultan deslumbrantes.

Incluso al relatar esos viajes, Pohl se muestra más interesado en hablar del poco espacio que hay en la caravana (y de la falta de privacidad que eso conlleva), o de la angustia de los personajes al adentrarse en territorio comanche (sabiendo que su vida pende de un hilo —o de una palanca—), que en hablarnos de las maravillas (o ausencia de maravillas) encontradas en la expedición.

Y por sobre todas las cosas, el personaje principal no sigue el «camino del héroe». Más bien al contrario: con el transcurso del tiempo (como probablemente nos ocurriría a la mayoría de nosotros) se vuelve cada vez más mezquino y temeroso. Incluso llegando a extremos que a nosotros, como lectores, nos resultan aborrecibles.

Claro que ese es uno de los objetivos de la literatura realista: enfrentarnos a espejos que nos incomoden, que nos saquen de nuestra zona de confort.

 

La componente psicológica

A diferencia de lo que podría pensarse, las mejores escenas de Pórtico son aquellas en las que hay dos personas encerradas en un cuarto discutiendo porque son incompatibles. Ya sean las sesiones de terapia freudiana que Rob recibe de Sigfrid (años después de los hechos), o la historia de Klara y Rob en el pueblo de frontera (que es la base y el catalizador de sus traumas).

Porque si hay una aventura en esta novela, una exploración que llega a buen puerto, no es la de la tierra ignota transitada por las caravanas, sino la de los traumas y angustias de Rob. En última instancia (como dije al principio) la novela es el relato de la terapia de un paciente difícil.

 

lejano oeste 4

 

Aumentando el realismo

Para incrementar la verosimilitud del entorno y, de paso, trasmitirle al lector información sin caer en infodumps, Pohl recurre a la misma técnica de la que te hablé en el artículo de las semana pasada. A través del injerto de extractos de conferencias, reglamentos de Pórtico, informes de las misiones o avisos clasificados, consigue brindarles a los relatos centrales (las sesiones de terapia y los flashbacks de su vida) un «halo» documental que refuerza su realismo.

Sin embargo, Pohl va un paso más allá. Emplea algunos de esos injertos para recalcar la ironía que permea la obra.

Vaya este ejemplo como muestra:

«ANUNCIO

Necesito tu valor para aceptar cualquier misión bonificada con medio millón. No me lo pidas. Ordénamelo. 87-299».

 

espacio

 

Pórtico: versión original

Obviamente, el escenario en el que se desarrolla la novela no es el que acabo de describir.

Robinette Broadhed no es un galés de finales del siglo XIX, sino un estadounidense de un futuro cercano. Y Pórtico no es un pueblo de frontera al oeste de Norteamérica, sino un asteroide colonizado por una civilización alienígena (los Heechee) que fue abandonado sin razón aparente hace cientos de miles de años.

Sin embargo, incluso tras este cambio radical, Pórtico sigue siendo un enclave de frontera. La diferencia radica en el medio de transporte: las expediciones no se realizan con diligencias que enfilan hacia territorio desconocido, sino con naves abandonadas por los Heechee cuyo destino se desconoce.

Sin embargo, a excepción de estos detalles (es decir, a excepción del «envoltorio») la historia y su enfoque es el mismo que expliqué más arriba. (De hecho, en las citas solo tuve que cambiar «mil dólares» por «libras» y «a la agencia de viajes» por «al puerto» para que encajaran perfectamente en el otro escenario).

¿Significa esto que Pórtico se avergüenza de ser ciencia ficción?

Yo creo que no (como tampoco creo que lo haga Battlestar Galactica); lo que sucede es que Frederik Pohl sabe que, en literatura, emplear nuevos escenarios permite enfocar de un modo distinto viejos dilemas.

Y ayudarnos a entender la realidad, a comprendernos mejor a nosotros mismos, es quizás el objetivo más importante de la literatura. De toda la literatura, incluida la ciencia ficción.

 

¿Por qué ciencia ficción?

Que la historia central de Pórtico pueda trasladarse a otro escenario (que lo importante sean las relaciones humanas y no el novum tecnológico) no significa que sus elementos de ciencia ficción sean un atrezo.

O, dicho de otra forma: que Pohl no busque que su novela «nos transporte: que nos lleve a algún sitio nuevo, que nos ponga en contacto con algo maravilloso, que nos pille por sorpresa», etc., etc., no significa que no sea una gran novela de ciencia ficción.

Es probable que en este momento estés pensando: pero ¿cómo que no nos pone en contacto con algo maravilloso?  Tanto la «idea» de Pórtico (esa puerta de entrada a las estrellas) como la civilización de los Heechee despierta de inmediato el sentido de la maravilla.

Es verdad, a primera vista sí. Sin embargo, una cosa es la «idea» que uno pueda tener de la novela, y otra distinta el entorno descrito por Pohl. A lo largo de todo el libro, el autor se esfuerza (literalmente) en convertir la estación en un lugar rutinario, burocrático, anodino salvo por su origen. Y lo hace para poner el foco en lo que de verdad le importa: las relaciones humanas, el origen de los traumas del protagonista, su sentimiento de culpa.

Y lo mismo puede decirse de los Heechee y sus misterios. Unos misterios que (como los misterios de nuestro subconsciente) están ahí, sabemos que existen, nos condicionan, pero no conseguimos entender.

Este primer volumen de la saga no da explicación alguna respecto a los Heechee. Todo son especulaciones, como las especulaciones que solemos hacer respecto a las cosas que nos determinan de un modo inconsciente.

 

NASA 4

 

Ciencia ficcionalizar el trauma

Pero ¿entonces para qué emplear un entorno de ciencia ficción?

La respuesta a esa pregunta es la misma que ya he dado otras veces. Porque la ciencia ficción nos permite ver con cierta distancia (extrañamiento) circunstancias que asumimos como «normales» (como inherentes a la realidad) de forma que podamos enfocarlas desde una perspectiva distinta.

Muchos de los elementos de ciencia ficción empleados en la novela sirven para poner una lupa sobre las características psicológicas del personaje y, por medio de él, sobre nuestra condición humana.

Al ejemplo de los Heechee como trasunto del subconsciente, podría añadir muchos otros. Daré solo dos porque el resto se internan, alevosamente, en el terreno del spoiler.

El primero del que quiero hablar son las naves Heechee. Unas naves en las que puedes embarcarte solo o en grupo y que, una vez activadas (es decir, una vez que sus tripulantes eligen el rumbo en un tablero que no comprenden), te transportan hacia destinos desconocidos. ¿Qué mejor metáfora de las grandes decisiones vitales? Cuando uno elige una profesión o una pareja (por solo poner dos ejemplos convencionales) no puede saber a dónde lo conducirá su decisión. (Puede intuirlo, por supuesto; puede hacerse una idea más o menos clara, en función de los datos de los que dispone, pero en ningún caso puede saberlo). Ni puede saber qué habría pasado si hubiese tomado otra decisión. Solo puede dejarse llevar, hacer las cosas lo mejor posible, y cruzar los dedos para llegar a buen puerto.

El segundo ejemplo es la introducción de fragmentos de la rutina ejecutada por Sigfrid en mitad de la terapia. Porque Sigfrid, el terapeuta de Rob, es en realidad una inteligencia artificial.

La frialdad mecánica de sus líneas de código sirve de contrapunto a su asombrosa empatía, a la profundidad psicológica de sus análisis. Lo cual nos obliga a plantearnos cuestiones filosóficas respecto a la inteligencia artificial (algo que, sin duda, Elías Combarro hace mucho mejor que yo), y a preguntarnos, en última instancia, qué nos define como humanos…

Porque ese es el tema central de Pórtico. Lo maravilloso, lo «arrobador» de la novela, es que emplea como metáfora la exploración del espacio exterior (un espacio inexplorado y espeluznante) para centrarse en la exploración del espacio interior, un espacio igualmente inexplorado y a menudo espeluznante, pero con el que no tenemos más remedio que convivir.

 

NASA 5

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *