El ensayo que estás leyendo tuvo su origen en una traición.

Hace cinco años, yo vivía en NeoMadrid y creía tenerlo todo. Tenía un trabajo que me satisfacía, tenía una cierta reputación como historiador, tenía un piso que parecía confortable y una relación en persona con la mujer que amaba…

Pero la estabilidad resultó tan difusa como la realidad que creía habitar.

En este capítulo hablaré de los motivos que me han traído hasta aquí y en el siguiente de la razón por la que he sido yo, y no mi predecesor, quien ha terminado escribiendo este trabajo (que sin duda le pertenece más que a mí).

Sin embargo, mi intención no es convertir estas últimas páginas en una confesión personal. Seguiré exponiendo los datos de los que dispongo —como he venido haciendo hasta ahora—, solo que, esta vez, para comprender algunos hechos deberé exponer mi vida. El resultado será un texto híbrido: un ensayo demasiado personal, o un relato demasiado documentado.

Pero no se me ocurre otra forma de cerrar esta historia.

 

Historia de una traición 1

 

22.01_ Sistemas de traducción automática

He escrito «relación en persona» a propósito, para despertar tu extrañeza.

Si vives fuera de la Alianza te resultará extraña la expresión en sí, y si eres un ciudadano te sorprenderá que haya puesto en cursiva una expresión de uso común.

Es verdad que es de uso común (aunque cada vez menos), pero lo he hecho porque tras esa expresión se esconden dos características de la sociedad de la Alianza: el sistema de traducción automática de voz y las relaciones virtuales.

Empecemos por la traducción automática y los idiomas estándar.

Los sistemas de traducción automática no son ninguna novedad. La traducción automática de textos experimentó un desarrollo notable en la década del diez. Y si bien la traducción automática de voz (antes llamada «interpretación automática») experimentó un desarrollo más lento, a finales de aquella década ya habían surgido dispositivos inalámbricos de traducción simultánea.

No eran lo suficientemente avanzados como para estandarizarlos (recordemos que uno de los motivos por los que las REC comenzaron su actuación en el ámbito local fue, precisamente, la falta de buenos traductores automáticos), pero sí para confiar en que, en poco tiempo, las barreras idiomáticas empezaran a quebrase.

Luego vino el Incidente de 2024, y la Década Oscura, y el Colapso, y la utopía de deshacer Babel se olvidó…

 

22.02_ Idiomas estándar

… Hasta que en 2046 se desarrollaron los ordenadores cuánticos.

Su nueva potencia de cálculo, sumada a los sistemas ya existentes de autocorrección, al aprendizaje automático por inteligencia artificial y a la nueva red global (establecida en la década del cincuenta), permitió que SOON —el sistema operativo del ordenador neuronal— incluyera un traductor automático de voz plenamente operativo.

De hecho, lo que sorprendió a muchos usuarios (y a mi antecesor en esta investigación, que antes de dedicarse a la historia fue un notable ingeniero de sistemas) es que se hayan tenido que reducir los idiomas a un vocabulario «estándar» de alrededor de mil palabras para poder «resolver» el problema de la traducción simultánea.

A la larga, el sistema de traducción automática de los ordenadores neuronales resultó ser un regalo envenenado (algo que solo comprendí cuando salí de la Alianza).

Como dije más arriba, cada idioma estándar contiene unas mil palabras, así que para comunicarte con un ciudadano que habla otro idioma debes restringirte a manejar ese vocabulario.

Evidentemente, cuando hablas con un ciudadano en tu misma lengua, el sistema de traducción automática no se activa, sin embargo, en las redes sociales de inmersión y en las ExSub —es decir, en los entornos virtuales— cohabitas con usuarios que hablan distintas lenguas y, por tanto, no tienes más opción que emplear esos idiomas.

Incluso en las ciudades muchos de los transeúntes suelen ser turistas en pleno viaje relámpago, así que solo puedes comunicarte empleando el idioma estándar.

Como resultado, en las últimas décadas todos hemos perdido vocabulario. En especial los ciudadanos nacidos tras la Estandarización. El sistema de educación personalizada no les enseña otra cosa que su idioma estándar, y los adultos que los tutelan —tanto en las guarderías como en los institutos infantiles— tienen la prerrogativa de limitarse a esos términos.

 

Historia de una traición 2

 

22.03_ Personalmente/en persona

La segunda característica de la sociedad de la Alianza que expone la frase «relación en persona» es la equivalencia existente entre las relaciones virtuales y las físicas (con una clara preferencia por las primeras en el ámbito sexual).

Resulta interesante que en unos idiomas reducidos a mil palabras existan dos expresiones distintas para referirse a los contactos personales: se dice que conoces a alguien «en persona» cuando entras en contacto con el ciudadano de carne y hueso, y «personalmente» cuando entras en contacto con su avatar.

Lo cierto es que la mayoría de las relaciones personales se desarrollan en el ámbito virtual. Sobre todo, en las generaciones nacidas tras la estandarización, para las cuales la realidad virtual es equivalente a la real.

En una entrevista a Ezequiel Larocca de principios abril de 2084 el mayor exponente del «verismo urbano» describe su tendencia de la siguiente manera:

«Para el verismo urbano la vida se desarrolla en dos mundos. Cuando viajamos a otras ciudades, cuando entramos en ExSub, o en redes sociales de inmersión, habitamos el mundo virtual… Allí lo auténtico es utilizar avatares, porque en el mundo virtual somosavatares. Pero cuando paseamos por nuestra ciudad, cuando hacemos las compras, lo que estamos habitando es el mundo real. Y en el mundo real lo auténtico es mostrarse en persona, porque en el mundo real somospersonas. Esa es la base del verismo urbano».

Curiosamente, cuando en la misma entrevista se le pregunta sobre las «relaciones físicas» su respuesta es bastante más ambigua:

P:¿Y qué opinas de las relaciones físicas?

E.L.:El verismo urbano busca lo auténtico. Y lo auténtico es que los habitantes de una misma ciudad se vinculen en persona.

P:¿También en el terreno sexual?

E.L.:El sexo es solo una forma de vincularse. Como enviar un mensaje por Telépata, o caminar junto a otros por la ciudad. El sexo, si quieres, es el vínculo más estrecho, y mientras dos o más personas quieran mantenerlo lo mantendrán; sin que sea necesario que vivan juntas, ni que se prometan fidelidad. Eso que tu generación llama «pareja» para nosotros es un anacronismo. ¿Quién entra, a estas alturas, en RSI de su propia ciudad? La mayoría de las personas con las que practicamos sexo pertenecen a otras ciudades.

P:¿Y si pertenecieran a la misma?

E.L.:Si dos personas de una misma ciudad quieren tener sexo físico, o incluso cohabitar, ¿quién puede impedírselo? Son libres de hacerlo. En mi caso debo admitir que he tenido un par de experiencias y me han resultado poco… higiénicas, pero sobre gustos no hay nada escrito.

A estas alturas, lo que más llama la atención en la Alianza sobre la frase «relación en persona» es el hecho de que lo sean. Como bien dice Larocca, apenas existen parejas que «cohabiten» en la realidad material. La mayoría de los ciudadanos de la Alianza han optado por las relaciones virtuales, en especial desde que la gestación se desarrolla en úteros artificiales y la crianza de los niños se ha convertido en una profesión.

 

22.04_ Mi educación personalizada

A día de hoy no sabría decir si mi pasión por el estudio de la historia es una verdadera vocación —algo que formaba parte de mi persona y que la educación personalizada se encargó de incentivar— o si ha sido inducida por mis maestros virtuales. Pero hasta mi salida de NeoMadrid, nunca me lo había cuestionado.

El primer recuerdo que tengo de mi vínculo con la historia es una frustración, por lo que supongo que algo debió haber en mí desde el principio.

A diferencia de otros niños que nacieron en Picos de Europa, yo siempre quise saber qué había sucedido, cómo habíamos llegado hasta allí. Y cuando se lo preguntaba a mis profesores virtuales, estos me decían que para poder analizar nuestro siglo con la necesaria perspectiva debería esperar a que pasara algún tiempo, y me regalaban largas charlas sobre historia antigua.

Siempre he sido un alumno aplicado (y vergonzosamente crédulo), así que me apliqué a fondo… Y debido al interés que mostré por la historia antigua (supongo) los programas de evaluación me otorgaron uno de los escasísimos cupos de historiador.

El resto fue cuestión de suerte. El grado virtual fue una prolongación de mi aprendizaje infantil; me bastó con aplicarme en el estudio y demostrar que sabía repetir la información que me daban. Claro que la historia de nuestro siglo seguía estando ausente.

Cuando terminé el grado, me hicieron trabajar a las órdenes de otro historiador. Era la primera vez que hablaba de historia en persona y admito que durante un tiempo estuve reticente. Temía que estuviera evaluando mi compromiso cívico. Que quisiera saber hasta qué punto mis investigaciones se iban a adaptar al statu quo.

Luego supe que él había experimentado el mismo resquemor. Debido a eso, pasó cerca de un año antes de que me atreviera a confesarle que mi verdadero interés era la historia contemporánea y que, de hecho, las escasas investigaciones que había desarrollado hasta entonces me habían sugerido una interesante línea de acción.

 

Historia de una traición 3

 

22.05_ El cinturón de Centrales

La razón de ser de NeoMadrid es la energía. El bosque de U-Panel del desierto de Iberia abastece de electricidad a todo la Unión y NeoMadrid es su punto de recogida, control y distribución.

Todo lo relacionado con la gestión de la energía se concentra en el cinturón de Centrales, un anillo que (supuestamente) rodea la ciudad y que en última instancia es el motivo de su construcción.

La función de NeoMadrid es tan evidente para sus ciudadanos que incluso existe una división de clase entre los trabajadores que se dedican al mantenimiento de la ciudad y los que se dedican al mantenimiento de la red energética. Sin los primeros, NeoMadrid no sería habitable, pero el prestigio lo ostentan los segundos. Y como solo pueden acceder al cinturón de Centrales los que trabajan allí, el ingreso, en sí mismo, es un símbolo de estatus.

Quizás fue mi deseo de acceder lo que motivó mi investigación, pero lo cierto es que en mi primer año de investigación encontré indicios más que fiables de que algunos túneles de metro de la antigua Madrid estaban conectados al cinturón de Centrales… O, al menos, lo habían estado durante su construcción. No eran pruebas fehacientes, pero, si tenía razón, demostraría que la red de metro de Madrid era mucho más extensa de lo que sugerían los planos.

(Mucho después supe que también podía significar otra cosa, pero en aquel entonces ni siquiera era capaz de imaginarla).

 

22.06_ M

Me costó mucho menos de lo que había esperado convencer a mi jefe para que me permitiera investigarlo. La conversación en la que le expuse mi teoría supuso para él un doble alivio: por una parte, le confirmó que no había sido enviado para controlarlo y, por otra, le animó a pensar que alguien podría continuar su trabajo. Así que, cuando recopilé la información suficiente —y definí una serie de lugares donde buscar las conexiones con el metro—, se encargó de gestionarme un pase de día. (Un privilegio que ni siquiera los periodistas podían ostentar).

En la estación de magle del cinturón me esperaba una mujer. (La llamaré M para no facilitarle el trabajo de los Controladores, si esto cae en sus manos).

Empezamos con mal pie: a mí no me hacía gracia que me hubieran asignado una chaperona y a ella le fastidiaba que mi visita le quitara tiempo de sus otras tareas.

Me dijo que le habían asignado acompañarme porque era una de las técnicas que mejor conocía los túneles… y me aseguró (antes incluso de que dejáramos la estación) que, si bien conocía las «leyendas» sobre las «conexiones secretas» con los túneles de metro, en los años que trabajaba allí, nunca había visto ninguna.

Recuerdo que le dije que hoy iba a tener el «honor» de verlas conmigo. Y ella, tras echarme una mirada divertida, me dijo que quien estaba teniendo el «honor» de que lo pasearan era yo, así que lo mejor que podía hacer era disfrutar de la vista.

Me pidió que le dijera a dónde quería ir y yo le envié un archivo de datos a su ON. M revisó el mapa, frunció el ceño y negó con la cabeza. «Allí no hay nada». «Vamos a verlo, de todas formas». Así que fuimos y, en efecto, no había nada.

Le envié un segundo archivo de datos, ella lo revisó, frunció el ceño y negó con la cabeza. «Allí no hay nada», pero fuimos de todas formas.

Conforme la rutina se repetía, su sonrisa se empezó a estirar. Supongo que le divertía mi obstinación metódica con sitios que ella conocía de memoria. No sé si se compadeció de mí, o si mi «deportividad» le cayó simpática, pero tras el cuarto o quinto intento fallido empezó a preguntarme por mi trabajo.

Es probable que en otras circunstancias hubiese sido más reservado (sabía que mi investigación se hallaba al límite de lo aceptable), pero su extroversión me tiró de la lengua. Me apetecía hablar con ella, contarle lo que estaba haciendo, explicarle las cosas que me apasionaban… y (aunque no me atreviera a pedírselo) quería que ella me hablara de las suyas.

Al final de aquel día (tras quince expediciones frustradas), M me propuso que nos reuniéramos dentro de una semana en un Centro Comercial de NeoMadrid. Me dijo que durante ese tiempo les preguntaría a sus colegas sobre otras «conexiones secretas» para que al menos pudiera agregarlas a mi colección de «leyendas».

Aquella fue nuestra primera cita.

Pero no la última.

Como dice el dicho: «quien se conoce en persona, se relaciona en persona».

 

Historia de una traición 4

 

22.07_ últimos meses en NeoMadrid

Conocí a M en julio de 2081.

En diciembre de aquel año, nos inscribimos en el registro de parejas físicas (un trámite que incluye la aceptación de un tratamiento anticonceptivo y el intercambio de nuestros dos pisos por uno más grande).

A partir de ese momento y durante casi tres años tuve todo lo que anhelaba.

Cada tanto, M me traía del cinturón alguna nueva «leyenda» para agregar a mi trabajo, sin embargo, dado que ella quien comprobaba in situ si había algún acceso, no volví a ingresar al cinturón. De hecho, con el paso de los meses mi investigación se atascó.

El temor a arruinar mi carrera me llevó a publicar decenas de artículos sobre otros temas y a dedicarle cada vez menos tiempo a los túneles del metro de Madrid. Afortunadamente, un par de trabajos sobre los meses finales de la Yihad del 55 fueron muy bien acogidos, y eso me brindó cierto prestigio entre mis colegas.

Algo es algo.

En marzo de 2084 se abrieron, casi a la vez, dos nuevas líneas de investigación.

Por una parte, el ensayo titulado La conspiración Libro Azul, de Ausías Levi, sugería la existencia de terroristas infiltrados en las principales ciudades de la Alianza. Y si bien esa idea me pareció tan «legendaria» como las «conexiones secretas» con los túneles de metro, la historia de Última Frontera —la amenaza más importante con la que ha tenido que lidiar la Alianza desde la Yihad del 55— sí que era un tema digno de ser investigado y del que hasta entonces se había escrito muy poco.

El segundo tema era el desarrollo natural de la noticia más importante del año: en marzo se anunció que, a mediados del mes siguiente, comenzaría la estandarización de nanorobot médicos entre los ciudadanos de la Alianza.

La Segunda Estandarización (como se la terminó llamando) pedía a gritos una historia detallada del diseño de los nanorobot médicos (NRM). Una investigación que, además, contaría con el beneplácito de la Alianza, la cual facilitaría cualquier entrevista o documento que le solicitara.

 

22.08_ El pasaje

Me hallaba en esa disyuntiva cuando, el 20 de junio, M llegó a casa con una noticia extraordinaria. ¡Lo había encontrado! Había encontrado el pasaje. Un colega le había dado unas coordenadas que resultaron ser ciertas. ¡La conexión con los túneles de metro existía!

Me dijo que tenía que gestionar mi acceso a los túneles cuanto antes. Que debía comunicarme ya mismo con mi jefe y obtener un pase para el viernes. Ese día le tocaba el turno de madrugada, así que, si estaba en el cinturón a las ocho, podría llevarme al pasaje en cuanto saliera… Y deseaba hacerlo.

Estaba tan eufórica que no fui capaz de distinguir su alegría de su nerviosismo. Pensé que estaba disfrutando de nuestro éxito. Al fin y al cabo, aquel había sido el tema que nos había unido; era lógico que lo viviera como un proyecto común, como una confirmación de que íbamos por buen camino.

Sea como sea, M logró contagiarme su vitalidad (era una de las cosas que amaba de ella). Al día siguiente moví cielo y tierra, con tal de obtener un pase para viernes, y a las ocho de la mañana del 22 de junio la esperé en la misma estación de maglev en la que nos habíamos conocido.

De camino al pasaje (un recorrido que no describiré por razones obvias), apenas hablamos. Por segunda vez, confundí su nerviosismo con la euforia y me dejé llevar.

Tras veinte minutos, M se detuvo frente a un pasaje anodino, tan repleto de ductos y ramales como aquellos que habíamos transitado.

«Es aquí» me dijo, como si con eso bastara para que viera el pasaje.

Estaba empezando a preocuparme por ella cuando la pared se desgarró. Un rectángulo perfecto se deslizó hacia un lado dejando a la vista la red de metro de Madrid. Fue tal mi asombro que me quedé petrificado.

M se introdujo en el túnel y se volvió hacia donde estaba. Recuerdo sus palabras porque repitieron literalmente lo que yo estaba pensando.

—Seguro que aquí tienes material suficiente para escribir un libro. Vas a ser el historiador más popular de NeoMadrid, cariño… ¿Y bien? ¿Me acompañas o no?

Solo entonces comprendí que no me había movido.

—Eh…, sí, te acompaño. Claro. —Empecé a andar hacia la red de metro—. Esto es… impresionante. ¿Cómo has…?

Pero no pude terminar la frase porque, en ese momento, su traición cayó sobre mí.

 

Historia de una traición 5

 

NOTA:La foto de cabecera es un collage en base a una fotografía de Ant Rosetsky publicada en Unsplash. Las fotos interiores, en orden de aparición, pertenecen a Dwayne Paisley-Marshall, Darren Coleshill, Dominik Martin, Serge Kutuzov y Ialesh Aldarwish. Todas han sido publicadas en Unsplash salvo la última, que ha sido publicada en Pexels.

 

 

 

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