Reconozco que hace relativamente poco que oí hablar de Octavia E. Butler, lo que era una gran carencia teniendo en cuenta que la calidad de su obra suele compararse a la de Ursula K. Le Guin. Fue gracias a la publicación de Parentesco por parte de Capitan Swing; una novela que —es importante decirlo— todavía no he leído.

Y es importante decirlo porque, gracias al artículo de Cristina Anguita en su blog, Devoradora de libros, sé que en ella Butler emplea la ciencia ficción para exponer en toda su crudeza el racismo, la esclavitud y la discriminación por razones de género. Temáticas que, debido a su condición de mujer y afrodescendiente, a Butler le concernían particularmente.

Tanto es así que, al hablar de su obra, suele salir a colación el termino «afrofuturismo»: un concepto que no abordaré aquí, pero que yo, al menos, siempre he asociado a la reivindicación artística (y estética) de la diversidad cultural, a la puesta en valor de las identidades locales y a la denuncia de la discriminación racial.

Eso es lo que esperaba encontrar en Hija de sangre y otros relatos, la antología recientemente publicada por la editorial consonni y, precisamente por eso, su contenido me sorprendió. Porque al margen de la innegable calidad literaria de sus textos —sobre la que estaba advertido— el enfoque desde el que Butler aborda el colonialismo, la identidad cultural y el mestizaje es radicalmente distinto al que había supuesto.

 

Amanecer 1
Collage compuesto por una fotografía de Viven Kumar y otra de Photoholgic, ambas publicadas en Unsplash.

 

Temáticas recurrentes

La antología me resultó tan original que, tras terminarla, decidí leer Amanecer, la primera novela de su trilogía Xenogénesis: un libro que ya estaba en mi lista de lecturas gracias al detallado análisis que le dedicó Laura S. Maquilón. Y lo curioso fue que, mientras lo hacía, descubrí que en la novela estaban presentes las mismas temáticas que acababa de detectar en los relatos… y enfocadas desde las mismas perspectivas.

Debido a eso, he decidido escribir este artículo de un modo algo distinto a como suelo hacerlo al analizar antologías. Hablaré de cada uno de los relatos que la componen, pero, en lugar de detenerme en su trama, profundizaré en la temática que desarrollan, vinculándola al modo en que es expuesta en Amanecer.

Claro que, para hacerlo, primero debo explicar brevemente qué encontrarás en ambas obras.

 

Hija de sangre y otros relatos

Esta antología, publicada originalmente en 1996, contenía cinco relatos (o, para ser preciso, una novelette y cuatro relatos) más dos ensayos. Nueve años después, se publicó una versión extendida que contenía, además, una novelette de 2003 y un relato de 2005. Esa es la versión que ha llegado hasta nosotros, con la excelente traducción de Arrate Hidalgo y unas perturbadoras ilustraciones —muy acordes al libro— de Nadia Barkate.

Respecto a los ensayos, solo diré que el primero es una conmovedora autobiografía literaria (casi un relato en sí mismo) y el segundo pauta una serie de consejos que todo aspirante a escritor debería leer… Y también te recomendaré, si quieres saber algo más, que leas la excelente reseña del blog In the Nevernever (gracias a la cual, por cierto, supe de la publicación de esta antología).

Lo que sí extractaré en este artículo serán fragmentos de los «epílogos» que Butler agregó a sus relatos. Breves excursos en los que nos presenta los disparadores, las motivaciones e incluso las temáticas que explora en sus historias.

 

Hija de sangre 1
Detalle de la portada de Hija de sangre y otros relatos: ilustración de Nadia Barkate.

 

Amanecer

La premisa de la novela es sin duda llamativa. Tras una guerra nuclear que ha devastado la Tierra, los escasos sobrevivientes del conflicto son abducidos por una civilización alienígena que, tras mantenerlos durante décadas en hibernación, despertará a una de las durmientes para que se familiarice con ellos y luego despierte, a su vez, a un grupo de cuarenta humanos.

En esta sinopsis he escamoteando, a propósito, algunos datos esenciales de los que hablaré al analizar las historias. Pero incluso sin ellos, convendrás en que es un planteamiento interesante.

Teniendo en mente estos apuntes, empecemos a analizar los relatos.

 

«Hija de sangre»: dominación y afecto

La desgarradora potencia del relato que abre la antología (nunca mejor dicho) viene avalada por la multitud de premios que recibió en su momento: en 1984, el Nebula a mejor novelette, y en la misma categoría, en 1985, el premio Hugo, el Locus y el Science Fiction Chronicle Award.

El argumento es simple: un grupo de emigrantes de la Tierra recalan en un planeta habitado cuya especie dominante exige un precio muy… particular por permitirles compartir su territorio.

Para que su efecto no se diluya, conviene no saber mucho más sobre el relato. Eso nos impedirá abordar uno de sus temas centrales. Sin embargo, dado que este volverá a aparecer en otras historias, aquí me centraré en otro que, aunque parezca secundario, está tan presente como el primero.

Intuyo que su presencia tiene mucho que ver con la condición de afrodescendiente de Octavia E. Butler, pero el enfoque desde el que lo aborda me ha desconcertado. De hecho, es el opuesto al que había supuesto que la autora iba a escoger. Me explico.

En la ciencia ficción clásica —escrita, mayoritariamente, por hombres blancos— el vínculo entre la especie humana y las inteligencias alienígenas ha adquirido diversas formas: seres con una inteligencia inferior, igual o superior a la nuestra que nos sirven de aliados; seres con una inteligencia inferior, igual o superior a la nuestra de los que somos enemigos; seres con una inteligencia tan avanzada que los percibimos como dioses; o seres con una inteligencia tan distinta que nos resultan incomprensibles. Frente a estas categorías, Butler propone una más: una inteligencia alienígena semejante a la nuestra, pero física y territorialmente más poderosa que nos domina.

Eso no implica necesariamente «colonialismo» porque, en el caso de este relato, son los humanos los que llegan a su planeta y, en el caso de Amanecer, los alienígenas nos rescatan de una Tierra devastada en la que, de no haber aparecido, habríamos muerto.

Es por esto que la palabra que mejor define ese vínculo es «dominación». Tanto en «Hija de sangre» como en Amanecer los alienígenas nos dominan… Y aquí viene lo sorprendente:

Dada la condición de la autora, uno tendería a pensar que nos presentará unos alienígenas tan brutales como los esclavistas de Parentesco frente a los cuales los humanos tenderán a la resistencia. (Sobra decir que esa es la postura de la ciencia ficción «clásica» ante una invasión extraterrestre: la reivindicación de la identidad del ser humano en contraposición a la «otredad» y su natural tendencia a resistir).

Sin embargo, lo que Butler nos presenta es una dominación suave (aunque no deje de ser dominación) ante la cual los dominados experimentan emociones ambiguas. Sin duda sienten asco y horror al observar de primera mano las consecuencias de la misma, pero, al mismo tiempo, mantienen un extraño vínculo afectivo con sus captores. Un vínculo que es difícil saber si ha sido inducido o ha surgido libremente, pero que los predispone hacia una actitud cooperante (sin llegar al colaboracionismo).

La puesta en valor de ese vínculo afectivo llega a tal punto que, tanto en «Hija de sangre» como en Amanecer, los personajes que se nos presentan como antagonistas, aquellos que el relato nos induce a despreciar, son los que optan por la resistencia.

La propia Butler expone esa intención en el epílogo del relato:

«Me asombra que algunas personas hayan interpretado “Hija de sangre” como una historia de esclavitud. No lo es. Sí que es otras cosas. Por un lado, es una historia de amor entre dos seres muy diferentes. Por otro, es una historia de paso a la madurez en la que un chico debe asimilar información perturbadora y utilizarla para tomar una decisión que afectará al resto de su vida».

Cabe señalar que a lo largo de la historia (tanto aquí como en Amanecer) se desliza una segunda interpretación de los hechos: el vínculo entre ambas especies parte de una simbiosis, ambas especies se necesitan. Sin embargo, incluso siendo verdad, también es cierto que la imposición de un conjunto de reglas por parte de la especie alienígena —reglas que violentan la integridad física de los humanos— sigue estando presente.

 

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Detalle de la portada del número de junio de 1984 de Asimov’s Science Fiction Magazine, en el que se publicó por primera vez «Hija de sangre».

 

«La tarde y la mañana y la noche»: la maldición se lleva en la sangre

El segundo relato de la antología nos pone en la piel de Lynn, una joven que padece la enfermedad de Duryea-Gode, una dolencia hereditaria que hace que, en determinado momento de su vida, la persona que la sufre experimente una pulsión irrefrenable hacia la automutilación. En otras palabras, la protagonista está genéticamente destinada a la autodestrucción corporal.

Una vez más, Butler explicita esa intención en el epílogo del relato:

«”La tarde y la mañana y la noche” nació de mi fascinación, que aún perdura, por la biología, la medicina y la responsabilidad individual.

El relato lo empecé, concretamente, preguntándome cuántas de nuestras acciones están o no propiciadas o vienen guiadas de algún modo por lo que somos genéticamente. Esta es una de mis preguntas favoritas, raíz de varias de mis novelas».

En efecto, esta pregunta también está presente en Amanecer. Aunque lo cierto es que allí (al igual que en este relato) no se expone como pregunta, sino como un hecho: nuestra tendencia a la autodestrucción es una «característica genética» inherente al ser humano.

«—Tenéis un par de características genéticas incompatibles. Cualquiera de ellas, por sí sola, podría haberos sido útil, habría ayudado a la supervivencia de vuestra especie, pero las dos juntas resultan fatales. Era sólo cuestión de tiempo hasta que os destruyeran.

Ella negó con la cabeza.

—Si estás diciendo que estábamos genéticamente programados para hacer lo que hicimos, para volarnos en pedazos…

—No, la situación de tu pueblo era más parecida a lo que te sucedió a ti con el cáncer que curó mi familiar. El cáncer era pequeño. La doctora humana dijo que podrías haberte recobrado y haber estado bien incluso si lo hubiesen detectado humanos y lo hubiesen removido en el estado en el que estaba.

[…]

—Pero ¿cuál es el problema? Dijiste que tenemos dos características incompatibles. ¿Cuáles son?

—Sois inteligentes —dijo—, esa es la más reciente de las dos características, y la que podríais haber usado para salvaros. Potencialmente, sois una de las especies más inteligentes que hemos encontrado, aunque vuestro enfoque sea diferente del nuestro. Aun así, tuvisteis un buen inicio en las ciencias de la vida e incluso en genética.

—¿Y cuál es la segunda característica?

—Sois jerárquicos. Ésa es la característica más antigua y más atrincherada en vosotros. La observamos tanto en vuestros parientes animales más cercanos como en los más distantes. Es una característica terrestre. Y cuando vuestra inteligencia se puso a su servicio en lugar de guiarla; cuando vuestra inteligencia ni siquiera la reconoció como un problema, sino que se enorgulleció de ella o no la tuvo en cuenta… […] Eso fue como ignorar al cáncer».

En ambas obras, la autodestrucción —ya sea individual o global— de la humanidad «viene guiada por lo genes». Por lo tanto, la pregunta no es si esto es así, sino qué debemos hacer para paliar o erradicar dicha determinación genética.

Y la respuesta, en ambos casos, implica el sometimiento a un poder externo, ya sea químico o genético. En el caso de Amanecer, la solución impuesta (no propuesta) por los alienígenas pasa por extirpar estas características genéticas del ser humano como quien extirpa un cáncer, para luego proceder al mestizaje entre ambas especies. En el caso de «La tarde y la mañana y la noche», no puedo exponer la solución sin destrozarte el relato, pero ésta también determina tanto a la protagonista —aunque su decisión sea libre— como al resto de enfermos.

 

Hija de sangre 2
Detalle de una ilustración de Etienne Sandorfi basada en el relato «La tarde y la mañana y la noche».

 

Mestizaje

Llegados a este punto, conviene matizar lo que acabo de exponer, porque al margen de las relaciones de dominio y sometimiento que permean su obra, la complejidad ética de la propuesta de Butler trasciende con mucho este vínculo.

Incluso negando la premisa del determinismo genético, sus historias nos inducen a plantearnos  preguntas tan trascendentales como: ¿qué nos define como seres humanos?, ¿dejaríamos de ser nosotros mismos si mezclásemos nuestros genes con los de otras especies?, ¿existe realmente algo tan abstracto (y a la vez tan arraigado) como la identidad de especie?, ¿cuáles son sus límites?

Obviamente si descendemos estas preguntas de la escala global a la de nuestras naciones, colores de piel o ascendencias culturales nos resultarán, hoy en día, más pertinente que nunca. Solo por eso, leer a Octavia E. Butler es necesario.

Dicho esto, los conceptos de mestizaje e hibridación de los que acabo de hablar nos conducen, directamente, hacia el tema del siguiente relato.

 

«Parientes cercanos»: rompiendo tabúes

Esta es una de las dos historias realistas que componen la antología, y resulta casi imposible hablar de su trama sin hacer spoilers.

Lo máximo que puedo decir es que nos presenta a una joven que está revisando las pertenencias de su madre —con la que apenas ha tenido contacto— poco después de que esta falleciera.

De lo que sí puedo hablar —indirectamente— es de la temática de la historia: «Parientes cercanos» explora en un contexto realista lo que Amanecer desarrolla en un contexto de ciencia ficción: la ruptura de un tabú.

Las relaciones sexuales entre diversas especies son, sin lugar a dudas, el mayor de los tabúes concebibles, pero el enfoque desde el que Butler las expone en Amanecer resulta, una vez más, sorprendente.

No solo no las juzga, sino que las observa y las describe con una naturalidad y ternura contagiosas; con una cercanía que nos induce a derribar nuestras barreras mentales y a cuestionarnos los límites del amor y de nuestra condición humana.

Lo mismo puede decirse, sin entrar en detalles, de lo que ocurre en «Parientes cercanos».

 

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Detalle de la portada de Near Kin: A Collection of Words and Art inspired by Octavia Estelle Butler, editado por Marie Lecrivain. El título es un juego de palabras con el original en inglés de «Parientes cercanos»: «Near of Kin».

 

«Sonidos de habla»: apocalipsis suave

No es casual que «Sonidos de habla» haya ganado el premio Hugo a mejor relato en 1984. Aunque en este caso el detonante sea un virus, la historia explora el progresivo deterioro de la sociedad humana con la misma mirada, entre crítica y desasosegante, del magnífico relato «La bomba número seis», de Paolo Bacigalupi; de Apocalipsis suave, de Will McIntosh; o incluso de la reciente serie francesa El colapso.

Butler plantea en su epílogo que:

«Concebí “Sonidos de habla” sumida en el cansancio, la depresión y la pena. Empecé la historia sintiendo poca esperanza o simpatía por la especie humana, pero, para cuando llegué al final, la había recuperado. No sé por qué siempre me pasa».

Esas emociones (y el proceso a través del cual dan paso a la esperanza) se perciben claramente en el relato. Y resulta interesante contraponerlo a lo que ocurre en Amanecer, donde ese deterioro de la sociedad humana se extiende a lo largo del libro.

Claro que Amanecer es solo el primer volumen de una trilogía, y podría decirse que la encarnación de la esperanza final (salvando las distancias) es la misma en la novela y en el relato.

 

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Detalle de una ilustración de Diego Pañuela basada en el relato «Sonidos de habla».

 

«Al otro lado»: el paria como protagonista

El segundo relato realista de la antología esboza la vida de una marginada, una paria social que no parece encajar en ningún sitio. Y una vez más, a través del realismo, Butler explora unas circunstancias que, en Amanecer, traslada a la ciencia ficción.

Lilith, la protagonista de la novela, es un personaje que no encaja en ningún sitio. Por mucho que sea «adoptada» por una «familia» alienígena, en ningún momento del libro se siente integrada en ella. (La integración sensorial que experimenta en ciertos momentos es inducida por un personaje alienígena, y analizar si eso supone un nuevo tipo de vínculo emocional o es otra forma de dominación supera con mucho los límites de este artículo).

Por otra parte, entre los humanos, Lilith siempre es vista con suspicacia debido a su cercanía con los alienígenas.

Obviamente, las connotaciones del nombre Lilith no eran desconocidas para Butler:

«Como buena niña baptista, leía la Biblia: primero como una sucesión de instrucciones sobre cómo debían ser mi fe y mi comportamiento; después, como fragmentos de poemas que me exigían que memorizase y, finalmente, como una serie de historias interesantes e interconectadas».

Lilith es la diosa de la noche de la mitología mesopotámica; la mujer hecha de barro en igualdad con Adán de las interpretaciones rabínicas del Génesis (recordemos que su trilogía se titula Xenogénesis); la progenitora de la estirpe de las lilim, las descendientes (femeninas) malditas de Adán que abandonaron el paraíso. En otras palabras, Lilith es la quintaescencia del paria en nuestra sociedad patriarcal…, o la quintaesencia de la libertad en una sociedad distinta. Y, precisamente por eso, se siente desclasada.

La frase que define a la protagonista de «Al otro lado»…

«Lo habría dejado hace mucho tiempo si no fuera porque le daba miedo empezar de cero en otro lugar donde quizá la gente fuera aún peor».

… define también a Lilith en Amanecer. De hecho, la tiene tan asumida que la emplea como advertencia para otros personajes del libro:

«—Las cosas pueden cambiar —dijo con voz tranquila—. Quizá puedas hacer que todo el mundo se ponga en mi contra. Eso me convertiría en un fracaso.

Alzó un poco la voz, a pesar que su tono suave, todos la habían escuchado:

—Eso significaría que seríais puestos de nuevo en animación suspendida, para luego separaros y haceros repetir todo esto con otra gente. —Hizo una pausa—. Si esto es lo que queréis…: ser separados, empezar de nuevo solos, pasar por esto tantas veces como sea necesario para que os decidáis a seguir hasta el final, pues adelante, seguid intentándolo. Quizá tengáis éxito».

 

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Detalle de una de las portadas inglesas de Amanecer.

 

«Amnistía»: colonialismo económico y revictimización

El hecho de que la protagonista no encaje por completo en ningún sitio nos conduce al concepto de revictimización. Sin embargo, dado que para explorarlo es necesario revelar cierto detalle de la trama del relato, comenzaré por hacer una breve sinopsis del mismo y analizar el otro tema que aborda.

La historia nos sitúa en un futuro cercano en el que una civilización alienígena conformada por entidades colectivas —las Comunidades— ha ocupado los desiertos terrestres. En los primeros años tras su llegada, los alienígenas abdujeron a varios cientos de humanos para estudiar a (y aprender a vincularse con) sus «anfitriones». «Amnistía» nos sitúa en la piel de uno de esos abducidos y, a lo largo del relato, iremos conociendo su historia.

Tras leer estas líneas, supongo que ya habrás descubierto cuál es el «otro tema» que aborda la historia. Una vez más, la civilización alienígena ejerce un vínculo de dominación sobre la especie humana, y en este caso, dadas las circunstancias, lo que se plantea es una imposición colonialista. Sin embargo —debido, quizás, a que fue escrita en 2003—, el colonialismo que expone el relato no es territorial (los alienígenas solo ocupan las zonas deshabitadas de los desiertos terrestres), sino económico.

Tras la llegada de las Comunidades, la economía humana se ha vuelto tan dependiente de la alienígena que, incluso experimentando un profundo resentimiento por las aberraciones a las que sometieron a los abducidos, los humanos no tienen más remedio que trabajar para ellas si quieren subsistir.

Y esto nos lleva, ahora sí, al tema de la revictimización, presente tanto en este relato como en Amanecer. Antes debo recordarte que (aunque lo que voy a contar no es esencial para el relato), si prefieres leerlo sin saber nada al respecto, te recomiendo que pases al siguiente apartado.

Noah, la protagonista de la historia (por más que sea un nombre masculino), formó parte de la segunda ola de abducciones. Fue atrapada por los alienígenas cuando era una niña y sometida a una serie de experimentos, tanto físicos como psicológicos, que rayaron en la tortura. Y digo «rayaron» porque la intención de los alienígenas no fue infligirle dolor —ni a ella ni a nadie—, sino «entender» a la especie con la que debían interactuar. Fue ese desconocimiento el que los llevó a realizar actos que, contemplados de forma objetiva, resultan aberrantes.

Tras casi una década de cautiverio —una vez que las Comunidades han adquirido el suficiente conocimiento de nuestra especie— Noah es la primera persona en ser liberada… Sin embargo, los poderes militares terrestres, en lugar de recibirla como lo que es, una víctima, la presuponen colaboracionista —¿por qué, si no, la iban a liberar?—, así que vuelven a encerrarla y a someterla a tortura —esta vez  de forma intencionada— para extraerle información sobre sus captores.

A través de la historia de Noah, «Amnistía» expone en toda su crudeza la tragedia de la revictimización, una doble violación de los derechos humanos que, lamentablemente, es mucho más habitual de lo que podría parecer, teniendo en cuenta la poca difusión que recibe.

Además, en el caso de Butler, la denuncia de esta tragedia es doble: está presente en el relato y está presente en Amanecer, a través de la experiencia de Lilith… Aunque prefiero no explicarte por qué lo digo porque, si lo hiciera, te estaría estropeando la novela.

 

Hija de sangre 4
Detalle de la portada de Amnesty and Other Short Stories, de Octavia E. Butler.

 

«El libro de Martha»: ¿es posible la utopía?

El último relato de la colección es una suerte de ejercicio filosófico.

Martha, una escritora afrodescendiente de mediana edad, es reclutada por Dios (ni más ni menos) para «ayudar a la humanidad a sobrevivir a su codiciosa, asesina y derrochadora adolescencia», para ayudarla «a encontrar formas de vivir menos destructivas, más pacíficas y sostenibles» (sic.). Y, para hacerlo, Dios le «presta» su omnipotencia.

Esa es la maravillosa excusa (en todos los sentidos) que le permite a Martha/Butler reflexionar sobre la utopía y sus implicaciones. Como plantea en su epílogo:

«”El libro de Martha” es mi historia sobre utopías. La mayoría de las historias sobre utopías no me gustan porque no me las creo lo más mínimo. Parece inevitable que mi utopía fuera el infierno de otra persona. Por eso, cómo no, hago que Dios le exija a la pobre Martha que se saque de la manga una utopía que pueda funcionar».

Y la pobre Martha termina por sacarse una muy original utopía de la manga. Con sus pros y sus contras, que el relato también analiza.

Aunque, obviamente, dejaré que la descubras por tu cuenta.

 

Impermanencia

Antes de cerrar este artículo, me interesa bosquejar un enfoque distinto de la obra de Butler.

Quizás, el antagonismo identidad/mestizaje que hemos analizado en sus textos parta de un preconcepto sobre los temas que debería abordar una escritora afrodescendiente. Quizás, las obras que he analizado no establezcan una dicotomía entre esos dos términos, tan cargados de significados políticos, sino entre los de estancamiento y cambio, más próximos a la filosofía.

Vistas desde esa perspectiva, las obras de Butler serían una defensa del cambio como elemento esencial de la supervivencia, como característica inherente a la vida: solo cambiando se puede seguir siendo y, por lo tanto, el debate identidad versus mestizaje carece de sentido. ¿Qué identidad puede tener lo que no es? ¿Qué es el mestizaje, sino una forma de cambio?

Esta idea no es un mero ejercicio conceptual.

Butler la maneja de forma explícita tanto en estas como en otras de sus obras. En Parable of the Sower, por ejemplo, su protagonista aprende y difunde que:

«Todo lo que tocas, lo cambias.

Todo lo que cambias, te cambia.

La única verdad perdurable es el cambio».

Y ese llamado no solo hace referencia a nuestros cuerpos.

Quizás donde se deba producir el cambio mayor —el cambio que nos dará acceso al resto de cambios— sea en nuestras mentes. Al fin y al cabo, ya lo decía Ursula K. Le Guin…, esa escritora con la que tanto se la compara:

«No podéis comprar la Revolución. No podéis hacer la Revolución. Solo podéis ser la Revolución. Ella está en vuestro espíritu, o no está en ninguna parte».

Butler, a través de sus textos, nos recuerda que el cambio también.

 

Amanecer 5
Collage compuesto por una fotografía de Juliano Bertoldo y otra de Chewy, ambas publicadas en Unsplash.

 

NOTA: La imagen de cabecera es un collage compuesto por una fotografía de Jessica Rockowitz y otra de David Clode, ambas publicadas en Unsplash.

 

 

 

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