Sin duda, este ha sido el artículo que más me ha costado escribir. Y conste que lo digo antes de empezarlo porque, al margen de la dificultad que pueda acarrearme el texto, el proceso que me ha traído hasta aquí ha sido, cuando menos, rocambolesco.

Conocí la serie Terra Ignota, de Ada Palmer, en 2016, gracias a las efusivas recomendaciones de Elías Combarro y Leticia Lara tanto en sus blogs como en Los VerdHugos. Así que, aprovechando que estaba de oferta de cierta plataforma digital, compré su versión para libro electrónico y empecé a leerla… O, al menos, lo intenté.

Reconozco que, desde que ha nacido mi hija, es difícil que pueda disponer de más de una hora seguida para sumergirme en una lectura —y eso es algo que Palmer requiere—, sin embargo, entre los neologismos, los giros del lenguaje y la radicalidad de su inmersión inicial, en cuanto empecé a leer Too Like the Lightning más que sumergirme me ahogué.

Y el problema era que me apetecía continuarla: cuantas más reseñas leía, más me atraía su historia, y cuando me pasaron «When Science Fiction Meets Social Science» (el artículo que más he citado en este blog y que en esta entrada, obviamente, volveré a citar) supe que tenía que leerla.

Así que me resigné a esperar la traducción (que, lamentablemente, no se ha concretado) hasta que Elías me recomendó otra forma de abordarla. En el último año, la audiolectura ha transformado mis hábitos lectores y, gracias a eso, he podido sumergirme, ¡al fin!, en Too Like the Lightning.

Cuando la terminé, a principios de diciembre del año pasado, tenía claro que quería escribir sobre ella, pero a esas alturas ya se había escrito tanto que lo que no tenía claro era qué podía aportar… y cuando al fin lo supe, tuve que tomarme un receso para finalizar mi novela, así que aquí estamos, cuatro meses después.

El principal motivo por el que me generaba «respeto» acercarme a la novela era que sabía que contaba con una complejidad añadida a los intríngulis de su trama. En Too Like the Lightning la forma es tan importante (e innovadora) como el contenido. Sin embargo, mientras que del contenido es preferible no hablar (e incluso creo que conviene saber lo menos posible sobre la sociedad que propone para que te sorprenda la descubrirla), conocer ciertas decisiones formales antes de empezarla seguro que te facilitará la inmersión.

Así que a eso dedicaré este artículo, a darte una suerte de «instrucciones de uso» sobre los tres aspectos centrales de su concreción formal.

Espero que te animen a encarar su lectura.

 

Too Like the Lightning 1
Fotografía realizada por Alessia Cocconi y publicada en Unsplash.

 

El empleo de elementos históricos en escenarios de ciencia ficción

Cuando se habla de la serie Terra Ignota, suele decirse que se desarrolla en una sociedad del siglo XXV inspirada en la filosofía y los valores de la Ilustración. Y es correcto. El problema no radica en la definición, sino en lo que nosotros entendemos al leerla.

El empleo de elementos históricos en escenarios de ciencia ficción ha dado pie a grandes clásicos del género. Pondré dos ejemplos evidentes para dejar claro a qué me refiero.

El primero es el Ciclo de Trantor, de Isaac Asimov. Como es sabido, la trilogía original se inspira en la caída del imperio romano; algo que se hace evidente en su segundo libro, Fundación e Imperio, y de forma especial en «El General», la primera de las dos novelas cortas que lo componen (y que en su primera versión se tituló «La mano muerta»).

Así lo explica Rodolfo Martínez en su ensayo La ciencia ficción de Isaac Asimov:

«Como apasionado de la historia, no es la primera vez que Asimov toma el pasado como modelo para su narraciones acerca del futuro (en “Fraile negro de la llama”, por ejemplo, usa la situación en Palestina bajo el dominio romano en el siglo I), pero creo que sí es en “La mano muerta” donde esto se hace explícito: la situación descrita tiene mucho que ver con el Bizancio del emperador Justiniano y sin duda Bel Riose está basado, en nombre y en peripecia vital, en Belisario».

El segundo ejemplo es (obviamente) Dune, de Frank Herbert…, aunque, como plantea Will Collins en su artículo «The Secret Story of Dune», no todos los referentes son tan obvios como parecen:

«Incluso un observador político casual reconocerá los paralelismos entre el universo de Duney el Medio Oriente de principios del siglo XX. La teología islámica, el misticismo y la historia del mundo árabe influyeron claramente en Dune, pero parte del genio de Herbert radica en su disposición a buscar fuentes de inspiración más idiosincráticas. The Sabres of Paradise (1960) le sirvió como una de ellas: una obra maestra medio olvidada de la narrativa histórica que relata una guerra santa de mediados del siglo XIX contra el imperialismo ruso en el Cáucaso».

Hasta aquí, nada que nos sorprenda. Sin embargo, estamos tan acostumbrados a reconocer referencias históricas en los escenarios de ciencia ficción que solemos olvidar un pequeño detalle…

 

Escenario no es sinónimo de contexto

Este es quizás el aspecto más importante a tener en cuenta a la hora de iniciar la lectura de Too Like the Lightning. De hecho, algunas de las críticas más duras que se han vertido sobre la novela parten del error de no haber captado esta diferencia.

¿Y a qué me refiero al separar «escenario» de «contexto»?

Empecemos con los ejemplos que hemos visto hasta ahora. Por más que el escenario del Ciclo de Trantor adopte elementos históricos de la caída del imperio romano, el modo de actuar y relacionarse de sus personajes es acorde al cientificismo triunfante de los Estados Unidos de posguerra. Del mismo modo, por más que Dune adopte elementos históricos del mundo árabe, en general, y de las tribus islámicas del Cáucaso, en particular, el misticismo lisérgico y revolucionario de la novela responde al ambiente contracultural de los Estados Unidos de los sesenta. De hecho, me atrevería a decir que el éxito inicial de ambas obras radicó, en gran medida, en su capacidad para traducir el espíritu de su tiempo, al margen de sus referentes históricos.

En la serie Terra Ignota, por el contrario, la filosofía y los valores de la Ilustración no son empleados como escenario, sino como contexto, y esto supone una diferencia radical. Ada Palmer la explica claramente en su artículo «When Science Fiction Meets Social Science», así que me limitaré a traducirla:

«Uno de los mayores desafíos al contar una historia real, ya sea de ficción o no-ficción, es que las personas, a menudo, no encuentran plausibles las decisiones de los personajes históricos; no pueden creer que la gente pudiera actuar, matar o morir por semejantes causas. Algunos escritores de ficción histórica lo resuelven introduciendo motivos secundarios ocultos que resultan más plausibles —no se destruyó a sí mismo por honor abstracto, en realidad fue por amor—, pero otros asumen la tarea más compleja de introducirse lo suficiente en la extraña [Palmer emplea el término alien] mentalidad del pasado para que el lector vea cuán profunda era la creencia en el honor y llegue a creer que una persona realmente se comportaría de ese modo.

Este tipo de historias de inmersión intelectual —tanto de ficción como de no-ficción— siempre han sido mis favoritas, así que, al avanzar 400 años en lugar de retroceder, decidí mantener el mismo desafío e intentar describir cómo las personas en nuestro futuro no compartirán nuestros valores y asunciones, del mismo modo en que nosotros no compartimos los valores y asunciones del pasado».

En otras palabras, la filosofía y los valores de la Ilustración son el contexto de Too Like the Lightning, no el escenario (según la RAE, contexto es el «Entorno físico o de situación, político, histórico, cultural o de cualquier otra índole, en el que se considera un hecho»); y sus personajes no son ciudadanos de principios del siglo XXI que visten calzas y viajan en coches voladores; sino habitantes de ese país extraño que (a decir de Josep Fontana) es el futuro.

 

Too Like the Lightning 2
Fotografía realizada por Alessia Cocconi y publicada en Unsplash.

 

¿Quién critica a quien critica?

Teniendo en cuenta esto —y dada la claridad con la que lo expone la propia autora, tanto en su artículo como en su novela— sorprende que una de las críticas más virulentas (y que más repercusión ha tenido) a Too Like the Lightning pase por alto este hecho.

Me refiero a «The Problematic Presentation of Gender in Ada Palmer’s Too Like the Lightning», de (supongo, porque me ha costado bastante encontrar el nombre de sus autores) Yoon Ha Lee y Cheryl Morgan; cuyas conclusiones finales son las siguientes:

«Todas estas elecciones reflejan decisiones sobre el worldbuilding tomadas por Ada Palmer, y podría decirse que pudieran estar justificadas por ser parte del mundo que Palmer ha elegido construir. Pero no hay restricciones en la elección del worldbuilding de Palmer; ella podría haber construido, en cambio, un mundo verdaderamente sin género.

En resumen, este libro tiene serios problemas con el ciscentrismo, el alocentrismo, el intersexismo, y el binarismo y el esencialismo de género. Palmer no puede justificar esto diciendo que su mano fue forzada; eligió esta configuración para el libro, eligió cómo presentar el género, eligió que otros personajes reforzaran las afirmaciones de Mycroft [el narrador] sobre el sexo y el género, y eligió todo el marco en el que se desarrolla la discusión en el libro».

Si en algo debo coincidir con los autores es en que Palmer (como cualquier otro novelista) no tiene restricción alguna en su elección del worldbuilding a la hora de empezar una novela. Palmer hubiera podido escribir una historia con personajes del siglo XXI que habitasen en el siglo XXV y que —además de vestir calzas— se dedicasen a reivindicar la diversidad de género que preocupa (con razón) a nuestra sociedad. Pero en Too Like the Lightning ha elegido crear una sociedad cuyos modos de pensar y actuar remiten a la Ilustración y ser coherente con eso hasta las últimas consecuencias… Que es lo que debe exigírsele a toda buena novela.

Pretender juzgar una «historia de inmersión intelectual» en una sociedad de otro tiempo con los cánones de corrección política del presente es lo mismo que cribar los clásicos del Siglo de Oro en función de su enfoque de género. Más cuando Palmer explicita en la novela el referente filosófico en el que se basa:

«¿Conoces a Jean-Jacques, lector? Si hubo tres luminarias en la Ilustración, la tercera fue Jean-Jacques Rousseau: tan brillante como Aristóteles, tan disruptivo como Alejandro, tan loco como el bueno de San Francisco. Cualquiera de los grandes objetivos abordados por la Ilustración, él se las apañó para, de algún modo, apoyarlo y atacarlo a la vez. (…) La edad de la razón especuló que las mujeres podrían no ser distintas de los hombres si se criaran igual; Rousseau estuvo de acuerdo, pero se quejó de que eso despojaría a las mujeres de sus legítimas espinas, desmantelando a las pacificadoras de la sociedad, y haciendo que los hombres se vuelvan más severos sin un bello sexo para templar sus pasiones».

En unas pocas frases, Palmer describe de forma precisa el rol que la Ilustración (via Rousseau) le brindó a la mujer. Un rol que extiende sus resabios hasta nuestros días. Y si bien nos rechina escucharlo (y está bien que así sea) ese es el rol desde el que deben analizarse los vínculos de género en el contexto de la sociedad de la novela… Incluso cuando el género de sus personajes se haya desvinculado de sus genitales.

 

La construcción del narrador

El segundo elemento del que conviene estar advertido es el modo en que Palmer emplea a su narrador. Podría decir que Mycroft Canner —el personaje que relata la historia— es el epítome del narrador poco fiable y no estaría mintiendo, sin embargo, lo que hace especial a su voz narrativa no es el hecho de que sea poco fiable (un recurso más que habitual en nuestros días), sino las razones por las que lo es.

La primera se desprende directamente de lo que hemos venido viendo: si el objetivo de Palmer es sumergirnos en una sociedad cuya mentalidad y valores nos resultan ajenos, es lógico que el narrador que intenta explicárnosla sea incapaz de «traducirla». Palmer lo explica muy bien en «When Science Fiction Meets Social Science»:

«Quizás mi enfoque más claro del cambio histórico se encuentre en cómo mi narración reproduce la voz alienante de otro tiempo. El narrador a través de cuyas historias accedemos a los eventos de 2454 es un producto de su siglo y —al igual que los autores de los documentos históricos que dedico mis días a investigar— hace suposiciones sobre sus lectores —sus antecedentes, gustos, aversiones, estereotipos— y, probablemente, juicios morales sobre los actores y eventos que describe. Y al igual que los autores de mis documentos históricos reales está equivocado porque, como ellos, se imagina a sí mismo escribiendo para la sensibilidad de su propio período temporal, cuando en realidad está siendo leído por personas de un tiempo muy distinto, con mentes muy diferentes».

El narrador creado por Palmer consigue generar ese extrañamiento, lo cual es un éxito y una dificultad añadida. No solo nos introduce en una sociedad que (al principio) desconocemos —con reglas y modos de actuar que nos son extraños—, sino que, a la hora de explicarla, lo hace con modismos, giros y símiles que nos resultan ajenos.

La genialidad de Palmer radica en mantenerse fiel a su estilo (una vez más, que éste no sea un detalle, sino parte del contexto), de forma que, tan pronto como nos acostumbramos a la voz del narrador, sus particularidades dejan de ser una estorbo para consolidar el conjunto.

 

Too Like the Lightning 3
Fotografía realizada por Alina Grubnyak y publicada en Unsplash.

 

La ruptura de la empatía

Pero Palmer no se conforma con eso y riza el rizo un poco más.

Quien más quien menos, todos hemos leído alguna novela en la que el narrador jura y perjura haber hecho un acto abominable; e incluso alguna en la que el narrador asume que tú lo sabes y te pide de antemano que, aun así, lo escuches. Sin embargo, en la mayoría de los casos ese «acto abominable» no suele serlo o, si lo es, suele estar justificado o, si no lo está, supone una carga existencial para quien lo ha cometido. Pero ¿qué sucedería si en mitad de la novela descubrieses que el acto abominable en efecto lo es; y que no está justificado —al menos— en esta primera entrega; y que, para colmo, el narrador no muestra cargos de consciencia? ¿Seguirías leyendo? ¿Seguirías empatizando con él? ¿Qué diría eso de ti? (O, ya puestos, ¿qué dice de mí, que he terminado de leerla?)

 

ciencia ficción social hard

El tercer elemento a tener en cuenta lleva un paso más lejos la idea de contexto. Como he comentado más de una vez, Palmer defiende que el concepto de ciencia ficción hard no debería hacer referencia a la disciplina científica sobre la que especula una novela, sino a la rigurosidad con la que lo hace. No voy a transcribir de nuevo la cita en que lo explica —que puedes leer aquí—, pero sí traduciré la frase con la que cierra su artículo porque es, a todas luces, una declaración de intenciones:

«Si esta es una arena de especulación que te emociona [conste que dice “arena” y no “escenario”], entonces una enorme gama de detallados paisajes estelares está esperando por ti en el creciente género de la ciencia ficción social hard».

Sin duda, Too Like the Lightning es un ejemplo paradigmático de lo que Palmer define como ciencia ficción social hard: es decir, aquella que especula sobre las ciencias sociales con rigurosidad. Podría haber escrito otro artículo (más extenso que este) detallando las complejas estructuras sociales que propone su libro y sus todavía más complejas interrelaciones, pero te habría escamoteado el placer de descubrirlas por tu cuenta. Sin embargo, engarzado en su especulación social, Palmer desarrolla otro género de ficción especulativa del que sí quiero hablar: la filosofía ficción.

 

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Fotografía realizada por Camille / Kmile y publicada en Unsplash.

 

Filosofía ficción

Hace unos meses, participé en una charla en la Hispacon que tenía ese título, y ahora lamento no haber leído la novela de Palmer antes de hacerlo porque podría haberla expuesto como su libro canónico.

Palmer enfoca los vínculos entre ciencia ficción y filosofía desde tres ángulos complementarios que vale la pena conocer antes de iniciar la novela.

En primer lugar, dado que su intención es sumergirnos en una sociedad cuya forma de pensar es distinta a la nuestra, es necesario que nos explique las fuentes de dicho pensamiento. Así, a lo largo de la novela, Palmer expone las ideas centrales de la obra de Voltaire, Diderot, Sade o Rousseau (como hemos visto más arriba) injertándolas en el devenir de la historia. Dicho de otra forma, Palmer expone las ideas filosóficas empleando las mismas técnicas que usa la ciencia ficción para presentarnos conceptos científicos.

Esto, de por sí, ya sería suficiente para recalcar la originalidad de la autora; sin embargo, sus enfoques más innovadores son los otros dos.

 

La filosofía como parte del worldbuilding

Podría decirse que lo que acabo de explicar ya incluye a la filosofía en el worldbuilding, pero a lo que me refiero es a que Palmer crea y explica doctrinas filosóficas como parte del worldbuilding.

Dado que no es esencial a la trama, voy a traducir uno de esos párrafos porque me ha fascinado.

Tras explicar el epicureísmo (la doctrina filosófica real —enseñada por Epicuro de Samos en el siglo IV a.C.— que sostiene como principio de la existencia el bienestar del cuerpo y la mente), Palmer (o, mejor dicho, uno de sus personajes) agrega:

«El neoepicureísmo plantea que, haya vida después de la muerte o no, la gente es más sana, más productiva y más longeva si es feliz; por lo tanto, el gobierno (…) debe tratar de asegurarse de que las personas vivan de formas que las hagan felices. Vivir en una juerga con un grupo de amigos con los que te diviertes todos los días es una de las instituciones que los neoepicúreos promovieron para ayudar a la gente a ser feliz. A los epicúreos originales probablemente les habría gustado la juerga —y que esta ayudara a difundir sus ideas—, pero ellos no la inventaron, Regan Makoto Cullen la inventó, basada en el brillismo, que es otra filosofía bastante reciente».

Podría haber elegido otro de los muchos pasajes de filosofía ficción, pero elegí este porque, además, muestra a las claras uno de los elementos centrales en el tono de la novela: su ácida (y divertidísima) ironía.

 

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Fotografía realizada por Diogo Nunes y publicada en Unsplash.

 

La especulación filosófica como base de la historia

He dejado para el final este enfoque porque roza el spoiler: debo ser muy cuidadoso a la hora de exponerlo.

Lo primero que debo decir es que Too Like the Lightning es, en realidad, la primera mitad de una novela que fue pensada como un todo y que contenía lo que hoy es su continuación: Seven Surrenders.

Debido a eso, esta primera novela es una suerte de exposición del tablero y ubicación de las fichas para una partida que solo empieza a jugarse (o, mejor dicho, que solo empieza a hacerse explícita) en los últimos dos capítulos del libro. No te asustes, te aseguro que dejarse llevar por el viaje que propone vale la pena… Y que haya elegido la palabra «viaje» no es baladí.

La historia que Palmer va tejiendo entre bambalinas está directamente asociada a un dilema filosófico. Y para no contar más de lo debido, qué mejor que dejar que sea la autora quien lo haga, gracias a la magnífica entrevista que le realizaron Leticia Lara y Elías Combarro en 2017:

«P:¿Qué piensas de experimentos mentales como el “dilema del tranvía” en los que tienes que decidir si “matas” a una persona para salvar a cinco? ¿Crees que estos problemas filosóficos cobrarán más importancia en el futuro, por ejemplo, con el desarrollo de coches automáticos y ese tipo de cosas?

R: El problema del tranvía es una delicia para debatir, pero por fortuna el mundo real (y la ficción realista) no se corresponde con ese tipo de cuestiones porque tenemos la capacidad de cambiar la situación con el tiempo, desarrollando mejores tranvías y vías más seguras para evitar que cosas de ese estilo sucedan. (…) Así que, en muchas formas, el aspecto del problema del tranvía que exploran los libros (y que creo que es más relevante para la vida real) es la pregunta de si aceptas o no el statu quo. Si los tranvías matan a un pequeño número de gente, ¿deja la sociedad que las cosas continúen así considerando esas muertes una pérdida aceptable por el bien común, o rechaza la sociedad los términos del problema del tranvía y se consagra a resolver el problema para que nadie tenga que morir? (…) En gran parte, es una cuestión de complacencia y de responsabilidad; si la sociedad está dispuesta a continuar sacrificando unas pocas vidas para disfrutar de la paz y la prosperidad, o si la sociedad lo rechaza y continúa trabajando para reducir el número de víctimas, incluso si eso significa que la mayor parte de la gente tenga que renunciar a una vida fácil por una vida de trabajo más duro. Por usar un ejemplo de la política real, hace unos años se hizo una encuesta en Canadá preguntando si los canadienses estarían dispuestos a pagar más impuestos para que la gente de EEUU tuviera mejor cobertura sanitaria, salvando y mejorando vidas (no vidas de canadienses, sino de estadounidenses). Los canadienses respondieron mayoritariamente “sí”. Esa es una sociedad que rechaza los términos del problema del tranvía, prefiriendo trabajar más duro para ayudar a todo el mundo en lugar de conformarse con “pérdidas aceptables”. Los personajes de Terra Ignota se enfrentan a una cuestión similar, pero con una apuesta mucho más alta».

 

Abandonando la zona de confort

No voy a negarlo: Too Like the Lightning es una lectura difícil, una obra que exige tiempo, concentración y paciencia. Pero muchas de las grandes novelas los exigen. Con esto no pretendo menospreciar la literatura de evasión, ni digo que no haya grandes novelas que se lean sin mayores esfuerzos. Sin embargo, cuando el objetivo de una obra es arrancarnos de nuestra zona de confort; mostrarnos que nuestra visión del mundo está tamizada por una serie de preconceptos que, de tan asimilados, se han vuelto invisibles; la sacudida que exige debe ser incómoda.

Porque, desde mi punto de vista, la mejor ciencia ficción es aquella que nos abre la mente a nuevas posibilidades, que nos ayuda a pensar de modos distintos, que libera nuestra imaginación del corsé de nuestro tiempo, aunque, para explicarlo, deba recurrir al corsé de otros tiempos que creíamos olvidados. Y en ese sentido, Too Like the Lightning es, sin duda, una obra memorable; una obra que devuelve con creces el esfuerzo del lector y que, espero, te resulte más accesible tras leer estas instrucciones de uso.

 

Too Like the Lightning 6
Fotografía realizada por Jonathan Francisca y publicada en Unsplash.

 

NOTA:La imagen de cabecera es un collage a partir de una fotografía de Cristina Gottardi publicada en Unsplash.

 

 

 

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