Cuando Cristina Jurado me propuso escribir una sección en SuperSonic, tuve claro cuál sería el tema en torno al que girarían los artículos…, básicamente, porque es un tema al que le vengo dando vueltas desde que he empezado este blog.

Tengo la sensación —que he intentado desarrollar analizando obras concretas— de que existen ciertas tendencias reconocibles en la literatura de ciencia ficción contemporánea (y, probablemente, en la literatura fantástica en general), así que me propuse intentar exponerlas.

Y dado que son tendencias transversales, para hacerlo no suelo analizar una obra específica, sino un conjunto de novelas cuyo punto en común es la tendencia a la que me refiero. En el caso de este artículo, aparecido en el número 12 de SuperSonic (y que ahora comparto gracias a la gentileza de Cristina Jurado), ese «punto en común» es más evidente de lo habitual porque la tendencia que analizo son las variaciones sobre un mismo tema.

Pero mejor no adelantemos nada.

Espero que lo disfrutes.

 

El hombre en el castillo 1
Fotografía realizada por Alex Knight y publicada en Unsplash.

 

Las ventajas de comer con amigos

Este artículo me lo sugirió Elías Combarro.

Fue en una comida en la que, como no podía ser de otra manera, se coló la ciencia ficción. En cierto momento le comenté que una de las tendencias que detectaba en la literatura fantástica actual era el juego de variaciones sobre ciertos temas, y le puse de ejemplo las tres novelas que terminé abordando en el artículo que siguió a este en SuperSonic. Mi premisa era (y sigue siendo) que, en muchos casos, los autores han elegido sustituir la originalidad temática por la originalidad en el enfoque, dejando claro, eso sí, los referentes en los que se basan. (Vendría a ser la «versión literaria» de los remakes y reinterpretaciones cinematográficas).

Cuando se lo comenté, Elías no dijo nada, pero unas horas más tarde, mientras yo comparaba la versión literaria y audiovisual de El hombre en el castillo, me preguntó si había leído Estados Unidos de Japón, de Peter Tieryas (United States of Japan, Angry Robot, 2016).[1] Yo le confesé que todavía no y él me recomendó que lo hiciera pronto: «Respecto a lo que decías de las variaciones, me encantará leer cómo vinculas las tres cosas».

Así que leí la novela… y me encontré con un ejemplo mucho más claro que el que había elegido para introducir el tema de las variaciones y la elección del enfoque.

Gracias, Elías, por tu consejo.

 

El original

Nadie discute a estas alturas que El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, es un clásico; una ucronía tan polifacética que ha dado pie a infinidad de interpretaciones. Sin embargo, a los efectos de este artículo, solo me interesa destacar sus temas centrales —junto con algunos elementos de la historia— para luego exponer el enfoque que Dick eligió profundizar.

Dos de los temas centrales del libro son evidentes: la descripción de un Tercer Reich y de un Imperio japonés victoriosos. El tercero —aun estando presente desde los «Reconocimientos» iniciales— no lo es tanto: el empleo del azar como motor de la trama, ya sea a nivel argumental (la mayoría de las interacciones entre personajes no son intencionadas, sino azarosas) como metodológico (Dick empleó el I Ching para tomar decisiones a la hora de desarrollar la trama).

Teniendo en cuenta estos temas (y que las tres obras que voy a analizar se desarrollan en el mismo escenario: una América del Norte dividida, en la que la costa oeste ha sido conquistada por el Imperio del Japón y la costa este por el Tercer Reich) primero mostraré un par de variaciones sobre elementos comunes y luego cómo cada obra elige profundizar en un tema distinto de entre los tres mencionados.

 

Estados Unidos de Japón 1
Fotografía realizada por Alex Knight y publicada en Unsplash.

 

Variaciones en el modo de reflejar la realidad alternativa

Empecemos por la variación más evidente. Las tres ucronías contienen fragmentos de una realidad alternativa (no exactamente la nuestra, pero muy semejante) expresados por medio de representaciones artísticas y espirituales.

En el caso de la novela de Dick, la representación artística es otra novela —La langosta se ha posado— y la espiritual, el viaje místico de Tagomi. En el caso de la serie, la representación artística es un conjunto de películas —rotuladas también La langosta se ha posado— y la espiritual es, de nuevo, el viaje místico de Tagomi. Por último, en Estados Unidos de Japón, la representación artística es un videojuego —Estados Unidos de América— y la espiritual es… la inmersión en dicho videojuego.

Porque lo más interesante de esta variación no es el formato que elige cada obra para representar la realidad alternativa sino el modo en que dicha realidad alternativa interactúa con los personajes.

La novela dentro de la novela sugiere una historia alternativa a la historia alternativa, pero no se proyecta hacia el futuro ni interpela directamente a los personajes, como sí hacen las películas expuestas en la serie. Ese diálogo entre las dos realidades lleva a ciertos personajes a la acción y es crucial, como veremos más adelante, para el enfoque que la serie ha elegido darle a la historia.

Por último, el videojuego expuesto en la novela de Tieryas es una experiencia virtual y, por tanto, presupone inmersión, involucramiento. Acercarse a esa realidad alternativa implica ingresar en ella, tomar parte en el proceso mismo de creación de esa realidad.

 

Variaciones en la personalidad de Frank Frink

El Frank Frink de la novela de Dick es, ante todo, un sobreviviente, un judío americano que tuvo que huir de Nueva York para salvar la vida. Sin embargo, en el personaje también se intuye cierta fuerza interior (un atisbo de rebeldía) que contiene de forma consciente para pasar desapercibido. Incluso así, el Frink de la novela es una víctima, un personaje pasivo que se salva de forma indirecta.

El Frink de la serie es, al principio, igual al de la novela. Su fuerza interior solo se intuye. Sin embargo, en esa versión él no es la única víctima, también lo son otras personas cercanas. Eso hace que tras los primeros capítulos emerja su rebeldía. En la serie, este proceso tiene lugar al mismo tiempo que se desarrollan los hechos y, como resultado, contemplamos a un personaje impulsivo, al que le cuesta focalizar su rabia.

Aunque Estados Unidos de Japón comparte escenario con El hombre en el castillo, sus personajes son distintos. Sin embargo, su personaje principal es un trasunto (o, mejor dicho, una evolución) de Frank Frink. Es difícil describirlo sin hacer spoilers, pero la clave de su variación radica en que la experiencia de la que él y otras personas fueron víctimas —la experiencia que lo transformó— tuvo lugar mucho tiempo atrás y, por lo tanto, su gestión de la rabia es reflexiva, su rebeldía, meditada.

 

Estados Unidos de Japón 2
Fotografía realizada por Alex Knight y publicada en Unsplash.

 

El hombre en el castillo, de Philip K. Dick: la esencia del Tercer Reich

Hasta aquí hemos analizado las variaciones. Centrémonos ahora en el enfoque.

Al principio expuse los tres temas centrales desarrollados por Dick; sin embargo, incluso él eligió enfocarse en uno de ellos. Basta con leer los «Reconocimientos» para darse cuenta de que, en lo relativo a la documentación, Dick centró sus esfuerzos en descubrir la esencia del nazismo. Y el resultado, a mi entender, es una de sus descripciones más lúcidas:

«Eran crueles sin sentido, cierto, pero había algo más. ¿No veían la totalidad de lo real? (…)

El punto de vista de esas gentes era cósmico. No un hombre aquí, un niño allá, sino una abstracción, la raza, la tierra. Volk. Land. Blut. Ehre. No un hombre honrado sino el Ehre mismo, el honor. Lo abstracto era para ellos lo real, y lo real era para ellos invisible. Die Güte, pero no un hombre bueno, o este hombre bueno. Ese sentido que tenían del espacio y del tiempo. Veían a través del aquí y el ahora el vasto abismo negro, lo inmutable. Y eso era fatal para la vida, pues eventualmente la vida desaparece. (…) El proceso cósmico se apresura, aplastando la vida y transformándola en granito y metano. La rueda gira y todo es temporal. Y ellos —estos locos— responden al granito, el polvo, anhelando lo inanimado. Quieren ayudar a la Natur».

Esta definición debería agregarse a los libros de historia, no vaya a ser que, por olvidarla, nos condenemos a repetirla.

 

El hombre en el castillo, la serie: el empleo del azar como motor de la trama

(Una aclaración previa: el análisis de este apartado se basa en las dos primeras temporadas de la serie, las cuales conforman un arco argumental cerrado en sí mismo.)

Tras el cierre en falso de Lost, los espectadores solemos experimentar emociones ambiguas cuando una serie dispara decenas de señuelos y tramas inconexas en su primera temporada: por una parte, semejante despliegue sin duda nos engancha; pero, por otra, tememos que esas subtramas no respondan a un plan, sino a una «huida hacia delante» de los guionistas.

En principio, en una historia en la que el azar es tan importante, esa desconexión (esa «aleatoriedad» con la que derivan ciertos personajes) resulta comprensible. Sin embargo, lo más destacable en este caso es (una vez más) el modo en que las dos primeras temporadas enfocan el tema del azar. Su abordaje no solo es coherente con el «espíritu» de la novela de Dick, sino que lleva su reflexión mucho más lejos.

En primer lugar, porque, dado que la realidad alternativa expuesta en las películas contiene versiones alternativas de los personajes, estas inciden en sus acciones, lo que introduce una interesante reflexión sobre el determinismo y el libre albedrío en un contexto dominado por el azar.

Y, en segundo término, porque a diferencia de la novela, en la serie todos los personajes tienen roles activos: no son arrastrados por las circunstancias, sino que las provocan.

No puedo entrar en detalles sin desvelar elementos de la trama, pero sí puedo decir que, a mi gusto, el cierre de la segunda temporada es brillante.

Dejo que seas tú quien decida si formó parte de un proyecto o fue fruto del azar.

 

El hombre en el castillo 2
Fotografía realizada por Alex Knight y publicada en Unsplash.

 

Estados Unidos de Japón, de Peter Tieryas: la esencia del Imperio japonés

A diferencia de lo que ocurre con el nazismo, las características que definieron al Imperio japonés son poco conocidas. Uno de los textos que mejor las describe se encuentra en el ensayo 21 lecciones para el siglo XXI, de Yuval Noah Harari:

«En 1853, una flota norteamericana obligó a Japón a abrirse al mundo moderno. En respuesta, el Estado japonés se embarcó en un proceso rápido y muy exitoso de modernización. Al cabo de pocas décadas, se convirtió en un poderoso estado burocrático que se basó en las ciencias, el capitalismo y la tecnología militar más puntera (…). Pero Japón (…) estaba rotundamente decidido a proteger su identidad única y a asegurar que los japoneses modernos fueran leales a Japón (…). A tal fin, mantuvo la religión nativa del sintoísmo como piedra angular de la identidad japonesa. En realidad, el Estado japonés reinventó el sintoísmo. (…) Este “sintoísmo de Estado” se fusionó con ideas muy modernas de “nacionalidad” y “raza” que la élite tomó prestada de los imperialistas europeos. (…) Para rematarlo, el “sintoísmo de Estado” consagró como su principio supremo la adoración al emperador japonés, considerado descendiente directo de la diosa solar Amaterasu, y él mismo no menos que un dios viviente».

Este es el imperio que Peter Tieryas lleva hasta la hipérbole para mostrarnos su esencia. Y, al igual que Dick en su novela, consigue describirla con gran lucidez:

«—Casi todas las religiones intentan aniquilar las anteriores, aunque hayan contraído una deuda ideológica con ellas. El sintoísmo es una de las pocas que aceptan la simbiosis.

—¿Compara el sintoísmo con un virus?

—Un virus civilizado. Por eso absorbimos el budismo, y por eso incorporamos aspectos del cristianismo al colonizar esta zona. (…) Nuestros científicos emplean bacteriófagos para atacar bacterias mortales y protegernos de sus efectos.

—¿Y si un bacteriófago escapa al control de los científicos y los ataca a ellos?

—Entonces, los científicos mueren».

La novela es un dantesco catálogo de las inevitables «perdidas de control» (traducidas en excesos, incoherencias y derivas orwelianas) de un régimen basado en la deificación de una persona… Un régimen que fagocita a sus miembros con tal de perpetuarse, como si se tratara de un sacrificio ritual.

 

Cuando la originalidad reside en el enfoque

Las tres obras que acabo de analizar —cada cual a su modo— son excelentes ejemplos de las posibilidades de la ciencia ficción.

Aunque la serie y la novela de Tieryas recuperen el escenario del clásico de Dick, ambas aportan elementos que enriquecen la idea inicial.

Tanto una como otra han elegido centrar sus esfuerzos en renovar el enfoque. La temática en los tres casos es la misma, pero el resultado, como hemos visto, es claramente original… Porque es en el enfoque donde radica el mérito de las variaciones sobre un mismo tema.

 

El hombre en el castillo 3
Fotografía realizada por Alex Knight y publicada en Unsplash.

 

NOTAS:La foto de cabecera es un collage a partir de una imagen de Janko Ferlič publicada en Unsplash.

[1]Ed. Cast.: Tieryas, Peter, Estados Unidos de Japón, Ediciones B, Barcelona, 2016 (tr.: Natalia Cervera [J. Heisenberg]).

 

 

 

 

2 Replies to “El hombre en el castillo / Estados Unidos de Japón: Variaciones sobre el mismo tema

    • Hola, Cayetano. Muchas gracias por pasarte por aquí. Obviamente, cada lector es distinto y muchas veces las novelas no son lo que imaginamos. En mi caso me ha parecido excelente por las razones que he expuesto en el artículo, pero la novela en más introspectiva de lo que da a entender la portada y eso puede generar falsas expectativas. Te mando un abrazo.

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