Adoro leer reseñas de libros; en especial, las escritas en blogs.

He sido lector de blogs durante muchos años antes de atreverme a abrir esta página. Y si al fin lo he hecho ha sido, básicamente, porque ansiaba formar parte de este mundo, participar en el debate.

Y dado que tiendo a comprar libros bastante antes de leerlos, es común que esas reseñas alteren mis listas de lectura, priorizando (o no) ciertos libros con respecto a otros.

Sé que muchos lectores prefieren abordar los libros sin haber accedido más que al texto de contraportada, pero en mi caso (dado que me cuesta bastante dejarlos a medias) prefiero tener una idea aproximada de lo que voy a encontrar.

Es por eso que The Power, de Naomi Alderman (Viking, 2016), me ha impactado tanto. Porque incluso sabiendo qué iba a encontrar; incluso reconociendo todos los elementos que Susana Vallejo, Alexander Páez o Alicia Pérez Gil (por citar algunos ejemplos) mencionaban en sus artículos, el modo y la amplitud (incluso la ambición) con la que Alderman los expone es imposible de imaginar hasta haberla leído.

No cabe duda de que The Power subvierte todas nuestras referencias mentales a los temas de género (mostrándonos lo aberrante de ciertas actitudes de las que apenas somos conscientes). Pero, además, la novela es un tratado cáustico (por momentos desgarrador) sobre las dinámicas, las interacciones, el empleo y el abuso del poder.

De hecho, dispone de tantas capas superpuestas que es imprescindible desgranarlas de a poco. Así que empecemos; te prometo que la propuesta de Alderman no te dejará indiferente.

 

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Collage compuesto por una fotografía de Miada Vigerova publicada en Unsplash y un diseño de Freepik.

 

Las estrategias de la subversión

En uno de mis primeros artículos comenté la diferencia entre «extrañamiento» y «extrañeza» para diferenciar los objetivos de la «literatura prospectiva» de lo que entonces llamé «literatura fantástica».

Pero para analizar The Power es necesario ampliar el territorio de la «literatura prospectiva» a todas aquellas obras que emplean elementos fantásticos (ya sean propios de la ciencia ficción o de la fantasía) para poner el acento sobre tendencias o características sociales.

Así, mientras que generar extrañeza («cualidad de raro, extraño, extraordinario», según la RAE) es el objetivo de la literatura fantástica, de la literatura maravillosa, e incluso de buena parte de la ciencia ficción. El objetivo de las obras que emplean el fantástico como herramienta de análisis es generar extrañamiento («acción y efecto de extrañar o extrañarse»), entendiendo por extrañar: «sentir la novedad de algo que usamos, echando de menos lo que nos es habitual».

Dicho en otras palabras, el objetivo de este tipo de literatura es hacernos ver con cierta distancia («extrañamiento») las tendencias que asumimos como «normales», como inherentes a la realidad cotidiana, para que podamos preguntarnos si realmente lo son y, sobre todo, hacia dónde nos están conduciendo.

Para lograrlo deben establecer un delicado equilibrio entre lo conocido y lo sorprendente; generar extrañamiento sin llegar a la extrañeza. Y The Power expone un catálogo de estrategias para lograrlo. Para subvertir nuestra realidad cotidiana y ayudarnos a verla de un modo distinto. En particular, para ayudarnos a enfocar de un modo distinto las cuestiones de género. Porque como bien dice la autora casi al final del libro:

«Podremos pensar e imaginarnos de forma distinta cuando comprendamos en qué se basan nuestras ideas».

 

La inversión de la realidad

De entre todas las estrategias empleadas por Alderman, la más evidente (pero no la única) la conocí antes de leer la novela gracias al artículo de Alicia Pérez Gil aparecido en Origen Cuántico: la inversión de los roles de género de la sociedad patriarcal.

Sin embargo, incluso conociéndola, su potencia expresiva (y subversiva) me maravilló.

Invertir el género de los actores no solo realza la brutalidad primitiva de ciertas prácticas aún vigentes, sino que subraya el machismo de ciertas actitudes «invisibles» (para quien las ejerce, no para quien las sufre) profundamente arraigadas en nuestra sociedad.

Prueba de lo primero, esta magnífica descripción de un rito iniciático que seguro que reconocerás (de hecho, si eres hombre te dolerá bastante):

«Pintura en roca descubierta en el norte de Francia, aproximadamente hace cuatro mil años. Representa el procedimiento de «freno» —también conocido como mutilación genital masculina— en el que se queman las terminaciones nerviosas clave del pene cuando el chico se acerca a la pubertad. Una vez finalizado el procedimiento —que aún se practica en muchos países (…)—, es imposible que un hombre alcance la erección sin la estimulación eléctrica de la mujer. Muchos hombres sometidos al freno jamás podrán eyacular sin dolor».

Como ejemplo de lo segundo, este informal y «desprejuiciado» correo de una editora al recibir la novela de un amigo escritor (claro partidario de un enfoque de género en el análisis histórico y la literatura).

«¡Vaya! ¡Menudo lujo! He hojeado algunas páginas y estoy ansiosa por meterme ya dentro. Veo que has incluido algunas escenas con hombres soldado, agentes de policía hombres y “bandas criminales de chicos”, como dijiste que harías, ¡descarado! No hace falta que te diga lo mucho que me divierten ese tipo de cosas. (…)

Creo que me va a gustar ese “mundo gobernado por hombres” del que hablas. Seguro que sería más amable, más atento y —¿puedo decirlo?— un mundo más sexy que el que vivimos».

La novela se estructura en torno a cuatro personajes a los que dedica una serie de capítulos. De este modo, se establecen cuatro hilos argumentales que, antes o después, terminan confluyendo.

Y resulta interesante señalar que, si bien todos los hilos argumentales emplean la «estrategia de la inversión» para resaltar las estructuras del patriarcado, solo uno se nutre de ella por completo: la historia de Tunde, el único protagonista masculino. Lo que vive este periodista en sus viajes por el mundo es una inversión literal de la experiencia de una periodista en la realidad contemporánea.

 

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Fotografía realizada por Dominik QN y publicada en Unsplash.

 

Transición gradual

Otra estrategia empleada por Alderman para exponer el machismo es la transición gradual.

Salvo en su «prólogo» y «epílogo»,The Power no describe una sociedad matriarcal, sino el origen de la misma en el seno de una sociedad patriarcal.

Dicho de otro modo: la novela expone el surgimiento de su novum (la capacidad de las mujeres de generar descargas eléctricas lo que, obviamente, las hace más fuertes que los hombres) y el modo en que ese cambio en el equilibrio de poder afecta a la sociedad.

Esta contraposición le permite analizar las dinámicas de la subyugación (tanto física como psicológica) y el modo en estas van cambiando conforme se equilibran y al fin cambian de manos.

Y lo genial de la novela es que, al mismo tiempo que expone ese proceso en el mundo que describe, construye una abstracción (un «modelo a escala») y lo encaja en la historia a modo de recordatorio:

¿Cómo lo hace? Insertando aquí y allá variaciones de una misma escena: un programa de televisión matutino en el que dos conductores —un hombre y una mujer— están comentando una noticia trascendente y se detienen para anunciar que, tras la pausa, empezarán a hablar de una chorrada.

La primera vez que lo lees te causa gracia… y la segunda, quizás. Pero la tercera, y la cuarta, y la quinta… el chiste deja de ser gracioso y se convierte en una clave, un aviso de que lo que acabas de leer forma parte de una secuencia.

Y lo asombroso es que esa secuencia (de la que no hablaré para no hacer spoilers) es una réplica a escala del proceso que se describe en el resto del libro.

 

Polisemia

A mi entender, tanto la traductora al castellano (Ana Guelbenzu) como la editorial (Roca) han acertado al mantener el título original. En inglés, «power» significa «electricidad» (el novumde la novela), pero también significa «potencia» (física) y «poder» (político). Y como veremos a continuación, en esa polisemia se halla la esencia del libro.

Ya he comentado otras veces que, en mi opinión, uno de los elementos que caracteriza a las grandes novelas (sean del género que sean) es su condición polisémica; su capacidad de admitir infinidad de significados. Sin embargo, pocas veces he leído una obra en la que su condición polisémica sea tan deliberada, tan explícita. Porque a sus estrategias de desvelamiento del patriarcado se sumen otras enfocadas a revelar otro tipo de discriminaciones. E incluso otras orientadas a analizar las lógicas del poder.

 

El uso de la metáfora

El empleo de la energía eléctrica como metáfora sexual no es precisamente novedoso y, en cualquier caso, parece obligado en una novela en la que las mujeres pueden producirla a su antojo. Sin embargo, los que sí son originales son los temas que Alderman aborda a través de esa metáfora.

Si bien en todo momento se hace referencia al empleo de la electricidad en los juegos sexuales, donde ésta cobra especial relevancia es en la relación de Margot —una de las protagonistas— con su hija Jocelyn, y en el modo en que Jocelyn y su pareja se vinculan con la energía…  Lo que permite explorar otro tipo de discriminación por razones de género:

«Se conocieron en el centro comercial porque ahí decidieron quedar. Y lo decidieron en un chat privado, ambos buscaban gente como ellos. Raros. Personas que, de un modo u otro, no tuvieran bien la energía.

(…) UrbanDox tenía un blog colgado donde hablaba de sitios para “desviados y anormales”. Jocelyn pensó: “Esa soy yo”. Ahí debería ir. Después se sorprendió de no haberlo pensado antes».

Una vez más, prefiero no ahondar en la trama para no estropearte la experiencia de descubrir lo que ocurre. Sin embargo, no me resisto a transcribir un pasaje más. Una escena entre madre e hija que expresa con crudeza un enfoque todavía presente en nuestra civilizada sociedad.

«Jos ralentiza el lloro hasta que se convierte en un hilillo de lágrimas. Margot le lleva una taza de té y se quedan sentadas en silencio un rato en el sofá, Margot abrazándola por la espalda. Al cabo de un buen rato dice:

—Sigo pensando que podemos encontrar ayuda para ti. Si diéramos con alguien… bueno, te podrían gustar los chicos normales.

Jos deja la taza de té sobre la mesa.

—¿De verdad lo crees?

Y Margot dice:

—Lo sé, cariño. Lo sé. Puedes ser como las demás chicas. Sé que podemos arreglarlo».

 

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Collage compuesto por una fotografía de Natalie Collins publicada en Unsplash y un diseño de Freepik.

 

Del mito al logos… y de vuelta al mito

En su excelente artículo «El cambio climático como giro narrativo», Jorge Carrión se plantea (y así lo escribe en su introducción):

«¿Cómo serán las narrativas del antropoceno? ¿Cómo explicaremos el mundo después de ser conscientes de que lo hemos alterado drásticamente?»

Estas cuestiones son esenciales a la hora de analizar The Power; sobre todo en lo que respecta a su agudísima disección de las estructuras de poder.

Carrión plantea en su artículo que el arribo del humanismo supuso el paso del mito al logos, de personajes que «simbolizaban pueblos» a personajes que «solo se representan a sí mismos»:

«Durante los milenios en que reinó el pensamiento mágico, la forma literaria por excelencia fue la mitología. Líricos o épicos, el consumo masivo fue de mitos. A partir del humanismo renacentista y de la revolución copernicana, emergió el sujeto como lugar de enunciación y como ámbito de exploración. (…) Si Roldán o el Cid simbolizan pueblos, Otelo o Hamlet solo se representan a sí mismos. De los Argonautas a Robinson Crusoe, del Monte Olimpo a los Buddenbrook, de la literatura de la gran comunidad a la literatura del individuo o, como máximo, de la familia burguesa: así podríamos resumir, en términos literarios, el paso del mito al logos».

Sin embargo, tras exponer este proceso, Carrión reconoce que:

«Esa imagen ya no nos representa. En ese mapa las fronteras están definidas. En nuestro mundo, en cambio, pueden ser más poderosos los vínculos interoceánicos que los límites geológicos de las masas continentales.

¿Cómo serán las narrativas del antropoceno? ¿Cómo será la literatura consciente de que el sujeto individual no es más que el nodo de una red? ¿Cómo contaremos el mundo tras ser conscientes de que lo hemos alterado drásticamente?»

The Power propone una respuesta: volviendo al mito, volviendo a crear personajes que«simbolizaban pueblos».

El uso de esta estrategia se expone de forma explícita a lo largo de la novela. En este pasaje, por ejemplo:

«La mujer ciega es todas las mujeres que han estado a punto de matarlo, que podrían haberlo hecho».

O en este otro:

«Madre Eva dice:

—Cuando una multitud habla con una sola voz, eso es fuerza y poder.

La gente murmura a modo de aprobación.

—Ahora hablamos con una sola voz. Somos una sola mente».

De este modo, al crear personajes que a la vez son fuerzas sociales, Alderman puede explorar los entresijos del poder global manejando a solo cuatro protagonistas: Margot (o el poder político); Allie/Madre Eva (o el poder religioso); Roxy (o los poderes fácticos: el ejército, los poderes económicos, la mafia) y Tunde (los medios de comunicación).

 

Honestidad brutal

En las interacciones entre los personajes; es decir, en la trama (que, al margen de la exploración del poder, se lee como un thriller) es donde se expresan las dinámicas de dominación —política y religiosa— y sojuzgamiento militar; el empleo y abuso del poder del que hablaba al principio del artículo.

Por lo tanto, para explicarte la lucidez de sus conclusiones tendría que hablarte de la trama, y no quiero estropearte la lectura.

Lo que sí puedo hacer (antes de cerrar el artículo) es recalcar la honestidad brutal con la que Alderman revela las motivaciones, incoherencias y cinismos en los que se basan esos juegos y hacer tres matizaciones que considero importantes.

Empezaré por dar un ejemplo de esa honestidad brutal: una brillante exposición del cinismo en el discurso político.

Margot (la protagonista que representa la política) está explicando sus propuestas económicas en campaña electoral, y dado que la cita está extraída de uno de sus capítulos, lo que sigue al diálogo es la transcripción «literal» de sus pensamientos:

«—Número dos: cortar las ayudas a aquellos que en realidad no las necesitan. Si tus ingresos son de más de cien mil dólares al año, el estado no debería pagar el campamento de verano a tus hijos.

Es una tergiversación seguida de una burda malinterpretación. Esa condición solo se aplicaría a dos mil familias en todo el estado, la mayoría con hijos discapacitados, lo que los eximiría de todos modos de un control de ingresos. Aun así, funciona bien, y el hecho de mencionar a los hijos recuerda a la gente que ella tiene familia, mientras que si dice que recortará los pagos de asistencia social la hace parecer dura, no una mujer de buen corazón en un despacho».

Creo que sobran los comentarios, así que mejor empecemos con las matizaciones.

 

Hijos de su tiempo

Por más que el carácter mitológico de la historia esté presente en todo el libro (y se enfatice, de hecho, en su tramo final), toda novela es hija de su tiempo. El único modo de que un lector contemporáneo empatice con los personajes es que los perciba como individuos, con sus objetivos, filias y fobias asociados a una historia personal.

Por tanto (si bien Alderman emplea muchos de esos elementos como símbolos de las estructuras que analiza), las acciones de sus personajes responden muchas veces a motivaciones personales, en lugar de traducir motivaciones colectivas.

Destaco esta característica —esta infiltración del logos en el mito— porque, lejos de desvirtuarlo, lo profundiza. Nos recuerda que, en muchas ocasiones, el devenir histórico no ha dependido de movimientos sociales, sino de la situación personal del individuo que detenta el poder.

 

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Fotografía realizada por Ian Froome y publicada en Unsplash.

 

Poder… ¿femenino?

Otro de los puntos que es importante matizar es que The Power no es una utopía (o distopía) matriarcal.

Para empezar, porque como dije más arriba la novela no expone una sociedad consolidada, sino el proceso por el cual un sistema patriarcal deviene en matriarcal.

Pero sobre todo porque, al analizar las estructuras de poder, Alderman no pretende ofrecer ideas alternativas, sino revelar los entramados que estructuran nuestra sociedad actual.

Como hemos visto otras veces, el extrañamiento de la ficción especulativa nos permite ahondar en pliegues de la realidad a los que el realismo no llega. Es por eso que en épocas ambiguas (como la que estamos viviendo) este tipo de ficciones se vuelve imprescindible.

 

Revolución

Por último, me interesa señalar el tipo de revolución que se expone en la novela.

En Los desposeídos, Ursula K. Le Guin (que, por cierto, asesoró a Naomi Alderman durante la escritura del libro) plantea que la única revolución posible (la única revolución verdadera) es la revolución del espíritu. Solo si cambiamos nosotros mismos seremos capaces de transformar la sociedad. Cualquier otro tipo de revolución será, en realidad, un traspaso de poder de unas manos a otras.

Esa idea (sin llegar a mencionarse de forma explícita) es central en The Power.

El proceso descrito en la novela parte de un cambio repentino en el equilibrio de poder. Por lo tanto, la nueva «facción» privilegiada acabará tomándolo del mismo modo en que lo ha hecho siempre: por la fuerza.

Y si he empleado la palabra «facción» y no «género» es para recalcar el carácter polisémico de la novela. Su análisis de los procesos revolucionarios no describe (necesariamente) una revolución feminista, sino que se limita a exponer sus lógicas generales. Las mismas que han zarandeado al mundo a lo largo del siglo XX. Resulta espeluznante captar la sintonía entre esta frase de la novela…

«—Era como formar parte de una ola de agua —explica—. Una ola de rocío del océano se nota potente, pero solo está ahí un momento, el sol seca los charcos y el agua desaparece. Casi sientes que tal vez nunca ocurrió. Así pasó con nosotras. La única ola que cambia algo es un tsunami. Hay que derrocar casas y destruir la tierra si quieres estar segura de que nadie te olvidará».

… y esta famosa frase de Mao Zedong:

«Hacer la revolución no es ofrecer un banquete, ni escribir una obra, ni pintar un cuadro o hacer un bordado; no puede ser tan elegante, tan tranquila y delicada, tan apacible, amable, cortés, moderada y magnánima. Una revolución es una insurrección, es un acto de violencia mediante el cual una clase derroca a otra».

 

Sumarse al debate

El artículo de Susana Vallejo que analiza la novela (publicado en Fantífica) culmina diciendo que:

«The Power debería leerse en todos los colegios, allá por la adolescencia. Junto con 1984 o Un mundo feliz, esos libros de ciencia ficción que el mainstream niega que lo sean, para que los chicos y las chicas debatan en clase qué y cómo somos, y especialmente el por qué».

Suscribo una a una sus palabras… E incluso añadiría otra razón para recomendarlo:

The Power debería leerse en las aulas porque (además de subvertir y desvelar las lógicas del patriarcado) expone con claridad las dinámicas, las interacciones, el empleo y el abuso del poder en nuestra sociedad contemporánea.

Aquí y ahora.

Ese podría ser mi aporte al debate sobre The Power; a esa agregación de contenidos (partiendo de otros contenidos) que es la blogosfera. Y ahora que formo parte de este mundo (nada de «mundillo») debo reconocer que disfruto muchísimo estando aquí.

Solo espero que este artículo (junto con el resto de los que he mencionado) influya en tu lista de lecturas para que más pronto que tarde te acerques a The Power

Y que luego, por supuesto, nos cuentes qué te ha parecido.

 

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Collage compuesto por una fotografía de Brooke Cagle publicada en Unsplash y un diseño de Freepik.

 

 

NOTA:La foto de cabecera es un collage compuesto por una imagen de Davide Ragusa en Unsplash y un diseño de Freepik.

 

 

 

4 Replies to “The Power, de Naomi Alderman: subvertir para desvelar

    • De nada. Me alegro de que te haya gustado… y más me alegro de haberte despertado el gusanillo. Sin duda que es una novela que merece ser leída. Te mando un abrazo y gracias por escribir.

    • ¡Hola, Daniel! Qué alegría leerte por aquí. Sin duda te recomiendo The Power, es una novela que le hace honor a su nombre… Y por cierto, si vas a la feria del libro de Madrid, a ver si podemos coordinar para encontrarnos allí. Te mando un abrazo.

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