Hace tres meses —antes de poner en pausa el blog para centrarme en mi nueva novela—, me despedí con un artículo que había escrito para SuperSonic, la magnífica revista editada por Cristina Jurado; así que comenzar esta nueva etapa con otro artículo publicado allí guarda una cierta circularidad. Y en este caso, hablar de circularidad no es baladí porque el artículo que voy a compartir es el que escribí para el número dedicado a Ursula K. Le Guin, y la circularidad es esencial en su obra.

Como explico un poco más abajo, Le Guin ha sido muy importante en mi vida de lector, así que espero haber reflejado —aunque solo sea en parte— lo que supone para mí su legado literario.

Antes de empezar, quiero agradecerle a Cristina Jurado que me haya permitido compartirlo y hacer una breve aclaración. En la última entrada prometí que mi próxima publicación estaría dedicada a Too Like the Lightning, de Ada Palmer, así que quiero asegurarte que voy a cumplir mi promesa…

Eso sí, será en un par de semanas. Hasta entonces, espero que disfrutes de este merecido homenaje a una auténtica maestra de la ciencia ficción.

 

Ursula K Le Guin equilibrio y unificación 01
Fotografía realizada por Chaitanya Tvs y publicada en Unsplash.

 

El camino del centro

Cuando me enteré de que este número de SuperSonic iba a estar dedicado a Ursula K. Le Guin, la idea me produjo emociones contradictorias. Por una parte, me alegré de tener una excusa para volver a escribir sobre ella; por otra, tener que hablar sobre alguien tan importante en mi vida de lector me infundía un profundo respeto.

En especial, porque el objetivo de esta sección es exponer ideas y me resultaba imposible resumir su legado en algo más de dos mil palabras.

Así que he decidido adoptar una solución intermedia —un equilibrio entre opuestos—: exponer la que a mi juicio es su mayor aportación narrativa, pero ejemplificándola solo en tres novelas. Luego citaré un par de artículos que detectan esa aportación en otras de sus obras y, por último, intentaré mostrar que está en consonancia con su filosofía de vida.

Dado que este espacio se centra en ciencia ficción, la elección de las novelas resulta evidente: La mano izquierda de la oscuridad (1969), El nombre del mundo es Bosque (1972) y Los desposeídos (1974); los tres libros del Ciclo de Ekumen ganadores del Premio Hugo (y del Nebula, en el caso del primero y el último).

 

Una cuestión de enfoque

Empecemos por desvelar la premisa. La obra de Le Guin, al menos la de sus primeros años, se enmarca en el contexto de la New Wave, un «movimiento» que determinó la ciencia ficción de los 60 y 70 y que, entre otras cosas, se caracterizaba por centrarse en la especulación social y política; así que la excepcionalidad de Le Guin no radica tanto en las temáticas que desarrolla como en el modo en que desarrolla dichas temáticas.

Y es allí donde entran en juego el equilibrio y la unificación del título porque, a mi entender, su mayor aportación a la especulación social es su tendencia a proponer equilibrios entre opuestos, en lugar de oposiciones, y la idea de «unificación» como condición ideal.

Veamos sus estrategias.

 

Ursula K Le Guin equilibrio y unificación 02
Fotografía realizada por Matthew Feeney y publicada en Unsplash.

 

Capitalismo/anarquismo

De las tres novelas escogidas, Los Desposeídos es la que expresa estos conceptos con mayor claridad.

La clave para analizarla reside en su subtítulo: Una utopía ambigua. Al describirnos la sociedad capitalista de Urras y la sociedad anarquista de Anarres, Le Guin no plantea un escenario maniqueo, sino que, por el contrario, hace que su protagonista —Shevek— reconozca las bondades de Urras junto con sus injusticias, y describa las bondades e injusticias que ha vivido en Anarres.

Anarquismo y capitalismo no son expuestos, por tanto, en términos de «el bien contra mal», sino como dos opuestos que deben transitarse para hallar el equilibrio.

A lo largo de la novela, Shevek descubre que, para alcanzar su objetivo, necesita de ambos. Debe unificarlos para crear algo nuevo, para ser la revolución.

Esa contraposición de opuestos se percibe también en la estructura. En capítulos alternos, y siguiendo siempre a Shevek, se relatan sus experiencias presentes en Urras y sus experiencias pasadas en Anarres. A ambas se les brinda el mismo espacio, se las equilibra, y se las unifica en una suerte de círculo, como el círculo del yin y el yang, a través del prólogo y epílogo, titulados «Anarres/Urras» y «Urras/Anarres». Esto define la experiencia circular de Shevek que, por medio de sus actos, ha logrado unificar los opuestos dentro de sí.

«La revolución está en nuestro espíritu o no está en ninguna parte».[1]

Y dado que la revolución que plantea es interna, es lógico que elija relatarla empleando un narrador equisciente (una tercera persona que «sigue» al protagonista) porque Le Guin sabe que la acción principal tiene lugar dentro de Shevek, y porque elige una contemplación «meditativa» de los hechos que describe.

 

Lo femenino/lo masculino

La mano izquierda de la oscuridad explora el binomio femenino/masculino en los mismos términos, pero, dado que su temática es completamente distinta, emplea una estrategia muy diferente para acceder a los mismos resultados.

En primer lugar, Le Guin es consciente de que vive y escribe en una sociedad patriarcal. Por lo tanto, construye un protagonista masculino terrestre, Genly Ai, que expresa sus experiencias en primera persona, y lo contrapone a un segundo protagonista que representa el equilibrio y unificación de lo masculino y femenino, Estraven del planeta Gueden, que también expresa sus experiencias en primera persona.

El libro comienza (¡cómo no!) con un capítulo enfocado desde la perspectiva masculina terrestre. Y lo hace de la siguiente manera:

«Escribiré mi informe como si contara una historia, pues me enseñaron siendo niño que la verdad nace de la imaginación».[2]

A primera vista, la frase parece un elogio a la creatividad, sin embargo, en una segunda lectura, puede percibirse un trasfondo más oscuro. Para captarlo debe prestarse atención al modo en que Le Guin estructura los capítulos:

Una vez más, emplea una estructura dual, alternando capítulos de Ai con capítulos de Estraven. Pero en la primera parte del libro, antes de que ambos empiecen a esforzarse por empatizar con el otro, sus capítulos están separados, literalmente, por otros que recogen leyendas y tradiciones (en este caso guedenianas). En otras palabras, sus cosmovisiones están separadas por la tradición cultural: esa «verdad [que] nace de la imaginación», como le «enseñaron siendo niño» al personaje masculino terrestre.

Pero la genialidad de Le Guin no acaba ahí. Para demostrar que, al margen de la tradición cultural, esas visiones son paralelas, titula al capítulo 6 (protagonizado por Estraven) «Un camino a Orgoreyn» y al capítulo 8 (protagonizado por Ai) «Otro camino a Orgoreyn». En definitiva, plantea caminos paralelos separados por «La cuestión del sexo», como titula con maravillosa ironía su capítulo 7.

Solo cuando se reúnen, y el protagonista masculino terrestre deja a un lado las tradiciones culturales, es capaz de comprender y empatizar con la diferencia esencial: donde para él hay «Conversaciones en Mishnori» (el título del capítulo 10), que supone una interacción entre distintos, para el protagonista que equilibra lo masculino y femenino hay «Soliloquios en Mishnori» (el título del capítulo 11), lo que supone una unicidad reflexiva. Una vez más, el equilibrio y la unificación son un acto personal.

Tan pronto como el personaje masculino terrestre logra despojarse de sus prejuicios y —en medio de una nada blanca— empatizar con el personaje unificado, le es posible retornar a los mitos y entenderlos en su justa medida.

Por último, es importante señalar que la misma circularidad que hemos visto en Los desposeídos, la misma metáfora del yin y el yang, se expresa aquí a través del título, «extraído» de una balada guedeniana que dice lo siguiente:

«La luz es la mano izquierda de la oscuridad,

y la oscuridad es la mano derecha de la luz.

Las dos son una, vida y muerte, juntas

como amantes en kémmer,

como manos unidas,

como el término y el camino».[3]

 

Ursula K Le Guin equilibrio y unificación 03
Fotografía realizada por Karim Ghantous y publicada en Unsplash.

 

Cultura/civilización; experiencia/imaginación; lo onírico/la vigilia

Al contrario de lo que suele pensarse, El nombre del mundo es Bosque es, de las tres novelas, la que emplea la estrategia más compleja para desarrollar su enfoque. Sospecho que la «sensación» de maniqueísmo que suele provocar parte del hecho de que, a diferencia de la mayoría de sus novelas, en esta se describe un enfrentamiento directo en el que, supuestamente, vence uno de los bandos. Sin embargo, este desarrollo debe entenderse como una estrategia para abordar su temática.

Y antes que nada es necesario aclarar cuál es su temática. Porque a diferencia de lo que suele pensarse, la novela no contrapone naturaleza y civilización, sino cultura y civilización. Y es importante entender en qué contexto se entienden estas palabras.

En su libro Generación líquida [4], Zygmunt Bauman y Thomas Leoncini debaten sobre las características de la contemporaneidad. En cierto momento —evocando La decadencia de Occidente, de Oswald Spengler— Bauman plantea que:

«En lo que respecta a Occidente, el paso de la cultura (espiritual) a las civilizaciones (mundanas, materiales, concretas, prácticas) se produjo alrededor de mil ochocientos. Así se distinguen las dos fases de la existencia occidental, antes y después de mil ochocientos. Antes es la vida en toda su plenitud y evidencia. (…) Después es la vida rezagada, artificial, desarraigada de nuestras grandes urbes cuyas formas dibuja el intelecto. El hombre culto vive hacia dentro, el civilizado hacia fuera, en el espacio, entre cuerpos y hechos».

Ese es, precisamente, el contraste que plantea Le Guin. Un contraste entre la sociedad occidental (civilizada a costa de su cultura) y la de los crichi (que ha logrado equilibrar en su seno cultura y civilización).

Dice Bauman que «el hombre culto vive hacia adentro, el civilizado hacia fuera», y en la sociedad crichi ambas tendencias coexisten. El «tiempo-sueño» (lo onírico, la introspección, la imaginación, la cultura) es tan importante (y real) como el «tiempo-mundo» (la vigilia, la extroversión, la experiencia, la civilización).

Para exponernos este contraste, Le Guin emplea la misma estrategia que en La mano izquierda de la oscuridad: crea un personaje masculino, heterosexual, viril, «civilizador» —el capitán Davison—, y lo contrapone a Selver, un personaje de la sociedad unificada. Sin embargo, respecto a la «acción civilizadora» de la sociedad occidental, Le Guin parece compartir la opinión de Bauman:

«Es el retorno de la violencia, de la coerción y de la opresión en la resolución de los conflictos, en detrimento del diálogo y el debate orientados a la comprensión mutua y a la renegociación del modus covivendi».[5]

Esto es lo que representa el capitán Davison y por eso lleva su afán «civilizador» hasta sus últimas consecuencias.

Pero Bauman agrega:

«Considero que en esta evolución ha desempeñado, desempeña y seguirá desempeñando en el futuro próximo un papel importante la nueva tecnología de la comunicación mediata, no como causa, sino como condición facilitadora fundamental».

Y Le Guin se adelanta medio siglo a esa idea. La presencia del ansible, un instrumento que facilita la «comunicación mediata» entre mundos,es la «condición facilitadora fundamental» para que la sociedad humana de la novela pase de «la coerción y la opresión» al «diálogo y el debate» como forma de solucionar sus conflictos. ¡Y lo planteó décadas antes de que surgiera internet!

No puedo cerrar este apartado sin señalar otros dos elementos presentes en la obra.

El primero es que Le Guin contrapone otro personaje al capitán Davison.El capitán Lyubov representa el extremo opuesto de la condición humana: Lyubov busca el entendimiento y la empatía; se abre de lleno a la exploración de la alteridad.

El segundo es que El nombre del mundo es Bosque también contiene una metáfora vinculada al yin y el yang, aunque, en este caso, lo que se prioriza es el germen del opuesto en el centro de cada componente. No puedo explicarla sin estropearte la lectura, pero ten en cuenta esta idea cuando leas, o releas, sus dos últimos capítulos.

 

¿Y qué ocurre con el resto de su obra?

En el excelente artículo «Ursula K. Le Guin, In Memoriam», Ignacio Illarregui Gárate hace un repaso de su carrera y, al mencionar su saga de fantasía más famosa —Historias de Terramar— plantea que:

«El corazón de la historia estaba en el equilibrio y no en la lucha entre extremos; el aprendizaje del poder era una herramienta de cambio y, sin embargo, muy pocas veces se llegaba a ejercer (…); un personaje era perseguido por las facetas más oscuras de sí mismo y, para encontrar la paz, se aceptaba a sí mismo».

En otras palabras, Terramar también habla de equilibrio y unificación.

Un equilibrio y una unificación que, en la década de los ochenta, Le Guin extendió a su propia escritura, y a las relaciones entre el realismo y la fantasía a través de una serie de «experimentos» que han sentado cátedra.

En un artículo para The New Yorker titulado «The Fantastic Ursula K. Le Guin», Julie Philips explica que, tras la muerte de su madre en 1979, Le Guin sufrió una depresión.

«[Y] emergió de este período pisando los bordes que separaban la ciencia ficción y la literatura. A partir de los años ochenta, publicó algunos de sus trabajos más logrados: ficción realista, mágico realista, posmodernista y sui generis.

De hecho, fue el mainstream el que terminó transformándose. Al romper las barreras del género, Le Guin entregó nuevas herramientas a los escritores del siglo XXI que trabajan en lo que Chabon llama las “tierras fronterizas”, el lugar donde lo fantástico entra en la literatura».

Le Guin sabía, como se desprende de su conferencia «La pregunta que más me hacen»[6], impartida en octubre de 2000, que la ficción es la unión equilibrada de imaginación y experiencia.

 

Ursula K Le Guin equilibrio y unificación 04
Fotografía realizada por Thomas Lambert y publicada en Unsplash.

 

Le Guin y el taoísmo

El equilibrio y la unificación en la obra de Le Guin no surgen de la nada, sin embargo, para hallar sus bases conceptuales, hay que adentrarse en su trabajo menos conocido (al menos en nuestro idioma): su versión comentada del Tao Te King.[7]

En su introducción, Le Guin reconoce que:

«Es el más adorable de los grandes textos religiosos (…). De entre todos los manantiales profundos, esta es el agua más pura. Para mí, también es el manantial más profundo».

La misma admiración se expresa en cada una de las notas y comentarios que acompañan al original de Lao-Tse. Y en el comentario al capítulo 2, Le Guin escribe lo siguiente:

«Una de las cosas que leo en este capítulo es que los valores y creencias no son solo construcciones culturales, sino también parte de la interacción del yin y el yang, los grandes opuestos que mantienen el vivo equilibrio del mundo. Creer que nuestras creencias son verdades permanentes que abarcan la realidad es una triste arrogancia. Abandonar esa creencia es encontrar seguridad».

He aquí la cosmovisión que trasmite en sus novelas: el equilibrio vivo entre contrarios que se unifican en una realidad trascendente. Y ese modo de ver el mundo, esa sabiduría aplicada, es quizás el mayor legado que nos regala su obra.

 

Notas

[1] Le Guin, Ursula K., Los desposeídos, novela incluida en Los mundos de Ursula K. Le Guin, Minotauro, 2008.

[2] Le Guin, Ursula K., La mano izquierda de la oscuridad, novela incluida en Los mundos de Ursula K. Le Guin, Minotauro, 2008.

[3] Ibidem.

[4] Bauman, Zygmunt y Leoncini, Thomas, Generación líquida: Transformaciones en la era 3.0, Ediciones Paidós, Col.: Estado y Sociedad, 2018.

[5] Ibidem.

[6] Le Guin, Ursula K., «La pregunta que más me hacen», artículo incluído en Contar es escuchar, Círculo de Tiza, 2018.

[7] Le Guin, Ursula K., Lao Tzu: Tao Te Ching: A Book about the Way and the Power of the Way, Shambhala, New edition: 1998.

 

Ursula K Le Guin equilibrio y unificación 05
Fotografía realizada por Jeremy Perkins y publicada en Unsplash.

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.