A decir verdad, el subtítulo de esta entrada lo pensé hace ya un buen tiempo para un artículo que nunca escribí sobre Fuego, de Joe Hill. Mientras lo leía, las referencias/homenaje a una de las obras más emblemáticas de su padre (me refiero, obviamente, a Apocalipsis, de Stephen King) me resultaron tan claras que pensé que podría ser divertido recopilarlas en un artículo. Sin embargo, por razones que explicaré más adelante, el único modo de hacerlo era destripando la novela y eso es algo que procuro evitar. Así que me quedé con el título y las ganas sin imaginarme que un par de años después tendría la excusa perfecta para usarlo… e incluso para hablar de Fuego sin hacer spoilers.

Oí hablar de Los sonámbulos, de Chuck Wendig, a los pocos meses de que se publicara en inglés, en 2019. David Tejera Expósito, quien terminaría siendo su traductor al castellano, lo recomendó efusivamente en Twitter. Y dado que David, además de ser un excelente traductor, es un magnífico asesor literario, sus comentarios me tentaron lo suficiente como para terminar adquiriéndolo en audiolibro en inglés. (Por cierto, su título original es Wanderers, cuya traducción literal, ‘vagabundos’, con todas sus interesantes connotaciones, acababa de ser empleada en otra excelente novela que analizamos aquí). Sin embargo, dado que el audiolibro duraba más de treinta horas, lo fui relegando frente a lecturas más cortas hasta que me enteré, a principios del año pasado, de que Roca tenía previsto publicarlo en septiembre. Lo compré en cuanto salió y terminé leyéndolo durante las fiestas. Y descubrí que los elogios de David no eran exagerados. De hecho, la novela merece ser tan leída y comentada como la novela de King a la que se asocia.

Pero antes de explicar por qué, hablemos un poco sobre su capacidad visionaria.

 

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Fotografía realizada por Yohann LIBOT y publicada en Unsplash.

 

LA PANDEMIA

Como comenté más arriba, Los sonámbulos se publicó en inglés en julio de 2019, es decir, seis meses antes de que empezáramos a tener noticias de la pandemia que ha determinado nuestras vidas en los últimos dos años.

Es importante recalcar este dato porque la primera semejanza (y la más evidente) de Los sonámbulos con Apocalipsis es que ambas tratan sobre una pandemia que devasta a la humanidad y de lo que le ocurre a los supervivientes. Afortunadamente, la virulencia y mortandad de las plagas relatadas en ambas novelas…, así como el origen de las mismas, nada tienen que ver con la COVID-19. Sin embargo, en la novela de Wendig, ciertas descripciones de los mecanismos de control en la expansión de la pandemia, algunos de sus primeros síntomas y, sobre todo, los test que se emplean para detectarla nos recuerdan (y mucho) a cosas que hemos vivido a partir de 2020.

Resulta asombroso ver cómo ciertas escenas, escritas en su momento para un escenario de ciencia ficción (o para uno de ficción científica, si prefieres) han podido normalizarse en tan poco tiempo. Lo que hace unos meses era la «nueva normalidad» ya se ha convertido en la normalidad a secas.

 

APOCALIPSIS PARA EL SIGLO XXI

Dicho esto, analicemos las semejanzas entre la novela de King y la Wendig.

Lo primero que debo aclarar al respecto es que, si bien esta referencia es premeditada, Los sonámbulos no puede entenderse en modo alguno como un plagio. Al final del artículo explicaré por qué, pero, de momento, digamos que Wendig emplea los mimbres de Apocalipsis como una suerte de lienzo, y sobre él plasma un lúcido retrato de la sociedad estadounidense durante la era de Trump (aunque en la novela no se lo nombra existe un personaje que sin duda nos lo recuerda) y de la sociedad occidental en su conjunto.

Que la referencia a King es premeditada se explicita en los Agradecimientos (por más que este reconocimiento se incluya junto al de otros autores):

Gracias a los escritores que han escrito novelas épicas antes que yo, y que me han ayudado a creer que no pasa nada por escribir cientos y cientos de páginas de ideas inquietantes en las que el mundo se ha vuelto loco, maestros como Stephen King, Robert McCammon, Emily St. John Mandel, Margaret Atwood o N. K. Jemisin.

No es casual que Stephen King sea el primer nombre de la lista, ni que Robert McCammon sea el segundo. La novela más famosa de Robert McCammon (y a la que sin duda hace referencia Wendig) es El canto del cisne, una novela también postapocalíptica, aunque, en su caso, se trate de un apocalipsis nuclear. Como explica Jorge Valencia en la reseña que escribió para terror.com.ar:

El canto del cisne es innegable heredera de […] The Stand (Apocalipsis), una de las novelas fundamentales del autor de Maine. No hay duda de que McCammon debió de haber leído el libro de King, y lejos de emularlo (si bien guarda ciertos paralelismos), lo que hace el autor nacido en Alabama es honrarlo escribiendo una obra colosal que no tiene mucho que envidiarle a su antecesora.

Lo mismo podría decirse de Los sonámbulos. Veamos por qué.

 

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Fotografía realizada por Daniel Tafjord y publicada en Unsplash.

 

LOS PERSONAJES

¿Recuerdas que te hablé de Fuego, de Joe Hill? Pues bien, si en algo resultan evidentes las referencias/homenaje a Apocalipsis que va soltando Hill en su novela, es en los nombres de sus personajes. Con premeditación, alevosía y mucho cariño, bautiza a varios de ellos con el nombre de personajes reconocibles en la novela de su padre, y luego los hace evolucionar de forma distinta a como lo hacían allí. El contraste entre ambas versiones genera un juego muy interesante que daría para otro artículo. El problema, como comenté al principio, es que para hacerlo sería necesario destripar la novela de Hill porque la evolución de sus personajes es inseparable de la trama.

Afortunadamente, el modo en el que Weding vincula a sus personajes con los de Apocalipsis es mucho más sutil y, por tanto, resulta fácil exponerlo sin estropear la novela. Su estrategia consiste en retomar los arquetipos de algunos de sus personajes principales y darles una vuelta de tuerca que, en última instancia, le permite mostrar cómo ha evolucionado la sociedad en los cuarenta años (¡sí, la primera versión de The Stand es de 1978!) que las separan.

Porque a estas alturas no creo que sea una crítica a la novela de King reconocer que los detalles del fresco social que describe han quedado desfasados. Su intención fue presentarnos la sociedad norteamericana de la época en la que fue escrita para que su apocalipsis les resultara verosímil a los lectores de entonces; y dado que logró su objetivo, es lógico que a día de hoy percibamos el paso del tiempo. Lo cual no impide que, como veremos al final del artículo, los mimbres con los que construyó la historia conformen un armazón atemporal.

 

ARQUETIPOS

Analicemos pues a los personajes de Apocalipsis y veamos (sin nombrarlos) el modo en que son trasladados a Los sonámbulos.

Empecemos por Fran Goldsmith, la adolescente embarazada. Aunque se nos intente mostrar que es un personaje femenino fuerte (y quizás lo fuera para los estándares de la época), el rol de Frannie en Apocalipsis se constriñe a ese arquetipo. Se entera de que está embarazada al mismo tiempo que empieza la pandemia (y la novela) y, a partir de ese punto, todas sus interacciones giran en torno a la evolución de su embarazo y a su vínculo con los personajes masculinos que le sirven de protectores/parejas. No es casual que no haya sido elegida por Dios para dirigirse a Las Vegas (de hecho, no elige a ninguna mujer) ni que la novela se cierre con el resultado de su parto.

Pues bien, Wendig toma el arquetipo de la adolescente embarazada y lo reformula completamente. Para empezar, el hecho de que esté embarazada es un dato más en la construcción del personaje, importante, sin duda, pero secundario en lo que respecta a su toma de decisiones. Además, el rol pasivo de Frannie da paso a uno rotundamente activo… Ella sí que «es elegida por Dios para ir a Las Vegas» (digámoslo así para no hacer spoilers), e incluso en esa «elección» su rol es activo.

Es a esto a lo que me refiero al decir que es posible exponer un cambio social a través del cambio de enfoque de un arquetipo.

 

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Fotografía realizada por Erik Mclean y publicada en Unsplash.

 

PERO HAY MÁS EJEMPLOS

Otro personaje importante en la novela de King es Harold Lauder, la persona inteligente (con la que incluso empatizas al principio del libro) que termina siendo un tonto útil al servicio del mal. En la serie de CBS Access que adaptó Apocalipsis el año pasado, Josh Boone ya logró reflejar en ese arquetipo un fenómeno social contemporáneo. Como explica Jorge Loser en su artículo para espinof:

Su Lauder es un reflejo evidente de la comunidad incel de internet, hombres autoconsiderados beta que alimentan su toxicidad a base de victimismo y una autopercepción excesiva.

Esto ya da una buena pista de la versatilidad de la historia de King, sin embargo, en Los sonámbulos Wendig le da otra vuelta al arquetipo y construye un arco de crimen, castigo y redención que, una vez más, le brinda al personaje un rol activo en la trama.

Otro personaje reconocible de Apocalipsis es Larry Underwood, el músico de rock egocéntrico, que, debido a su adicción a las drogas, no consigue aceptarse a sí mismo. En este caso, Wendig retoma el arquetipo casi al milímetro salvo por dos detalles: en primer lugar, el talante trágico de Larry Underwood es sustituido, en el personaje de Los sonámbulos, por un cinismo descarado y humorístico y, en segundo término, que el personaje no se acepte a sí mismo no se debe a las drogas, sino a su homosexualidad, lo que permite que Wendig exponga tanto la diversidad como los prejuicios de nuestra sociedad contemporánea.

 

LÍNEA DIRECTA CON DIOS

Uno de los personajes más entrañables de Apocalipsis es Tom Cullen, un hombre corpulento, bonachón y «retrasado mental» que, gracias a eso, puede contactar con Dios a través de una suerte de autohipnosis… Antes de que te eches las manos a la cabeza por lo que acabo de escribir entre comillas, te diré que lo he hecho a propósito: es así, literalmente, como King describe a su personaje a lo largo de la novela. (O al menos es así, literalmente, como se lo ha traducido). Por ejemplo, en esta cita.

Tom le agarró a ciegas la mano, y Nick atrajo hasta su lado al retrasado mental, que temblaba. Se preguntó si estaría llorando o si intentaba hablar con él.

Cualquiera que haya leído una entrevista a Stephen King (o sus redes sociales) sabe que es una persona abiertamente progresista, así que ese modo de describir a su personaje no respondía a un prejuicio, sino a un uso habitual del lenguaje en aquel momento. El simple hecho, aunque sea nominal, de que ahora esa expresión nos rechine ya muestra cierto avance de la sociedad respecto al tema en los últimos cuarenta años.

Pero volviendo al arquetipo de Tom Cullen, en Los sonámbulos también existe un personaje (femenino) corpulento, bonachón y con un serio trastorno de su capacidad intelectual que, gracias a eso, puede contactar con parte de la entidad que hace las veces de Dios.

Y no es el único.

Si en Apocalipsis Madre Abigail tenía «línea directa» con Dios a través de sus sueños, en Los sonámbulos ese arquetipo se vuelve literal: existe un personaje que puede comunicarse con la entidad que hace las veces de Dios por medio de un teléfono satelital… o a través de lo servidores en los que está instalado.

 

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Fotografía realizada por Mike Walter y publicada en Unsplash.

 

DIOS Y EL DIABLO VERSIÓN 2.0

Porque una de las genialidades de Los sonámbulos (y que habla mucho de las esperanzas, temores y espiritualidad de algunos de los sectores más influyentes de nuestro tiempo) es el hecho de que la entidad que hace las veces del Dios cristiano de King sea una inteligencia artificial (Cisne Negro), y que el modo en que los humanos se vinculan con ella (la fe en sus designios, la aceptación de su misterio, la adhesión a su plan) tenga más de religioso que de científico…, incluso aunque sus principales interlocutores sean científicos.

¿Y qué puede decirse del personaje de Randall Flagg, esa personificación del demonio presente en Apocalipsis y otras novelas de King? La vuelta de tuerca, a este respecto, también es muy original: el mal espiritual representado por Flagg es sustituído en Los sonámbulos por uno mucho más terrenal, pero no por eso menos sinestro: un supremacista blanco que lleva a su máxima expresión los anhelos fascistas, misóginos y sectarios latentes tras QAnon y su teoría de la conspiración.

En ese sentido cabe decir que Los sonámbulos también es visionaria. Recordemos que se publicó a mediados de 2019, cuando muy pocos imaginaban que Trump no ganaría la reelección, y nadie presagiaba algo tan descabellado como el ataque al Capitolio de enero de 2021. Sin embargo, cierta escena del libro plantea de forma explícita que, en un contexto de pandemia agravada, podía llegar a producirse algo así o incluso peor.

 

Y LAS REFERENCIAS NO SE LIMITAN A LOS PERSONAJES

Los sonámbulos está trufada de guiños (más o menos explícitos) a Apocalipsis. Obviamente, la gracia es que los descubras por tu cuenta. Sin embargo, a modo de ejemplo, no me resisto a compartir una cita que te resultará familiar.

En cierto momento de la historia, un personaje debe acercarse a Las Vegas en busca de algo, y así es como la describe:

Sí, era cierto que ahora todo tenía una atmósfera decadente y apocalíptica, pero en realidad eran cosas que siempre habían estado allí en Las Vegas. La ciudad tenía un ambiente que parecía gritar a los cuatro vientos: «Come, bebe y sé feliz como si no hubiera un mañana». Aquel lugar se había quedado atascado en un final interminable que nunca parecía llegar, inmerso para siempre en las horas previas al amanecer en las que la resaca era mucho peor, a caballo entre «aún me estoy divirtiendo» y «estoy a punto de vomitar», entre un «todo es maravilloso» y un «ha llegado el fin del mundo».

Para reforzar aún más la referencia, Wendig agrega que:

Habría sido factible llegar por la I-15, pero había decidido pasar por un pueblo llamado Searchlight y luego virar al norte en Nelson, Boulder City y Henderson.

 

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Fotografía realizada por LOGAN WEAVER y publicada en Unsplash.

 

MUCHO MÁS QUE UNA ADAPTACIÓN

Llegados a este punto, es importante repetir lo que dije al principio, Los sonámbulos no es una adaptación de Apocalipsis, sino que emplea sus mimbres para crear algo nuevo: un fresco de la sociedad estadounidense durante la era de Trump (en particular) y de la sociedad occidental contemporánea (en general).

Como he intentado mostrar a lo largo del artículo, al margen de la historia en sí —que a mí me ha encantado—, su retrato es tan certero que, por momentos, resulta visionario. Ya solo por las citas que abren los capítulos de los primeros dos tercios del libro (extractos ficticios de redes sociales, programas de entretenimiento, periódicos, podcast y chats que opinan sobre los hechos que se están desarrollando), ya solo por eso vale la pena leerlo. Y esas citas no eran si quiera imaginables a finales de los setenta.

Sin embargo, al mismo tiempo no cabe duda de que Apocalipsis está en la base de su gestación…, como lo está en la de El canto del cisne, de Robert McCammon, o en Fuego, de Joe Hill. Lo cual, más que hablar de Los sonámbulos, nos lleva a reflexionar sobre la novela de King. A preguntarnos en qué se ha convertido con el paso del tiempo.

 

UN MITO CONTEMPORÁNEO

Mi opinión es que, a día de hoy, la estructura argumental y los arquetipos presentes en Apocalipsis se han convertido en una estructura clásica dentro del género. Del mismo modo en que nadie acusaría de plagiar a Tolkien a una novela de fantasía que empleara la estructura argumental del camino del héroe o los arquetipos del orco, el enano y el elfo para crear a sus personajes, carece de sentido hacer lo mismo con esta estructura para las novelas postapocalípticas.

Claro que la originalidad de la propuesta radica en el modo en que esos mimbres son presentados o modificados… y que siempre habrá autores dispuestos a transitar caminos distintos. Pero eso no le quita mérito alguno a las obras que optan por basarse en una estructura clásica, en un mito. Y eso es lo que es, a estas alturas, el relato creado por King.

Lo interesante es que este tipo de estructuras tienden a ser muy flexibles a la hora de adaptarse a los nuevos tiempos (incluso aunque el original no lo sea: pensemos en los mitos de Cthulhu, por ejemplo), por lo que son un vehículo más que propicio para analizar la evolución de la sociedad en la que se inscriben.

Dado que estamos familiarizados con la base de sus historias, las que nos sorprenden, las que revelan la lucidez del escritor, son las variaciones que operan sobre ellas para ajustarlas a su tiempo. Y las hechas por Wendig en Los sonámbulos a Apocalipsis, de Stephen King, son de una lucidez ejemplar.

 

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Fotografía realizada por Edwin Hooper y publicada en Unsplash.

 

NOTA: La imagen de cabecera es una fotografía de Henry Xu publicada en Unsplash.

 

 

 

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